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La lucha desde el relato de Turpín

La lucha desde el relato de Turpín





El acontecimiento del miércoles 27 de mayo de 1812 ocupa sin dudas un lugar privilegiado en la historia de Cochabamba, en la historia nacional y, aun, en la historia latinoamericana. En esta fecha y cada año, se conmemora la inmolación de las mujeres de Cochabamba en la colina de San Sebastián (más tarde denominada Coronilla) en el contexto de las luchas de la Independencia. Históricamente se ha construido una narrativa que advierte en este conflicto bélico el ejemplo más emblemático del sacrificio, la valentía y el heroísmo femenino, actualmente celebrado por poetas, historiadores y pomposos actos cívicos. ¿Qué ocurrió en realidad en aquella jornada? ¿Por qué se gestó la participación destacada de las mujeres? ¿Cómo este hecho llegó a ocupar un lugar importante en la memoria colectiva? Antes de entrar a describir el “combate de la Coronilla”, es necesario considerar el contexto general de crisis política que sacudía al conjunto del territorio del Alto Perú (hoy Bolivia). Hacia 1812, de hecho, el espacio altoperuano se caracterizaba por un agudo pronunciamiento revolucionario que implicó la participación de diversos grupos sociales y logró tornarse en un verdadero conflicto civil. Los primeros focos rebeldes contra el régimen español o el “mal gobierno” ya habían detonado en Chuquisaca y La Paz en 1809, siendo rápidamente reprimidos por las tropas realistas. Fue en ese contexto histórico que tuvo lugar el levantamiento de Cochabamba el 14 de septiembre de 1810 al mando de Francisco del Rivero, Esteban Arze, Melchor Guzmán (alias El Quitón), entre otros. Aunque es cierto que la guerra fue siempre un asunto de hombres, las mujeres estuvieron presentes a lo largo del conflicto y en diversas facetas de ella al igual que en otras regiones de la América colonial. (...)

Lamentablemente, quedan pocos testimonios de lo ocurrido ese 27 de mayo. El relato del soldado Turpín, miembro del primer ejército auxiliar argentino, es sin duda el único referente documental de la época que describe la participación de las mujeres en la batalla de la colina de San Sebastián. Turpín logró presenciar los acontecimientos ocurridos durante esa jornada y, más tarde, cuando se encontraba en Jujuy, le comunicó a Manuel Belgrano lo sucedido en Cochabamba, quien le ordenó hacer un informe escrito. De acuerdo a su testimonio (seguramente escrito por un escribano pues se conjetura que Turpín, como el resto de la tropa, era analfabeto), las mujeres no estaban dispuestas a rendirse y, por el contrario, promovieron la idea de defender la ciudad aun cuando el gobernador Antezana había optado por la rendición de las “armas patriotas”. Esa debió ser la razón para que muchas mujeres se congregaran “armadas de cuchillos, palos, barretas y piedras en busca del señor Antezana para matarlo, y otra porción al cuartel, y apenas quebraron las ventanas de la casa de dicho Antezana y no lo encontraron. Luego vino un caballero Mata Linares a quien dejó las llaves Antezana y éste abrió; entraron las mujeres, sacaron los fusiles, cañones y municiones, y fueron al punto de San Sebastián, extramuros de la ciudad, donde colocaron las piezas de artillería”. Narró también Turpín que cuando fueron conminadas a rendirse por un embajador de Goyeneche, las mujeres cochabambinas demostraron la negación a ese pedido dando muerte al enviado y juraron morir en el campo de batalla combatiendo al ejército disciplinado del “conde de Guaqui”, mote con que se conoció a Goyeneche. Luego, las aguerridas mujeres, con los rebozos atados a la cintura”, hicieron fuego por espacio de tres horas hasta quedar diezmadas por el enemigo que, aquella tarde, dio muerte a treinta de ellas y a algunos hombres. A esa triste jornada le sucedieron otras de persecución, matanza y saqueo de la ciudad en medio de un ambiente de terror.

El informe del único testimonio hasta ahora existente sobre ese episodio probablemente fue leído por el conocido historiador Bartolomé Mitre, quien años más tarde escribió las primeras versiones de su obra “Historia de Belgrano”, en la que también destacó el coraje de las mujeres cochabambinas que a “grandes gritos” habían manifestado “que si no había en Cochabamba hombres para morir por la patria y defender la Junta de Buenos Aires, ellas solas saldrían a recibir al enemigo”. (...)

¿Cómo entender esta inusual participación femenina? Para cuando ocurre este desigual combate, Cochabamba atravesaba por una profunda crisis política y social que amenazaba las propias estructuras de la sociedad regional. Los líderes de los primeros movimientos rebeldes ahora habían sido derrotados (es el caso de Esteban Arze) o bien habían decidido ofrecer resistencia a la llegada del ejército realista (como pudo expresarse en la actitud de Mariano Antezana). Además, las noticias del regreso de Goyeneche habían causado el abandono de la ciudad sobre todo entre la población de condiciones económicas destacables mientras que la “plebe”, si bien se daba cuenta de su situación, no tenía los medios para dejar la ciudad. Así, antes que buscar una intención patriota en la intervención de las mujeres, habría que concebir su participación como una reacción a la crítica situación coyuntural denominada por el temor. En este sentido, el historiador Gustavo Rodríguez señala: “En buenas cuentas las mujeres mueren para defender lo que es más preciado: su vida, su hogar. Tienen que hacer una transgresión del género porque tienen que entrar al mundo de la guerra. Ellas luchaban por su vida. No tenían en su cabeza la idea de una nación existente; una entelequia común que buscaba liberarse y que se iba a construir derrotando a los españoles”.

La historiografía no ha identificado documentalmente los nombres de esas mujeres que lucharon contra el ejército realista hasta caer en el campo de batalla. Solo en la conocida obra literaria “Juan de la Rosa” de Nataniel Aguirre aparecida hacia 1885 se narra este heroico episodio destacando a una anciana ciega (“doña Chepa”) que lidera la defensa de la ciudad para perecer luchando en la colina de San Sebastián. Es sabido que esta versión novelesca, en la parte que corresponde a la defensa de la ciudad, se basó en la obra de Bartolomé Mitre en la que no se nombra a ninguna de aquellas mujeres. De modo que Aguirre, un prominente político de su época, seguramente recurrió a un nombre imaginativo para destacar la intervención femenina de 1812.

*Fragmentos del artículo “Las luchas independistas y las ‘Heroínas de la Coronilla”, que hace parte del libro “¡Están aquí! Las mujeres de Cochabamba”, libro conmemorativo por los 200 años de la batalla del 27 de mayo de 1812 editado por el Concejo Municipal de Cochabamba.