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Juana Azurduy De Padilla

Juana Azurduy De Padilla



En las cercanías de Chuquisaca (La Plata) nació Juana Azurduy, el 12 de julio de 1780, sus padres fueron un hombre de dudoso linaje español don Matías Azurduy y una madre indígena, doña Eulalia Bermúdez. Juana tuvo una hermana menor llamada Rosalía, en vista de que en esos tiempos no había escuela para las niñas, el aprendizaje de las primeras letras y el cálculo lo hacían en el hogar con algún maestro particular, la doctrina cristiana la aprendían en la parroquia.

Juana fue marcada por un sino trágico que la perseguiría toda su vida, que la condenara a la despiadada pérdida de sus seres más queridos, su madre murió súbitamente cuando ella tenía siete años, al poco tiempo falleció don Matías, también en forma violenta; por la prematura muerte de sus padres, le siguió una difícil relación con sus tíos Petrona Azurduy y Francisco Díaz Valle, quienes tomaron la decisión que la sobrina ingresara en un convento para hacerse monja, para ser expulsada posteriormente.

Otra vez en Toroca, Juana se une a Manuel Ascencio Padilla, tuvo cuatro hijos que llevaba consigo en las batallas en las que participó junto a Manuel. En el mes de marzo de 1814, Juana y Manuel vencieron a los realistas en varias batallas y en espera de un contraataque, las tropas revolucionarias tuvieron que dividirse, Manuel se encaminó hacia La Laguna y Juana se internó con sus cuatro hijos pequeños y un grupo de guerrilleros en un refugio cercano al río, en el valle de Segura, provincia de Tomina; lugar al que los españoles llegaron, iniciándose una batalla cruel y dolorosa, a raíz de la cual, Juana tuvo que escapar ocultándose en el monte desconocido, donde se enfermaron cada uno de sus cuatro hijos, allí murieron Manuel y Mariano; posteriormente en el refugio del Valle de Segura fallecieron sus dos hijas: Juliana y Mercedes, de paludismo y disentería.

Juana estuvo nuevamente embarazada, cuando se presentó el combate el 2 de agosto de 1814, Juana dio a luz a su hija Luisa Padilla en las orillas del Río Grande, cuando se inició el ataque realista, los traidores al mando de Loayza complotaron y arremetieron contra la Teniente Coronela, que se alzó frente a ellos con su hija en brazos y la espada obsequiada por el General Belgrano, tendida hacia adelante en ademán de ataque con su espada, le arrancó la cabeza a Loayza de un solo sablazo de derecha, montó a caballo con la pequeña Luisa en brazos y juntas se zambulleron en el río, logrando llegar con vida a la otra orilla.

El torbellino de estímulos desencadenados por la lucha de la independencia, lanzó a la esposa y madre junto a su esposo, al vendaval de las batallas: Tarvita, El Salto, Quila Quila, Potolo, Aiquile, Las Cañadas, Presto, Las Carameras (cerca de Camargo), La Laguna y El Villar. La gesta insurgente acometida en territorio de Charcas, concluyó a la muerte de Padilla, el 14 de septiembre de 1816 constituye el epílogo sangriento de El Villar. Manuel Ascencio Padilla fue nombrado Coronel del ejército argentino del norte cuando su cabeza estaba ya clavada en una pica.

Por esta acción en la batalla de El Villar, el de arrebatar la enseña del reino de España que llevaba los lauros de los triunfos realistas en Puno, Cuzco, Arequipa y La Paz en 1816, Juana Azurduy fue ascendida por el General Manuel Belgrano al grado de Teniente Coronel del Ejército Argentino, luego de haber ganado 33 batallas, fue reconocida por Bolívar quien le concedió una pensión, la misma que a los dos años fue incumplida e ignorada por las autoridades.

Luego del asesinato de su esposo y de varios de los principales jefes guerrilleros, Juana se trasladó a Salta combatió junto a Manuel Güemes, quien la protegió y le dio el lugar correspondiente, después del asesinato de Güemes en 1821, Juana entró en una profunda depresión, se vio reducida a la pobreza. El Mariscal Sucre le otorgó una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares.

De retorno de Salta doña Juana vivió casi cuarenta años más, junto a la familia de su hermana Rosalía, acompañada de su hija Luisa, su fuerte organismo, sometido a pruebas durísimas durante la guerra y el exilio, la mantuvo activa hasta el final, ocupaba una modesta habitación en el amplio patio empedrado de una casa de bajos en la tercera cuadra de la actual calle España Nº 220.

El 25 de mayo de 1862 a la edad de 81 años, murió la heroína de las republiquetas, envuelta en los harapos de la estrechez y la miseria más completa, su entierro fue humilde, demasiado humilde: cuatro a seis personas acompañaron el ataúd al Cementerio General, donde fueron inhumados sus restos…”.

En 1962, centenario de su muerte, a sugerencia de Joaquín Gantier y siguiendo las indicaciones dejadas por Indalecio Sandi, que fue el niño que acompañó en sus últimos días a la guerrillera, se extrajeron los restos humanos que se supone pertenecen a Juana Azurduy, ahora ellos se conservan en una urna depositada en la Casa de la Libertad.

Con motivo de conmemorar el Sesquicentenario de Creación de la República de Bolivia en el año de 1975, el Supremo Gobierno de la Nación al inaugurar el aeropuerto de Sucre, a través de un Decreto Ley dispuso la nominación del mismo como “Juana Azurduy de Padilla”.

El 25 de abril de 1996, el Jefe del Estado Mayor del Ejército Argentino dispuso la designación del Regimiento de Infantería de Monte 28 con el nombre de “Teniente Coronel Juana Azurduy de Padilla”.

En marzo de 2010, la Presidenta argentina personalmente entregó el sable y las insignias de general del Ejército Argentino ante sus restos, resguardados en la Casa de la Libertad, en Sucre.

En noviembre de 2009, el Senado la ascendió póstumamente al grado de Mariscal de la República, declarándola “Libertadora de Bolivia”, en base a las acciones de patriotismo demostradas en bien de la independencia del país.

Juana Azurduy de Padilla fue la primera mujer boliviana ascendida al máximo grado militar en la categoría de oficiales. El 6 de agosto de 2011, la Asamblea Plurinacional en la Casa de la Libertad, Sucre, le otorgó el grado póstumo de “Mariscala del Estado Plurinacional de Bolivia” en conmemoración de los 186 años de la emancipación libertaria y el presidente Evo Morales posesionó los grados y el sable de Mariscala del Estado Plurinacional, al pie de sus restos en testimonio de gratitud por su heroica participación en la lucha de la independencia en la guerra contra el imperio español.

Con su nombre se han bautizado plazas, calles, escuelas y provincias en Bolivia, Argentina y otros países de América.

Úrsula Goyzueta

Esta célebre patriota nació en La Paz, el 20 de octubre de 1787, hija de Don Bautista Goyzueta y de Doña Incolaza León Garicano, dama distinguida social y económicamente hizo; sin embargo, tuvo un desigual matrimonio tomando como esposo a Eugenio Choque Callata. Fue la compañera inseparable de Doña Vicenta Juariste de Eguino, compartió las fatigas y trabajos que demandaba la causa soñada por ellas, la “libertad”. En los momentos de la derrota sufrida en el año 1811, les cupo buscar el camino de los parajes escondidos, cuando perseguidas por Goyeneche, se retiraron a Sapahaqui, junto a la Eguino, estuvo en el encuentro de los indios sublevados que se dirigían a Caracato con la intención de pasar a degüello a las familias que se habían refugiado en ese sitio.

En 1814, cuando Valde Hoyos se alistó para defender la ciudad del ataque dirigido por los patriotas Pinelo y Muñecas, ella desafiando la oscuridad de la noche y poniendo en peligro su vida, se dirigió al encuentro de Pinelo, que acampaba en Munaypata y le puso en conocimiento el plan de la defensa; luego de haber cumplido su cometido, regresó a la ciudad y encabezando un grupo de cholos bien armados, se dirigió a Santa Bárbara, posesionándose en un sitio estratégico y en compañía de otra mujer de ese temple, llamada Ramona Sinosaín, dispararon los fuegos de un cañón contra las tropas realistas, con lo que lograron la victoria de los patriotas. No fue esta su única actuación, el 28 de septiembre actuó del mismo modo, cuando Valde Hoyos y las otras autoridades fueron sacadas del Cabildo, víctimas de la indignación popular y en un acto de vindicta pública fueron ultimados y arrastrados sus cadáveres por las calles de la ciudad.

En 1816, cuando Ricafort el sanguinario gobernador entraba en La Paz, con la consigna ya manifestada de no dejar en La Paz, más tesoros que lágrimas, ella fue perseguida por los soldados apodados “Los Tablas”, quienes la capturaron y la encerraron en una inmunda mazmorra, junto con Juariste Eguino y Manzaneda.

Fue juzgada y sentenciada a pagar 7.000 pesos al contado y luego ser fusilada, pero antes al ser sacada de la prisión, la despojaron de su hermosa cabellera, le quitaron sus vestidos y montada en un asno, así desnuda, la pasearon por la ciudad, arrojándole basura por el trayecto y al llegar a la plaza, en cada esquina a la vista del público le propinaban azotes, llegando a la plaza principal, la aseguraron a un poste del cuello y los brazos, dejándola desnuda para su pública exhibición hasta entrada la noche, no le dispararon porque creyeron que estaba muerta. Esta mujer toda sacrificio y honor para la Patria y especialmente para los paceños murió víctima de la pérdida de la razón el 4 de noviembre de 1854.