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  • Diario Digital | sábado, 18 de mayo de 2024
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Protagonistas mestizas del Día de la Madre

Protagonistas mestizas del Día de la Madre





Las festividades de 1926 en honor a las Heroínas también tomaron un giro inesperado, pues la inauguración del monumento se vinculó con la coronación de la primera poetisa boliviana, Adela Zamudio. (…) Aunque Zamudio fue una de las primeras feministas bolivianas, quizás la más radical de todas, en su coronación se destacaron, en especial, sus méritos en el campo de la cultura así como su brillo intelectual. (…) Puesto que la coronación desvió la atención del público -alejándola de las vendedoras mestizas representadas allá en lo alto de la histórica colina de la ciudad- el monumento pudo ser interpretado como representación de las mujeres de elite de Cochabamba, tal como sus opositores habían deseado.

A juicio de las élites de Cochabamba, la figura de las Heroínas no era representativa de la totalidad de los próceres de la gesta independentista, ni su gesta gloriosa -protagonizada solo por mujeres- podía condensar el pasado épico de la región. Sin embargo, su mayor objeción se manifestó en contra de la idea de presentar a las "indias" y "cholas" como encarnación de las tradiciones regionales o nacionales. El conflicto en torno a la estatua de las mujeres de Cochabamba no se reducía a cuestiones de género; más bien, tenía que ver con el tipo de nación que las mujeres podían representar en este contexto: una plebe mestiza supuestamente ingobernable, o una élite "civilizada", intelectual y poética.

El monumento de las Heroínas fue aprobado y develado con bombos y platillos, pero las actividades que rodearon su inauguración desviaron los ojos del público de la imagen de las vendedoras de bronce, que al final habían logrado ocupar la propia cima del sitio histórico más importante de Cochabamba. Aparte de la coronación de Adela Zamudio, la inauguración coincidió con la apertura del mercado 25 de Mayo, la mejor plaza comercial de Cochabamba, cuyo estilo moderno era atribuido a diseñadores franceses, con todo y sus mesas de mármol para los expendios de carne, y sus decoraciones de hierro forjado (Mendoza). Se impuso, pues, una suerte de acuerdo negociado. La prominente estatua de las Heroínas fue esculpida con meticulosidad a imagen de las harapientas quechuas descritas por Nataniel Aguirre en su novela "Juan de la Rosa". Sin embargo, fue colocada en un nuevo contexto balanceado, que incluía símbolos de progreso y modernidad, así como referencias a una clase social "culta". Aquellas anónimas campesinas y mestizas urbanas eran incapaces, por sí solas, de representar un motivo de inspiración para la oligarquía, pues su musa era una célebre mujer literaria, una poetisa.

PROTAGONISTAS MESTIZAS

En la década de 1940, bajo los auspicios del militar populista Gualberto Villarroel se forjó un vínculo profundo y esencial entre las vendedoras mestizas de Cochabamba, el Día de la Madre y la nación boliviana. A principios del siglo XX, en los homenajes a los héroes y heroínas más célebres de la gesta independentista en Cochabamba, tan solo se escuchaba una que otra referencia asociando sutilmente a las Heroínas del 27 de Mayo con la Madre. Después, en 1927, el gobierno boliviano emitió un decreto explícito ordenando que en las escuelas se celebrase el Día de la Madre el propio 27 de mayo. Pero no fue sino hasta 1944 cuando este “homenaje” a la Madre fue elevado a categoría de feriado nacional, por el régimen populista de Villarroel (1943-46). Asimismo, en la década de 1940 la novela “Juan de la Rosa” de Nataniel Aguirre empezó a ser incorporada al currículum de educación secundaria en Bolivia. En esta nueva época de pactos populistas, las vendedoras mestizas de la novela se convirtieron en figuras nacionales.

Procurando consolidar su precario régimen, Villarroel desplegó un abierto apoyo a la celebración del Día de la Madre y de las Heroínas (...) A través de sus acciones, así como del discurso presidencial, los populistas vincularon los derechos sociales con los conceptos de maternidad, patriotismo, honor y nación. (...)

Bajo el régimen de Villarroel, la celebración del Día de la Madre y de las Heroínas sirvió para poner en escena un mito nacionalista de integración cultural y política, arraigado en la historia escrita por Nataniel Aguirre en 1885 sobre Cochabamba, el heroísmo de las mestizas y los orígenes históricos de la nación. La función del desfile del Día de la Madre y de las Heroínas -publicitado en todo el país a través de diversos medios de comunicación- era la de inspirar lealtad hacia la patria, tanto en el plano emocional como moral. Sin embargo, Villarroel no fue el único autor de este libreto. Las vendedoras mestizas llegaron a convertirse en símbolos de la nación como resultado de la interacción entre comerciantes minoristas con metas locales, y la agenda nacional de los militares populistas, que enfrentaban desafíos políticos de la derecha como de la izquierda.

Al igual que en la década de 1920, el punto de referencia clave para esta nueva celebración del Día de la Madre fue la inmolación en combate de las vendedoras mestizas, lideradas por la abuela ciega de la novela “Juan de la Rosa”. Sin embargo, la responsabilidad de organizar el programa de la celebración cambió de manos. En la década de 1940, ya no fueron las asociaciones patrióticas de la élite las que convocaron a participar en el desfile de las Heroínas, sino las Hijas del Pueblo -una sociedad mutualista de vendedoras, que surgió como la principal portavoz del evento. Uno de los momentos culminantes de la celebración de 1944 fue la coronación de la reina de las Hijas del Pueblo, durante una verbena popular organizada en Cara-Cota, un barrio habitado por trabajadores. En 1926, una poetisa había sido coronada en las festividades en honor a las Heroínas; en contraste, la reina de las celebraciones del año 1944 fue una vendedora.

La asociación Hijas del Pueblo fue fundada en 1923 por las vendedoras del mercado Veinticinco de Mayo de Cochabamba, y agrupaba a arroceras, chifleras y mañazas -todas de origen humilde. El principal objetivo de esta organización -que se proclamaba cívica y apolítica- era brindar asistencia mutua a sus miembros y hacer obras de caridad. En la década de 1940, sobre todo, este grupo participaba activamente en los desfiles cívicos vistiendo polleras azules -el traje distintivo que adoptaron para presentarse en tales actos públicos. Sin embargo, la fundación de la asociación Hijas del Pueblo también obedeció a la necesidad de enfrentar “abusos de autoridad”. Al igual que otras organizaciones similares de La Paz, este grupo surgió cuando algunas mujeres fueron echadas de sus puestos de venta, y el valor de la renta de éstos fue incrementada. En efecto, la chispa que motivó la organización de las vendedoras de Cochabamba fue un proyecto de ordenanza municipal, presentado en 1923, en el que se proponía aumentar el canon de los puestos de venta del Mercado Central, o bien desalojar a todas las vendedoras. Los primeros esfuerzos organizativos provocaron un gran alboroto en el mercado, que desembocó en la intervención de la Policía y la detención de varias vendedoras. (...)

Villarroel brindó un amplio apoyo a las Hijas del Pueblo para organizar el desfile del Día de las Heroínas, con el interés de ganarse el respaldo de los trabajadores urbanos que integraban al movimiento laboral, pues éste era el eslabón más débil de su régimen. (...) Las celebraciones en honor a las Heroínas permitieron a Villarroel manifestar su simpatía por los trabajadores y los pobres, y al mismo tiempo identificar a las vendedoras como posibles intermediarias entre su gobierno y el movimiento laboral urbano. (...)

Los momentos culminantes de las festividades a las Heroínas, en 1944, dirigieron la atención hacia las vendedoras organizadas en la asociación Hijas del Pueblo. El evento central del programa del 27 de mayo consistió en una romería hasta la Coronilla encabezada por dicha asociación, la que se llevó a cabo en horas de la mañana, después de la “Jura de la Bandera por los Premilitares en el Monumento a Bolívar”. (...)

No obstante, a la par del desfile de las Hijas del Pueblo, siguieron circulando otras versiones sobre la batalla de 1812, en diversos artículos publicados durante la década de 1940. (...) Sin embargo, el régimen dio mayor publicidad a la versión de las Hijas del Pueblo, que otorgaba el nombre de Heroínas de las “humildes mujeres del mercado”. (...) Por otra parte, el desfile puede entenderse como una lectura oficial de la novela de Nataniel Aguirre, pues su promulgación coincidió con la incorporación de “Juan de la Rosa” al currículum de la escuela secundaria. (...)

El régimen populista aprovechó la versión de la batalla de 1812 elaborada por las Hijas del Pueblo, y la convirtió en su propio mito legitimador -símbolo de su alianza con el pueblo. Es posible que, en ese proceso, las Hijas del Pueblo de convirtieran en un brazo de la Municipalidad, contribuyendo a garantizar el orden, la higiene y la seguridad de las mujeres que tenían puestos de venta establecidos. Además, el ritual cívico era, por sí mismo, un objetivo primordial para las Hijas del Pueblo. Aunque las noticias periodísticas omitieron este hecho, en las décadas de 1960 y 1970, las autoridades locales apoyaron a las Hijas del Pueblo en su conmemoración de las Heroínas, no solo obligando a todas las vendedoras a asistir a la romería, sino también auspiciando las fiestas en el mercado. (...)

CONCLUSIÓN

Los rituales públicos -tal como el desfile de las Heroínas- no son expresiones directas de una cultura “oficial” o “popular”. Más bien, constituyen procesos desiguales, siendo a la vez espacios ambiguos y fracturados, ritos de sometimiento y de resistencia. Durante la década de 1940, el festival en homenaje a las heroínas estableció una alianza entre los populistas y las vendedoras. Las mestizas fueron ubicadas como las aliadas e intermediarias de Villarroel en la ciudad, y como un factor potencialmente unificador. Al mismo tiempo, las mestizas reivindicaron su honor y sus derechos cívicos, al ser incorporadas en el panteón nacional como una nueva fuerza política y simbólica. Por otra parte, a través de su participación en estas ceremonias públicas, las Hijas del Pueblo también fortalecieron su posición dentro del ámbito comercial de Cochabamba, que era caracterizado por una compleja estratificación social. Sin embargo, el desfile del Día de la Madre encabezado por esta asociación también perteneció a Villarroel. Las vendedoras mestizas dejaron de encarnar a las célebres mujeres proclamadas por la oligarquía como las heroínas de Cochabamba. Asimismo, dejaron de ser rebeldes, pues el desfile populista representó a las mestizas de Cochabamba como madres patrióticas, que formaban parte de la clientela leal al estado populista.

En el marco de las coaliciones multiclasistas del régimen populista, los líderes reformistas divulgaron la historia revisionista de las comerciantes mestizas, en la que se valorizaban los orígenes mestizos de Cochabamba. En la nación oligárquica, los mestizos y mestizas habían sido objeto de una mirada ambivalente, en el mejor de los casos. La década de 1940 fue testigo de la incorporación de algunos actores políticos previamente excluidos. En estos años formativos, las mestizas inmoladas en la novela de Nataniel Aguirre se convirtieron en protagonistas de la historia nacional: sus madres fundadoras. Empero, la narrativa protagonizada por las mestizas había sido -y, en muchos casos, continuaba siendo- una historia de la oligarquía, basada en una identidad ambigua, en una dudosa unidad y una ciudadanía restringida. El estado populista se apropió de las heroínas mestizas, las domesticó y convirtió en símbolos maternales e imágenes patrióticas de valor y abnegación, para su distribución en todas las escuelas del país. Por otra parte, es evidente que las mestizas no fueron tan solo “símbolos vivientes” o imágenes decorativas de la unidad nacional. Ellas representaron la historia, apoderándose de las arterias principales de la ciudad de Cochabamba, así como de su sitio histórico fundacional.

Discurso



La presidenta y fundadora de las Hijas del Pueblo, Teodosia Sanzetenea de Terrazas, ofreció uno de los tres discursos principales pronunciados en la Coronilla ese 27 de mayo de 1944.

“Un día como hoy, 27 de mayo de 1812, las Mujeres humildes del Mercado se agitaban en busca de hombres para defender Cochabamba, de las garras del tirano Goyeneche: juntas ellas preocupadas en defensa de la ciudad, pidieron que la Virgen de las Mercedes ilumine sus sentimientos y les dé el valor para la defensa; la Sagrada Imagen Guerrera abrió en los corazones de las humildes mujeres del Mercado: Arroceras, chifleras, carniceras, verduleras y otras gremiales el ardiente amor a la Patria y su libertad”, afirmó Sanzetenea en su discurso.