Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 19 de octubre de 2021
  • Actualizado 18:11

EVALUACIÓN A MÁS DE UN AÑO DE SU GESTIÓN EN EL TSE

Analistas ven templanza y deber cumplido de Romero en comicios

La máxima autoridad del Órgano Electoral fue posesionada el 20 de diciembre de 2019, durante el gobierno de Jeanine Áñez y permaneció en la gestión de Luis Arce. 
El presidente del TSE, Salvador Romero. EFE
El presidente del TSE, Salvador Romero. EFE
Analistas ven templanza y deber cumplido de Romero en comicios

La gestión de Salvador Romero, a la cabeza del Tribunal Supremo Electoral (TSE), en la que se realizaron dos elecciones para conformar la estructura política y consolidar la administración pública del país, en medio de la pandemia del coronavirus COVID-19, fue calificada como exitosa.

Analistas políticos destacan la templanza de la autoridad electoral, así como su determinación para cumplir con su deber, pero también, del otro lado, hablan de falta de claridad y contundencia al momento de tomar decisiones.

Tras salir de la crisis por un presunto fraude electoral, que derivó en los conflictos postelectorales de 2019, el sociólogo, investigador y escritor boliviano, asumió el cargo en el gobierno de transición de Jeanine Áñez. En noviembre, fue designado como vocal y el 20 de diciembre de 2019 juramentó como presidente del TSE. 

Anteriormente, Romero se desempeñó en este mismo cargo entre 2004 y 2008 y luego, en 2019 se convirtió en una figura de transición. Promovió las Elecciones Generales y la Elección de Autoridades Políticas Departamentales, Regionales y Municipales. 

El viernes, la autoridad electoral partió rumbo a Honduras para participar de las elecciones primarias, pese a que aún no concluía el cómputo de votos.

TEMPLANZA El analista político y experto en marketing político y electoral, Paolo Bosco, divide la gestión de Romero en tres momentos (antes, durante y después).

En el primero, recuerda que la confianza en este poder independiente era nula y de desmérito total, lo que llevó a cuestionar y evaluar constantemente su desempeño. 

Dijo que los electores siguieron paso a paso el trabajo que en una anterior gestión fue calificado como corrupto, vendido, fraudulento y manipulado por el expresidente Evo Morales.

“Ha sido un personaje político porque tuvo que ejercer poder sobre ciertas actividades. No fue una política partidaria, pero sí de poder y de control porque tenía bajo sus espaldas la poca credibilidad del órgano”, manifestó.

Dijo también que una de sus características fue su templanza ya que pese a los ataques se mantuvo firme, en calma y seguro de lo que hacía para no avivar conflictos “ante un electorado dolido”.

“Se cuidaba y era cauto en sus palabras. Muchas preguntas, él respondía de manera técnica, lo que lo aventajaba y ponía una coraza neutral que evitaba mayores ataques. No gestaba convulsión o conflicto, se limitaba a responder tecnicismos”, agregó.

En la segunda etapa, advierte que la participación de Romero no fue implacable porque tenía por detrás un equipo de trabajo cuyo desempeño, en algunos casos como el de Cochabamba, repercutió en su gestión.

Bosco recuerda que en ese tiempo se gestaron dos corrientes de opinión sin fundamento sólido: la primera que pretendía creer que Romero tenía inclinación hacia el partido de Jeanine Áñez, pero al conocerse los resultados en los que ganó el Movimiento Al Socialismo (MAS) en primera vuelta, “cambió la historia y le puso en otro escenario”, en el que es simpatizante del partido de Gobierno.

MISIÓN CUMPLIDA En el tercer momento, las inhabilitaciones y la falta del TREP (Transmisión de resultados electorales preliminares), antes Direpre (Sistema de Difusión de Resultados Preliminares) generaron conflictos que derivaron en convulsión antes y después de los comicios.

“Fue un acierto inteligente dejar de lado esta herramienta, pese a que es útil para no generar una chispa. Romero intentó evitar temas sensibles de la anterior gestión”, sostuvo.

Romero cerrará la gestión 2021 con la posesión de las autoridades electas, en mayo, y “se irá tranquilo por haber hecho un buen trabajo y orgulloso de su gestión”, ya que pese a las denuncias de fraude no se le pudo comprobar este ilícito.

ÉXITO Para el analista político Carlos Cordero, el presidente del TSE tuvo una tarea compleja, pero exitosa porque llegó a buen término.

“En todo proceso siempre hay falencias logísticas y conflictos propios que son generados por los partidos y candidatos, pero no ha significado una ruptura de la democracia. Se va con el deber cumplido”, indicó.

Recordó que todas las dudas que se sembraron pudieron ser superadas por los resultados y los conflictos superados porque no se debieron a la incompetencia, inclinación o falta de transparencia de la Sala Plena. Aseguró que la democracia está funcionando y que los que hacen el fraude no son los miembros del TSE sino organizaciones que quieren alterar la voluntad popular.

También se refirió al conteo rápido que, dijo, es simplemente un mecanismo para conocer resultados de manera anticipada, lo que significa que es una encuesta y no da resultados oficiales. 

“Al suspender el conteo rápido ha tratado de evitar susceptibilidades, pero es injusto decir que propician un fraude. El verdadero responsable de la crisis de credibilidad que pueden tener las elecciones son las personas que eligen candidatos, son las organizaciones políticas, que toman malas decisiones y quieren luego buscar responsabilidades”, añadió.

En medio de incertidumbre y estrés

Para el analista político Fernando Salazar, los comicios dirigidos por Salvador Romero dejaron a los bolivianos en medio de incertidumbre y estrés por su permisibilidad al momento de tomar decisiones. 

Recordó que en principio, hubo confianza en la nueva estructura para encarar las Elecciones Generales de octubre de 2020, pero la falta de decisión para establecer una fecha mostró falta de contundencia, en medio de la pandemia. 

“Nos llevó a una situación de mucha incertidumbre con conflictos y bloqueos, dejando sin oxígeno a los pacientes. Nunca hubo confianza total y plena porque no se sabía a qué partido respondía el tribunal”, sostuvo.

A su vez, según su lectura, todo fue subordinado por intereses del gobierno interino de Jeanine Áñez, que buscaba una prórroga para consolidar la fórmula de su partido.

Aseguró también que al eliminar el TREP o Direpre, no había justificación técnica y solo fue una decisión política, que llevó a una suerte de crítica, dejando así más dudas sobre su imparcialidad.

Cuestionó la decisión de llevar adelante las elecciones subnacionales, en medio de una segunda ola, a un costo elevado y con el sacrificio de los electores ya que fueron forzadas, además de los jurados que tuvieron un trabajo pesado de más de 12 horas hasta el conteo de actas.

La incertidumbre fue mayor por la depuración de candidatos, observaciones e inhabilitaciones y una respuesta tardía. 

“Hemos tenido incertidumbre hasta el último minuto. Mucha permisividad y por lo tanto, reacciones lentas. Fue lamentable que no se haya creado mecanismos más operativos y excepcionales tomando en cuenta la situación”, dijo.

Finalmente, cuestionó tener que ir a una segunda vuelta y el tiempo que se debe esperar para la posesión de nuevas autoridades. Creen que las reglas deberían cambiar para no seguir generando presión y estrés para todos los bolivianos.