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Doña Manuela Rodríguez Terceros

Doña Manuela Rodríguez Terceros
Escribir de doña Manuela es una difícil tarea. Fue esposa, compañera y madre. Vivió en la sociedad colonial del virreinato del Río de La Plata ; más propiamente, en Alto Perú, en la región de Cochabamba (la intendencia de Santa Cruz de La Sierra), procedente de una familia tarateña de prosapia criolla terrateniente. En ése esquema de vida, la mujer vivía en un orden puramente hogareño, sometida primero a sus padres, luego al marido, sujeta a las dotes de acuerdo a su status social, para poder casarse. Ya casada, si quería realizar algunos actos de su vida civil, tenía que pedir permiso por escrito mediante el escribano. Se trataba de la licencia matrimonial que le otorgaba el esposo de acuerdo a la ley y autoridad competente. Sin embargo, la morada representa a la pareja, así como a los hijos y la mujer es quien le da el matiz de su alma, quien riega por las mañanas el brote de las flores de su jardín.

La insurgencia fue el ensayo de rebeldía en la mujer alto peruana que, de pronto, ve en su casa unas botas, una espada y una chaqueta militar, que pertenecían a su compañero.

Doña Manuela se casó con don Esteban en el templo de San Pedro de Tarata, el 26 de julio de 1793. Ella era hija de don Francisco Rodríguez Terceros y de doña María Sansuste.

Aquella joven era una muchacha esbelta, delgada, de expresivos ojos grandes y celestes, tez blanca y largos cabellos castaña. Amazona como todas las de su tiempo, sabía montar a caballo y conocía de las rudas faenas agrícolas.

Producto de su matrimonio, ellos tuvieron los siguientes hijos: Manuel Mariano, Manuel, Julián, Juan Bautista, Manuela y Margarita Arze Rodríguez. Vivieron, en Cochabamba, en la calle de Santa Teresa, a una cuadra y media de la plaza mayor (hoy calle Baptista entre Av. Heroínas y Colombia) y en Tarata, en las haciendas de Guaricaya, Chillcani, Phaccha, Yayacapi, Chirigua, Arpita, Calicanto que era su huerta, así como otra casa por la plaza, la loma de Achamoco, Rodeo, Jatun Pampa y el Caine. Por lo que se sabe, tenían esclavos negros.

En Cochabamba, llega el período insurreccional el año de 1810. Pese a su situación de madre, de una clase social privilegiada. Junto a su esposo, toma conciencia y es compañera desde su hogar, en favor de la causa libertaria, asume la parte que le corresponde en la insurgencia y en el momento histórico que le toca vivir ya definido su carácter, sintiendo, al igual que su marido y otras mujeres patriotas, las inquietudes revolucionarias, sociedad a la tarea de atraer, en cuanto es posible, a sus familiares y amigos en favor de la causa, haciendo de su hogar un centro conspirativo.

Siguió de cerca a su esposo, costuró sus charreteras, y abrió los trojes y despensas de su hacienda para mantener a los combatientes insurgentes, todo lo cual salía con su firma, dando el detalle de los víveres que apotraba.

Así, doña Manuela, de índole suave, pero de voluntad firme, colaboraba, mientras podía, a su compañero y sus tropas. En efecto, ella y otras, y en más de una oportunidad, como mujeres expresaron frontal y valientemente sus ideales emancipadores, y, consecuentemente, ejercitaron las prácticas revolucionarias. Las mujeres que dedicaron a dar ayuda en armas, municiones, víveres, ropa a los rebeldes. También introdujeron en las ciudades secretamente pasquines y proclamas. Pero también sufrieron penalidades, como aconteció a doña Manuela, quien, después del desastre de Quewiñal, vio el incendio de su casa huerta (donde funcionaba el cine Cochabamba) por una orden de Goyeneche, ejecutado por el Crl. Josef Mendizábal e Imaz, oficial realista con fama de sanguinario, quien también ordenó el embargo de todos sus bienes.

Soportó una persecución de los aparatos represivos del estado colonial, el repudio de los reaccionarios y el miedo a tratar con ella por evitar represalias. También soportó muchos atropellos por ser esposa de aquel proscripto y alzado en armas contra el Rey. Incurrió en delitos capitales como: la lesa majestad, lesa fe y lesa patria. Por lo tanto, es enemiga del orden constituido; y, por la seguridad de sus hijos, puede refugiarse en las haciendas de la Phaccha y el Caine, y también en Totora y Arani, donde se casa su hijo Manuel en 1818 con Dña. Manuela Navia en la Iglesia de San Bartolomé de Arani (Santuario Virgen Bella).

Sólo aparecía y cuando en cuando. En el ínterin, se entera de la muerte de Don Esteban Arze en el destierro.

Doña Manuela vivió leal a su compañero y a sus ideas, iguales a las que de su marido, hasta sus últimos días, cuando falleció en Tarata, en el año de 1832 según el registro de su partida de defunción que dice así:

En el panteón del glorioso arcángel Sr. San Miguel de esta villa en nueve de marzo de 1832 yo el Dr. Carlos Ferrufino teniente de cura enterré el cuerpo mayor de doña Manuela Terceros española de 50 años que fue viuda de don Esteban Arze de esta villa murió con los sacramentos administrados por don Vicente Pardo y para que conste lo firme: Carlos Ferrufino (iglesias de San Pedro de Tarata libro de defunciones Nº. 3 folio Nº 29).

Su hijo Manuel Mariano recibió una medalla de oro, otorgada por los libertadores en honor al Gral. Don Esteban Arze, en su destierro de Santa Ana de Yacuma en 24 de febrero 1815.

Doña Manuela jugó un papel protagónico en ésos años de correrías revolucionarias similar al coraje de las mujeres demostrado en las jornadas del 27 de mayo de 1812 en la cima de San Sebastián; cabe aclarar que ella no estuvo presente en el holocausto de la Coronilla al igual que doña Luisa Ascuy, las Cangas, doña Manuela Saavedra de Ferrufino, Doña Luisa Saavedra de Claure, Doña María Isabel Pardo de Figueroa que coadyuvaron a sus esposos durante la guerra de la independencia también en Cochabamba en sus anales históricos se registra. Como aconteció en 1816, después de la ocupación de Cochabamba por el general de la Pezuela, vencedor de Rondeau, la población quedó a merced de un tribunal militar de purificación, por el cual 12 valerosas mujeres patriotas fueron condenadas a muerte y ejecutadas mediante el suplicio de la horca.

En el proceso de los 15 años de lucha armada contra el colonialismo español y por la independencia, se ve, sin que quepan dudas, que la mujer registró su participación activa en forma eficiente e intransigente. Así, doña Juana Azurduy se incorporó al ejército libertador a la par de su marido.

Por consiguiente, las mujeres criollas, mestizas e indígenas que participaron en el proceso inicial de luchas de nuestro pueblo rompieron muchos prejuicios de sometimiento a un orden hogareño, religioso y patriarcal. Entre ellas, se hallaban doña Manuela Rodríguez Terceros, las Heroínas de la Coronilla, las 12 mujeres ajusticiadas en Cochabamba, doña Juana Azurduy o Santa Juana de América y otras mujeres patriotas anónimas. El objeto de estas pocas líneas es tributar un merecido homenaje de reconocimiento a la mujer cochabambina y boliviana por su incorporación a ésa gran batalla por la independencia, el logro de los derechos democráticos en todos los tiempos y el progreso material social de nuestro pueblo.