Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 17 de agosto de 2022
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TENÍA 4 AÑOS CUANDO LA RAPTARON DE SU KÍNDER EN SANTA CRUZ

Misterio sin resolver: mamá de Leidy Yenny vive un drama hace 32 años, pero confía en que su hija aparecerá

Leidy Yenny, la niña raptada en 1990 en Santa Cruz, Bolivia (izq.).   Leidy Yenny con su madre años antes de su desaparición.       NORMA ROCA
Leidy Yenny, la niña raptada en 1990 en Santa Cruz, Bolivia (izq.). Leidy Yenny con su madre años antes de su desaparición. NORMA ROCA
Misterio sin resolver: mamá de Leidy Yenny vive un drama hace 32 años, pero confía en que su hija aparecerá

Han transcurrido 32 años, cuatro meses y 12 días desde la desaparición de Leidy Yenny Justiniano Roca y no hay una pista sólida sobre su paradero. Norma no pierde la fe y esperanza y confía que su hija aparecerá en cualquier momento. 

Leidy Yenny tenía cuatro años cuando desapareció del kínder Club de Leones de Santa Cruz, el 5 de marzo de 1990. Desde entonces su mamá, Norma Roca Morón, no ha dejado de buscarla y está convencida de que volverá a estrecharla entre sus brazos.

Esta jornada, 17 de julio, Leidy Yenny cumple 37 años. Su madre alista una torta y unas velas para celebrar y agradecer por su vida. Tiene la esperanza de que sea el último año que festeje alejada de ella. 

Roca está segura que Kitty Espinoza P., madrastra de Leidy Yenny, planificó el rapto de su hija. Para ella, la mujer que falleció en 2012 llevándose el “secreto”, no actuó sola, sino en complicidad con Marcos y Sonia, padre y tía paterna de la desaparecida, quienes no mostraron preocupación ni se movilizaron para encontrar a la niña. Los sospechosos estuvieron recluidos unos siete u ocho meses, pero la Justicia los liberó supuestamente porque no había los elementos suficientes para demostrar su culpabilidad, aunque un adolescente que trabajaba para Marcos reveló que la madrastra le ofreció dinero para que le lleve a la menor de edad y, en otra ocasión, para que asalte a Norma cuando reciba un dinero por concepto de asistencia familiar, entre otras pruebas y testimonios que ella considera eran importantes para esclarecer el caso.

La vida de Norma cambió a partir del rapto de su hija. Contó que ese lunes 5 de marzo de 1990, dejó a Leidy Yenny en su kínder ubicado en la calle La Paz. Aguardó a la madrastra unos 40 minutos, hasta las 14:40, porque la había citado en la puerta del jardín infantil para entregarle los útiles escolares. No apareció y ella tuvo que dirigirse a su fuente laboral, cercana al establecimiento, porque su ingreso era a las 14:30.

Después de unos minutos, Kitty llamó al teléfono fijo de su oficina y le comunicó que estaba esperándola en el kínder con los materiales. Norma le indicó dónde era el aula de la niña y le pidió que deje los útiles a la maestra y luego pase por su trabajo para entregarle el recibo de la compra y un anillo que le había confiado tres días antes cuando debía alquilar un traje de fantasía para la niña, pero no apareció en el tiempo acordado. Roca salió a realizar una diligencia en una entidad bancaria y, apenas dejó la oficina, la madrastra llegó al lugar y dejó solamente el anillo. Norma regresó a recoger a su hija, a las 16:05, pero la pequeña ya no estaba. Preguntó a la profesora, portera, niñera y nadie le dio razón sobre el paradero de Leidy Yenny. La niña no acostumbraba salir de su jardín y solía esperar a su mamá en los resbalines o hamacas y, precisamente la maestra dijo que la última vez que la vio estaba jugando en ese espacio. 

Volvió a acercarse a la educadora para consultarle si la madrastra le entregó los materiales porque presumía que ella sacó a la niña del kínder para dejársela en el trabajo, pero la profesora le hizo conocer que esa tarde ningún padre o madre había dejado útiles e incluso le mostró su registro. Norma se dirigió a su oficina donde su colega le comunicó que la mujer ingresó sola y dejó un anillo. Fue a su domicilio y su hija tampoco estaba ahí, no le quedó otra opción que trasladarse al inmueble del padre de la menor, distante a unos 10 kilómetros, pero los vecinos refirieron no haberlos visto toda la tarde.

La madre afligida recorrió distintas calles buscando a su pequeña y tocando puertas de radios y canales para reportar la desaparición. Por la noche, volvió al domicilio de Marcos y, al promediar las 22:30, la pareja llegó a su inmueble donde fueron increpados por la madre. Kitty dijo que entregó los materiales a la profesora y luego se retiró del lugar sin haber visto a la niña, sin embargo, Norma ya sabía que los útiles nunca llegaron a manos de la educadora y que la madrastra estaba mintiendo. Esa no fue la única contradicción o versión “poco creíble”, pero una juez liberó a la principal sospechosa fijándole una fianza final de solo 100 bolivianos.

El caso fue cerrado sin resolverse, pero Norma sigue la búsqueda.

PREGUNTA. ¿Cómo ha llevado estos 32 años de búsqueda de Leidy Yenny?

RESPUESTA. Mi vida cambió totalmente. Sinceramente, hay momentos en los que no doy más y me pregunto cómo he hecho para seguir. Mi (segundo) hijo me dio fuerzas para seguir adelante y, si no fuera por él, no estuviera aquí (con vida). Traté de no hacerlo partícipe de mi dolor, solo Dios sabe de mi sufrimiento. A mi hijo, que ahora tiene 28 años, le expliqué la situación cuando cumplió 16 años. Mi familia nunca me abandonó y eso me ayudó. La fe y la esperanza de volver a ver a mi hija es lo que me mantiene aquí porque de lo contrario se terminaría todo. Sé que Dios me va a conceder el regalo de volver a tener a mi hija entre mis brazos, él tiene una promesa para sus hijos. 

Hace 22 años me vine a Italia. Agoté todos mis recursos en Bolivia, ya no tenía cómo seguir y la plata no me alcanzaba porque pagaba taxi por hora y personas que hagan vigilancia a la casa de la madrastra con la esperanza de encontrar a mi hija. Actualmente, tengo problemas de salud, sufro depresión y estoy siendo tratado por un psicólogo y psiquiatra. 

Desde Italia, sigo buscando a mi hija. Toqué puertas de programas, en especial de uno que busca a personas desaparecidas que tiene alcance europeo, que me tendieron una mano y me han hecho entrevistas.

P. A 32 años de la desaparición de su hija, ¿qué avances hay en la investigación?

R. En Bolivia, el caso ya fue cerrado y aunque he hecho lo imposible para que lo reabran, no se pudo hacer nada. Hace seis años tuve nuevos indicios, una de las involucradas me confirmó que el rapto de mi hija fue planeado, pero cuando debía declarar ante la Policía se hizo para atrás y lo negó nuevamente todo. Tengo las manos atadas, ella estuvo involucrada en el proceso y me han dicho que no puede ser investigada dos veces por el mismo caso.

P. ¿Quién es la implicada y cuáles son los datos que revela? 

R. Se trata de la tía paterna de mi hija. El rapto fue planificado por no pagar una deuda de las pensiones de mi hija. En octubre de 1989, después de tres años de separación, reclamé la asistencia familiar. 

Después de 26 años de búsqueda, la tía de mi hija dijo que conoció que a Leidy Yenny la entregaron a una pareja que no tenía hijos y que era de Beni. Ese tiempo, llegué a Bolivia y, en esas circunstancias, encontré por casualidad a la tía cuando estaba en la Cañoto. Me bajé del micro y la confronté antes que se suba a una motocicleta. La agarré sin saber que tenía la clavícula rota por un accidente que había sufrido y ella se puso a gritar pidiendo que no le haga daño hasta que me confesó lo que había pasado con mi niña. Le pedí que me expliqué muchas cosas porque ella mintió en sus declaraciones. Dijo que el día de la desaparición de mi hija estaba en su trabajo de 13:00 a 19:00, pero me encontré con ella cerca del kínder cuando estaba yendo a recogerla. También aseguró que no conocía al adolescente que trabajaba con su hermano, padre de la víctima, siendo que él declaró que las propuestas de la madrastra se hicieron en su presencia en el último asiento del micro que conducía el padre (de Leidy Yenny).

La tía aceptó que ella se sentaba en el micro, pero dijo que solamente escuchaba y que no entendía muchas cosas porque era pelada (jovencita). Ella tenía 21 años, igual que yo, y terminó confesando que el rapto fue planificado. Me contó que la madrastra se había cambiado de nombre, aunque no me dijo que ella también. Las buscaba siempre para saber de mi hija, pero no podía encontrarlas porque cambiaron su identidad.

P.  Hace poco estuvo en Bolivia, ¿había algún indicio sobre el caso de su hija?

R. Tengo una página en Facebook que se llama “Te Seguimos Buscando: Leidy Yenny”. Hace unos meses, recibo información que me intriga y necesitaba verificar. Me hicieron conocer de una muchacha que estaba en situación de calle en La Paz y tenía similitud con la progresión que me hicieron de mi hija. Llamé al Consulado para que a través de la Cancillería me ayuden a ubicar a esa joven que todos veían en la plaza Murillo. A la semana de comunicarme me dijeron que debía mandar una carta y que debía seguir los protocolos y así lo hice, pero pasaban las semanas y no recibía respuesta. Me desesperé y decidí ir a buscarla porque temía que esa chica desaparezca y la gente que quiso ayudarme me decía que la chica era agresiva y no dejaba que se le acerquen. 

La mañana del 10 de mayo llegué a La Paz. Esa misma noche encontré a la joven, pero no era mi hija. Ella tenía rasgos europeos y ojos celestes, entonces no se trataba de mi niña.

No pudieron ayudarme las autoridades. Me dirigí a un representante, Giovani Salguero, quien dijo que entendía mi situación. Me hizo conocer que habían gestionado una reunión para un viernes donde estaría el Ministro, Comandante y otras autoridades porque mi caso era de prioridad, pero no podía hacerse antes. Me quedé haciendo muchos esfuerzos y el día de la reunión me dirigí a la Cancillería, pero un hombre me dijo que vayamos a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) donde no estaba ni el jefe de Trata y Tráfico y terminó atendiéndome un teniente que le prestaba más atención a su celular, mientras me decía que le cuente mi caso y que le envíe los documentos. Me molesté porque no fui para contarle la historia, se suponía que ellos la conocían y tenían la documentación o por lo menos eso me había dicho Salguero y mi presencia era para coordinar. Me levanté y dejé ese lugar con desilusión e impotencia. 

P. Conocimos que se realizó una prueba de ADN con una joven que probablemente sería su hija, ¿salió el resultado?

R. Sí, hace una semana me entregaron el resultado del ADN. Tenía mucha fe y esperanza, pero la prueba salió negativa. A la joven la conocí por redes sociales y me impactó mucho porque ella tiene un rasgo particular que es una mancha blanca con forma de un mapa que está detrás de su oreja y esa misma marca la tiene mi hijo menor. 

Yo pienso que a mi hija la sacaron de Bolivia. Ella puede que ahora tenga hijos, esté casada y haya formado su propia familia. Solo quisiera volver a verla y abrazarla. No me interesa que la tía o el padre de mi hija vayan presos y se los he dicho, solo quisiera que revelen todo lo que saben para que encuentre a mi hija. Si los investigadores hubieran hecho, en su momento, un buen trabajo no estaría atravesando todo esto y buscando mi hija ya 32 años.