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  • Diario Digital | sábado, 21 de mayo de 2022
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Sin rastro, agresores que buscan esconder sus culpas

En el caso del arquitecto Ariel, en Cochabamba, solo una parte de sus restos fueron recuperados por los investigadores. 

Muchos agresores optan por enterrar a sus víctimas incluso en sus propios domicilios, en lotes baldíos y hasta en pozos. ARCHIVO
Muchos agresores optan por enterrar a sus víctimas incluso en sus propios domicilios, en lotes baldíos y hasta en pozos. ARCHIVO
Sin rastro, agresores que buscan esconder sus culpas

Bajo las formas más crueles de dar muerte y la posterior desesperación de "desaparecer" sus culpas, muchos agresores optan por enterrar a sus víctimas incluso en sus propios domicilios, en lotes baldíos y hasta en pozos.

Ya sea por pistas en las investigaciones, sospechas de terceros o por el mismo olor de los cuerpos, la ubicación de los cadáveres -casi siempre- siempre ale a la luz, causando conmoción en la población y mucho dolor en las familias de las víctimas que, en días anteriores a los hallazgos, peregrinan por dar con el paradero de sus seres queridos.

En una entrevista con OPINIÓN, la psicóloga forense Marcia Garamendi explicó que, a tiempo de experimentar altísimos niveles de adrenalina, los agresores actúan como si tuvieran espacios nublados en su razonamiento, en los cuales no miden la gravedad de sus acciones llegando acometer los crímenes más atroces y pensando las formas más inhumanas para deshacerse de las pruebas, rastros y cuerpos de sus víctimas.

Es en ese sentido, por ejemplo, que muchos recurren a la quema de restos, descuartizamientos y entierros de los cadáveres incluso en sus propios domicilios.

"Se cree que en ese momento están totalmente convencidos de que nadie, jamás, se va a enterar de los crímenes que acaban de cometer, por lo que calculan actos muy crueles y sanguinarios para 'desaparecer' las evidencias, sin tomar en cuenta que las víctimas tienen una familia entera que está en su búsqueda con ayuda de autoridades", explica.

A continuación, uno de los casos más emblemáticos, que indignó a la población por el alto grado de violencia y crueldad, además de ue el autor trató de borrar todo rastro de sus crímenes enterrándo los cuerpos de sus víctimas en distintas casas.

RICHARD CHOQUE

Los restos óseos de una de las víctimas asesinadas en 2011 por Richard Choque Flores, feminicida y violador serial, fueron hallados en febrero de este año bajo tierra en el patio del inmueble de los padres del autor ubicado en la zona San Martín, camino a Viacha, de la ciudad de El Alto (La Paz), donde encontraron en 2013 el cadáver sepultado de la universitaria Blanca Rubí Limachi. El cuarto cuerpo descubierto es de Fidel Lecon Choque, desaparecido desde el 19 de mayo de 2011, quien perdió la vida de forma violenta a manos de su primo.

Lecon Choque sería la primera víctima mortal, aunque es el último en descubrirse, de Richard Choque. El ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, informó que el asesino recibió 5.000 dólares de su primo victimado supuestamente para ayudarlo a ingresar a la Escuela Militar de Sargentos del Ejército de Cochabamba. Él lo entrenaba declarándose conocedor de la profesión porque antes había sido dado de baja del Colegio Militar. Para la Policía, el autor acabó con la vida de su familiar porque lo envidiaba y para ocultar la “estafa”.

El comandante general de la Policía, Jhonny Aguilera, acotó que Richard Choque, conocido como feminicida y violador serial, envenenó a su primo Fidel y luego quemó su cuerpo con la intención de “ocultar” su identidad ante la posibilidad de que el crimen sea descubierto en algún momento. Los restos estaban envueltos en dos bolsas de yute negro y enterrados a una profundidad de unos 90 centímetros.

Según Del Castillo, la madre de la víctima, tía de Richard Choque, denunció a su sobrino en 2014 después de conocer que su familiar mató en 2013 a la joven Blanca Rubí Limachi, pero el Ministerio Público rechazó su demanda.

PRIMER CRIMEN DESCUBIERTO

La universitaria Blanca Rubí Limachi desapareció el 20 de noviembre de 2013, pero ocho días después su cuerpo fue encontrado enterrado en el patio de la vivienda del padre de Richard Choque Flores.

Según las investigaciones, Choque, quien se hizo pasar por instructor militar y prometió a Blanca ayudarla a ingresar al Colegio Militar, la contactó a través de Facebook donde se identificada con otro nombre. La secuestró, torturó, agredió sexualmente y le quitó la vida.

Al día siguiente de la desaparición de Blanca, su mamá recibió un mensaje desde su celular donde le pedían 20 mil dólares a cambio de entregar a su hija con vida y le prohibían reportar el caso a la Policía. La progenitora desesperada puesto que no contaba con ese dinero buscó ayuda en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y, de esa manera, se logró unos días después la captura de Richard Choque, principal autor del asesinato, y de Luis Casilla Machaca, su cómplice.

DOBLE FEMINICIDIO

El 24 de enero de este año, los cuerpos de Iris M.V.Ch. y Lucy M.R.Z., de 15 y 17 años, fueron encontrados enterrados en la otra vivienda de Richard Choque ubicado en la zona Ballivián de El Alto, La Paz. Las adolescentes, estaban desaparecidas desde mayo y agosto de 2021. Según las investigaciones, el asesino envió mensajes a sus familiares para pedirles altas sumas de dinero como rescate cuando las víctimas ya habían sido asesinadas.

Richard Choque, de 32 años, cayó a mediados de enero por trata y tráfico, proxenetismo, pornografía y porte y portación de armas de fuego. La División Trata y Tráfico de Personas lo identificó durante un patrullaje cibernético y de ingeniería social que constató que el sindicado se hacía pasar por policía. Captaba a jovencitas ofreciéndoles trabajo, pero las acusaba de traficar droga durante las citas en alojamientos y las agredía sexualmente supuestamente para no entregarlas a dependencias policiales.

Ese era el modus operandi del feminicida y violador serial que operaba no solo en La Paz, sino en Cochabamba y Santa Cruz. En la Llajta, una joven lo reconoció y formalizó la denuncia en su contra por robo puesto que se llevó el 16 de enero de este año su celular, cédula de identidad y más de 5.000 bolivianos haciéndose pasar por efectivo antinarcótico.