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  • Diario Digital | sábado, 23 de octubre de 2021
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El ciudadano Grass, prototipo del intelectual incómodo

El ciudadano Grass, prototipo del intelectual incómodo


La carrera literaria de Günter Grass -que puede caracterizarse como una sucesión de éxitos desde "El tambor de hojalata" (1959) hasta su ciclo autobiográfico aparecido ya en el siglo XXI- estuvo acompañado siempre de una voluntad de intromisión política que hizo del escritor un intelectual incómodo para muchos.

La experiencia del hundimiento de la República de Weimar y el advenimiento del nazismo llevaron a Grass al convencimiento de que una democracia solo puede vivir si hay suficientes personas dispuestas a defenderla y ello lo llevó a asumir un compromiso político permanente.

La carrera de Grass empieza, como la de muchos otros intelectuales de la postguerra alemana, con un conflicto permanente con el establecimiento de la era del canciller Konrad Adenauer, marcada por tendencias autoritarias y moralistas en las que muchos veían un intento de restauración.



PRIMER CONFLICTO Su primer éxito literario con "El tambor de hojalata" también significó para Grass su primer conflicto abierto con las autoridades de la joven República Federal de Alemania y por el libro terminó respondiendo ante los tribunales por los cargos de pornografía y blasfemia.

El moralismo de la era Adenauer estaba representado por la Unión Cristianodemócrata (CDU) y por su ala bávara, la Unión Socialcristiana (CSU), sobre todo cuando el legendario Franz-Josef Strauss asumió el mando de esta última agrupación.

Los dardos de Strauss contra los intelectuales -cuyos blancos preferidos eran Grass y Heinrich Böll- son legendarias pero también lo son los ataques de Grass y de Böll al establecimiento.

Entre otras cosas, Grass denuncia el pasado nazi de muchos altos cargos de la CDU, entre ellos Kurt Georg Kiesinger -canciller entre 1966 y 1969- y Hans Filbinger, líder del partido en Baden-Württenberg.

Años después, cuando el propio Grass reveló que había sido parte de una unidad de las SS, desde la prensa conservadora hubo quienes acusaron al escritor de haber sido inconsecuente al atacar de esa manera a Kiesinger y a Filbinger cuando él mismo tenía un pasado oscuro.

Grass entonces se defendió diciendo que mientras sus pecados nazis habían sido en la adolescencia, Filbinger y Kiesinger se habían comprometido con el nacionalsocialismo como adultos y en posiciones de cierta importancia.



POLÍTICA En todo caso, mientras que algunos escritores en los cincuenta y en los sesenta tomaron partido por la izquierda radical, Grass asumió desde el comienzo de su intervención en política una posición socialdemócrata.

Esa posición se intensificó cuando Willy Brandt se convirtió en líder del Partido Socialdemócrata (SPD) y en el principal oponente de Adenauer.

El que Brandt asumiera el Ministerio de Exteriores bajo una gran coalición presidida precisamente por Kiesinger no hizo que la admiración de Grass disminuyera ya que, ante todo, apreció su voluntad de lograr una reconciliación con Polonia.

Los rodaballos están de luto

Caius Apicius

Periodista

Ha fallecido uno de los mejores escritores alemanes de todos los tiempos, y lo digo consciente de que existieron Goethe y Schiller: se ha ido Günter Grass, de alguna manera uno de los nuestros, al menos en lo que a afición a la buena mesa se refiere.

Al hablar de Grass es inevitable pensar el "El tambor de hojalata"; pero no estaríamos en una columna gastronómica si no recordásemos "El rodaballo". Una novela de trama simple y complicada a la vez, que gira en torno a las desventuras de uno de estos peces pleurinectiformes sometido a juicio por un tribunal feminista. Pobre rodaballo.

Un rodaballo, de todas formas, muy particular, que por supuesto responde a la definición ictiológica que ofrece el Diccionario, pero al que le viene pintiparada la segunda acepción: hombre astuto y taimado. Porque otra cosa no será, pero el rodaballo de Grass es retorcido y razona como el mejor abogado.

Por supuesto, se tiene a sí mismo, y a sus congéneres, en gran estima. No es de extrañar; "El rodaballo" se publicó en 1977, cuando aún era uno de los más firmes candidatos a ser proclamado rey de los pescados y cuando nadie, ni el propio Grass ni su rodaballo, podían prever la masificación de este maravilloso habitante del océano mediante su cría intensiva en granjas acuícolas.

A lo largo de la historia de la alta cocina, el rodaballo ha sido sometido a manipulaciones que hoy juzgaríamos inaceptables. Dejemos que sea el propio rodaballo, de aguas bálticas, quien profetice su futuro.

"La realidad, hijo, es que el rodaballo es uno de los peces nobles. Más adelante (...) estofaréis en vino blanco a mis semejantes, les añadiréis alcaparras, los rodearéis de gelatina, los disfrazaréis sabrosamente con salsas y los serviréis en porcelana de Sajonia".

"Brasearéis, glasearéis, escalfaréis, rebozaréis y filetearéis a mis iguales, los ennobleceréis con trufas, los espiritualizaréis con coñac y los bautizaréis con nombres de mariscales, duques, el Príncipe de Gales, el Hotel Bristol (...) El Sur enriquecerá al Norte. ¡Os anuncio y me anuncio las aceitunas, el refinamiento, el buen paladar, el limón...!".