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  • Diario Digital | martes, 18 de junio de 2024
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Yesenia e Hilary, madre e hija: dos generaciones marcadas por el 'trauma' y la violencia obstétrica

En nuestro país, no existen normativas que sancionen a aquellas personas que ejerzan agresiones durante el proceso perinatal. Este tema no se encuentra en agenda de autoridades, lo que vulnera los derechos de las mujeres en esta etapa tan importante en sus vidas. 
Mujer embarazada siendo monitoreada en la sala de un hospital./ DICO SOLÍS
Mujer embarazada siendo monitoreada en la sala de un hospital./ DICO SOLÍS
Yesenia e Hilary, madre e hija: dos generaciones marcadas por el 'trauma' y la violencia obstétrica

Yesenia tuvo a su segunda hija hace 25 años, según su relato quedó “traumada” por la atención que recibió en un nosocomio público en Cochabamba, al igual que Hilary, su hija, cuando tuvo a su primogénito en 2017. En ambos casos se han cambiado los nombres para resguardar su identidad.

Ambas contaron que el día de los nacimientos los hospitales estaban llenos de mujeres con el mismo objetivo, lo que resultaba en una falta de atención adecuada. Además, sufrieron experiencias desagradables por parte del personal médico, como la realización constante de tacto vaginal y comentarios groseros.

El maltrato físico, la humillación, el abuso verbal y los procedimientos médicos coercitivos o realizados sin consentimiento, así como la falta de atención adecuada, la violación grave de la intimidad y las cesáreas forzosas son consideradas formas de violencia obstétrica, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estas prácticas, llevadas a cabo por personal sanitario, no garantizan un parto respetuoso para las mujeres y atentan contra sus derechos y su integridad.

Tanto Yesenia como su hija Hilary sufrieron violencia obstétrica en momentos distintos de sus partos. Yesenia recuerda que los internos le practicaban un examen vaginal cada hora, a pesar de que se encontraba programada para una cesárea.

“Venían y me hacían preguntas, llenaban sus papeles y me metían el dedo para saber el número de dilatación. Yo les decía que era cesárea, pero ellos no me escuchaban. Venían diferentes internos y me hacían las mismas preguntas y toques cada hora (...). Me sentía mal, me hacían doler, tenía mucha vergüenza, eran varios ojos los que me miraban, pero pensé que era algo correcto”, dijo.

Después de 18 años, su hija Hilary sufrió la misma situación, demostrando que las circunstancias no habían cambiado. “Estudiante, interno, doctor, enfermera, que venía, me tocaba. Al principio cada 30 a 45 minutos. Luego, dejaron de venir y tiempo después vino una enfermera, me tocó, rompió mi fuente y me dijo que mi bebé se hizo popó”.

En 2018 la OMS emitió un listado de recomendaciones para el parto, entre esas indica que el tacto vaginal se debe de realizar en un intervalo de cada cuatro horas. 

Además, Hilary compartió que, durante su traslado del servicio de Emergencia al quirófano, una enfermera le pidió que dejara de pujar porque estaba "ensuciando" el área. El doctor se mostró “grosero” y, en general, no recibió ayuda por parte del personal médico.

“Primero me dijeron que pujara, seguro para dilatar más rápido, pero otra enfermera me dijo “¡ya no pujes me lo estás ensuciando todo!”, luego me llevaron a quirófano (...). En el quirófano me hicieron sentar para ponerme la inyección y recuerdo que el doctor me dijo “¡no te muevas!”, yo no podía controlar, me movía por dolor, lo sentí grosero (...). Después (de la cirugía) no me dieron nada para mi dolor, recuerdo que quise entrar al baño y nadie me ayudó, siendo yo mamá primeriza. Te tratan mal, hacía preguntas y nadie me las respondía (...). No me acuerdo de la cara del doctor, solo lo vi en el momento de la cesárea”. 

Por esta razón, en su segundo embarazo, optó por una clínica privada. Sin embargo, también se embarcó en la búsqueda de un médico dispuesto a atenderla, considerando que había enfermado de COVID-19 y que el costo se ajustara a su presupuesto. Contó que con varios médicos debía realizar un doble pago, tanto por honorarios médicos como por los servicios de la clínica. Finalmente, encontró a un profesional con el que se sintió cómoda, fue bien tratada y además ofrecían un precio accesible que podía costear.

El tipo de violencia que Yesenia y su hija Hilary experimentaron es silenciosa y normalizada, ya que, según la Encuesta de Prevalencia y Características de Violencia contra las Mujeres realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en 2016, 6 de cada 10 mujeres en Bolivia han sufrido violencia obstétrica. Para Ana Bertoldi, psicóloga, doula y cofundadora del Observatorio de Violencia Obstétrica Bolivia (OVO Bolivia), esas cifras son alarmantes. En respuesta a esta problemática, OVO Bolivia llevó a cabo una nueva encuesta nacional el año pasado, que incluyó municipios grandes, medianos y zonas rurales, con el objetivo de actualizar la información y concienciar sobre la situación de violencia obstétrica en el país.

Bertoldi explicó que en la encuesta de 2016 se omitieron temas importantes, como la sobremedicalización, la atención en lenguas originarias y la tasa de cesáreas, entre otros. En cambio, la encuesta de 2023 aborda una gama más amplia de temas, como la violencia sexual, psicológica y física, la cultura y la sobremedicalización, incluyendo la tasa de cesáreas y otros aspectos relevantes. Actualmente, se está llevando a cabo el análisis de la información recopilada y se espera que en los próximos dos meses se disponga de datos oficiales.

Después de analizar la información, uno de los aspectos que se conocerá es la tasa de cesáreas. Muchas mujeres eligen este método de parto debido a información incorrecta que reciben de profesionales de la salud, familiares o amigos. Por ejemplo, Yesenia creyó en su ginecólogo cuando le explicó que después de una cesárea, sus siguientes partos deberían ser de la misma forma y que solo podría tener un máximo de tres hijos. Ella transmitió esta información errónea a su hija.

Sin embargo, el ginecólogo de Hilary le proporcionó información diferente hace tres años, cuando tuvo a su segundo bebé. Le explicó que la posibilidad de tener un parto natural o una cesárea depende del trabajo del médico en la intervención anterior. Al respecto, Bertoldi explicó que: “La OMS recomienda que haya parto (natural). Esto tiene que ver con desconocimiento nuestro y de médicos que se han quedado con información muy obsoleta. Además, existe miedo y también miedo del médico a que se le denuncie de mala praxis, entonces optan por la forma más “segura”, que en realidad no lo es. La ciencia ha demostrado que no es lo más seguro, pero por este desconocimiento ellos siguen haciendo cesárea después de una cesárea”, manifestó Bertoldi. 

La cofundadora de OVO Bolivia indicó que, si bien las cesáreas son una intervención que puede salvar vidas, en nuestro país solo hasta el 2018 la tasa de estas intervenciones incrementó un 71%. Siendo así, se puede considerar violencia porque “hay una decisión política, cultural y económica que beneficia al médico, pero además donde los riesgos que la intervención conlleva se minimizan y los riesgos del parto (natural) se exageran y desinforman para que la mujer termine decidiendo de una forma u otra una cesárea. Entonces eso es sobre medicalización en su máxima expresión”. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la tasa de cesáreas no supere el 15%. En 2022, Bolivia registró que cerca del 48% de los partos fueron realizados mediante cesárea, según datos del Sistema Nacional de Información en Salud (SNIS).

En Cochabamba, solo en el Hospital Materno Infantil Germán Urquidi se realizan alrededor de 10 cesáreas y entre 5 a 6 partos naturales diariamente. Con un total, de aproximadamente 3.000 nacimientos al año, la mayoría de ellos requiere incisión abdominal y uterina “porque es un hospital de tercer nivel, todo lo complicado se deriva aquí. Los partos (naturales) son en primer y segundo nivel. Todo debería de ser cesárea (en el Maternológico)”, es la información que proporcionó a OPINIÓN Antonio Pardo, director de este establecimiento.

Los testimonios de Yesenia e Hilary evidencian la vulnerabilidad en la que se encuentran las gestantes en Bolivia, pero ¿qué se hace para cambiar este tipo de situaciones en Bolivia?

En julio de 2022, la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa presentó un anteproyecto de ley de Fortalecimiento a la Ley 348 Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia al presidente del Estado, Luis Arce. La misma establecía, entre sus sanciones, tres a ocho años de prisión a quienes cometan violencia obstétrica. 

¿Qué ha sido del anteproyecto de Fortalecimiento a la Ley 348? Simplemente ha quedado en "nada". Según la senadora Andrea Barrientos, el órgano ejecutivo retiró el proyecto. “Entiendo que han tenido, tras bambalinas, un problema con las Bartolinas”.

Reconoció que desde su bancada no presentaron ningún proyecto enfocado hacia la violencia obstétrica, sino que su concentración fue dirigida a temas de niñez y violación a infante niño, niña y adolescente. 

Cuando se consultó si hay alguien dentro del legislativo que esté trabajando en algo con relación a este tema, la respuesta fue clara. No. “Es una pena porque en el Senado somos un 56% de mujeres”, dijo. 

En la coyuntura actual, la Ley 348 está en la mira de algunos sectores que piden su modificación y otros su abrogación. 

“En líneas generales va a ser un tema complejo, estamos dispuestos a dar la batalla porque creemos que no hay que retroceder en los derechos. No creo para nada que se toque algo en la ley (348) por el momento”. 

La respuesta de la autoridad se centró en la necesidad de modificar la justicia como punto inicial. Afirmó que no hay datos suficientes que respalden la modificación de la ley en cuestión, como, por ejemplo, denuncias falsas.

Por otro lado, Bertoldi, con la OVO Bolivia, está llevando a cabo un proyecto de Ley de Parto Respetado e Intercultural en conjunto con varias instituciones, entre las que se encuentran la Defensoría del Pueblo, la Secretaría de Despatriarcalización y la Dirección de Medicina Tradicional, entre otras.

“Nuestra ley va un poco más allá porque no es solamente denunciar la violencia, sino también es poder generar un marco, unos lineamientos de cómo es un parto respetado”.

Resaltó que no es una ley punitiva, pues para ello es importante el proyecto de Ley de Fortalecimiento a la Ley 348. De hecho, el Observatorio de Violencia Obstétrica es uno de los organismos que solicitó que se incluya la violencia obstétrica como una forma de violencia de género en la mencionada ley. Pero, tendrá un capítulo entero dedicado a este tipo de maltrato.

Lo que busca la Ley de Parto Respetado e Intercultural es garantizar los derechos de la madre y del bebé en toda la etapa perinatal (gestación, parto y posparto). Tiene el fin de ser más extensa y marcar temas como lactancia materna, apego seguro, el acompañamiento y otros. Además, de servir de guía en diferentes casos, por ejemplo: si el bebé entra internado en cuidados intensivos, qué hacer si existe un duelo perinatal o el derecho al acompañamiento. 

Bertoldi destacó la perspectiva intercultural que tiene el proyecto de ley que se redacta actualmente. “¿Qué pasa con las mujeres indígenas, campesinas, afrodescendientes que también quieren tener su parto según sus culturas?, ¿qué pasa con las parteras tradicionales?, que también hay una ley que es la 459 que es la ley de medicina tradicional, también a las parteras muchas veces no se las deja atender, son criminalizadas o perseguidas. Entonces también es una ley que busca la interculturalidad con toda la complejidad que eso significa”. 

¿Qué pasa con los médicos?, mencionó que el sector está invitado en participar de esta conversación, aunque es complicado abordar este tipo de temas con los galenos porque se cierran a las conversaciones, “por eso está la encuesta, la realidad que cuentan las mujeres (…). La invitación a los médicos viene un poco desde ese lugar. Esto está pasando”. A su vez también trabajan con profesionales que entienden la “humanización” del parto.

Uno de los fines principales es buscar un camino para que la salud materna sea más inclusiva, respetada y humanizada, esto en trabajo conjunto con personal médico, comprendiendo que este sector también tiene sus dificultades como falta de insumos, equipos, ítems, entre otras demandas. 

Como ejemplo, según Pardo el Materno Infantil Germán Urquidi no es dotado de equipamiento por parte del Ministerio de Salud. 

“La AISEM (Agencia de Infraestructura en Salud y Equipamiento Médico) no ha equipado el hospital para la parte de neonatología que se habían comprometido el año pasado. Nos dijeron que el hospital no estaba inscrito en la AISEM. O sea que desde hace mucho tiempo el Ministerio de Salud no nos da ningún equipo al hospital. Yo estoy aquí cinco años, por lo menos hace cinco años no nos da (equipamiento)”. 

Informó que el personal de médicos abastece la demanda, pero si requieren profesionales en enfermería y auxiliares de la misma área. 

Consultado sobre si en ese hospital se humaniza el parto, respondió que “los partos no son inhumanos (...). Nos enfocamos en brindar una calidad de atención constante. Atendemos aproximadamente tres mil partos al año y, aunque siempre habrá alguien que se queje de algo, el porcentaje es bajo. Además, la percepción del paciente puede hacer que crea que se le trata mal, pero en realidad estamos haciendo todo lo posible por atenderlo de la mejor manera con los recursos que tenemos en el hospital”, concluyó el médico.

Después de estas experiencias, Hilary tiene planeado un tercer embarazo en el futuro, esperando que las condiciones y la atención antes, durante y después del parto sean mejores.