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  • Diario Digital | sábado, 23 de octubre de 2021
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Un hecho que sirvió de detonante

Un hecho que sirvió de detonante

A comienzos de 1809, el claustro de la Universidad de San Francisco Javier -más conocida como: de “Charcas”- se conmovía por un serio suceso.

Se le había pedido que emitiera juicio sobre las aspiraciones de la Infanta Carlota Joaquina, ahora en la Corte portuguesa trasladada al Brasil, que pretendía asumir, como hermana de Fernando VII, los poderes del reino español envuelto en un conflicto con el Emperador de los franceses.

La universidad informó que el escrito de la Infanta le parecía subversivo y su dictamen pasó a manos del Virrey en Buenos Aires, quien como respuesta ordenó que la corporación destruyera los documentos relacionados con esta consulta, cosa que efectuó el presidente de la Real Audiencia de Charcas, don Ramón García de León y Pizarro.

El hecho sirvió de detonante, y la reacción contra tal proceder se produjo de inmediato, pues el claustro y en el pueblo de Chuquisaca se pronunciaron por el alzamiento contra la autoridad.

En apoyo de tal idea Bernardo Monteagudo hizo circular una sátira contra el régimen español, a la que tituló: “Diálogo de Atahualpa y Fernando VII”. Monteagudo, se convertiría en uno de los líderes del alzamiento contra el presidente Pizarro.

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El 25 de mayo de 1809 vista la situación imperante, el presidente Pizarro consideró que, con algunas medidas, podría detener el alboroto que se notaba en los claustros universitarios, la Audiencia y ya también en las calles de la ciudad; por de pronto, dispuso el arresto de todos los miembros de la Audiencia, quienes se ocultaron y la orden de prisión sólo se pudo hacer efectiva en la persona del doctor Jaime Zudáñez.

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Frentes de combate En minutos, los complotados se apoderaron de las piezas de artillería y las emplazaron en las esquinas aledañas al palacio presidencial, en tanto que otros revoltosos se hicieron con la pólvora y munición guardada por las autoridades. El fuego entablado por ambas partes, sólo cesó al saberse que Pizarro, accediendo a las reiteradas instancias de la Audiencia y el Cabildo secular, consentía en dimitir. 

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CompaÑías de infantería Además, Arenales procedió a reorganizar las milicias de Chuquisaca y Yamparáez; “formó nueve compañías de infantería denominadas por el oficio que practicaban los individuos que las componían y para cuyo comando eligió sujetos prestigiosos y conocidamente adictos a la causa de la independencia.

Los contingentes de los partidarios de Cinti, La Laguna y frontera de Tomina.