Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 19 de junio de 2024
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‘Justicia por mano propia’, muchas veces errada

En varias ocasiones, los ánimos caldeados, enardecidos y hambrientos de lo que creían que era ‘justicia’ acabaron con la vida de personas que resultaron ser inocentes de las acusaciones por las cuales fueron señalados en su momento.
‘Justicia comunitaria’, muchas veces errada.
‘Justicia comunitaria’, muchas veces errada.
‘Justicia por mano propia’, muchas veces errada

Los linchamientos en Bolivia despiertan memorias sobre casos que muchas veces terminaron con vidas inocentes, casos sin resolver y muchos culpables cuya vida terminó a manos de comunarios y vecinos de distintas regiones del país.

Desde crímenes relacionados con robo, violencia o agresiones, hasta acusaciones a ciertas autoridades; varios fueron los escenarios antesala a las tragedias que activaron duros cuestionamientos contra la justicia por mano propia.

Actualmente en Bolivia, uno de los temas más polémicos en la sociedad es la justicia ordinaria, en torno a la cual gira una serie de discusiones, debates y cuestionamientos, no sólo por analistas sino también por la sociedad en su conjunto. En ciudades principales y en comunidades rurales, los hechos de asalto, muerte, robo, atraco, etc., son cotidianos. 

Ante este ‘vacío de justicia’ surge una necesidad urgente de recurrir a la ‘justicia por mano propia’ como una solución al problema. Una justicia con las propias manos, que muchas veces llega al extremo de cometer linchamientos y torturas, que no son mecanismos propios de la justicia comunal.

Autoridades que el Comité de Derechos Humanos recomendó al Estado boliviano el año 2013 “tomar medidas urgentes para garantizar que todos los linchamientos sean investigados sin demora, que los autores sean enjuiciados y sancionados debidamente, y que las víctimas reciban una reparación adecuada. Asimismo, el Estado debe fortalecer la intervención de la policía y del Ministerio Público en la prevención y persecución de estos delitos, y reforzar las campañas de prevención y sensibilización, incluyendo en el ámbito escolar y en los medios de comunicación”.

El abogado penalista Duglas Valmir lamenta que el mecanismo de la justicia por mano propia haya sido tantas veces confundido con linchamientos e incluso torturas, tras lo cual las personas que incurren en estos actos fuera de la ley pactan incluso silencio, acallando el hecho y borrando las pistas.

“La justicia por mano propia ni siquiera llega a implicar la muerte, porque dentro de las mismas comunidades se establece que si los casos son altamente graves los acusados deben ser entregados a las autoridades policiales”, detalló.

CARLOS LLANO

Uno de los casos, entre los que despertaron más indignación en el país, fue la muerte de Carlos Llano en la ciudad de El Alto en 2016.

Carlos Llano Rodríguez tenía 32 años el 23 de marzo de 2016, cuando la Policía encontró su cuerpo en la urbanización de San Luis en la ciudad de El Alto, en La Paz, camino al lago Titicaca. Solo sus tenis blancos y sus medias a rayas no habían sido consumidos por el fuego. Su hermana Tatiana reconoció esas prendas cuando las vio en la televisión, aunque prefirió pensar que no era Carlos.

El joven había ido al barrio San Luis en busca de su esposa e hijos imaginarios y de una madre que había fallecido. Padecía esquizofrenia.

“¡Ratero, ratero!”, fue el grito de una mujer del lugar señalando a Carlos. Durante las próximas cinco horas fue rodeado por una multitud, golpeado, rociado con gasolina hasta que una mano prendió un fósforo y lanzó la llama al ensangrentado cuerpo.

Cuando tenía 16 años, Carlos sufrió una ruptura amorosa con la primera y única mujer a la que amó. Desde ese momento, se sumió en una profunda depresión y nunca pudo aceptarlo, contó Tatiana a ANF, estudiante de derecho que asumió la defensa para limpiar el nombre de su hermano, que murió acusado de ladrón y linchado en enardecidos hombres y mujeres.

El amor de su vida nunca se desentendió de Carlos, pero sus vidas tomaron caminos distintos. La que fuera su pareja vive fuera del país, pero siempre que llegaba al país lo visitaba. Incluso después de su fallecimiento.

Los últimos informes del caso se refirieron a la detención preventiva que cuatro personas guardaban; entre ellas, Samuel Cañizaca y Silverio Cauna, “por ser los autores del hecho, ya que los mismos agredieron físicamente a la víctima hasta el punto de que pierda la vida. Posteriormente no denunciaron el hecho para eludir a la justicia”, informó el Ministerio Público.

Teresa Mamani y Ramona Chura también ingresaron a la cárcel por ser instigadoras y encubridoras de la muerte del hombre. Lourdes Coyo fue imputada por complicidad, pues proporcionó el alcohol de su tienda para terminar con la vida de Carlos.

Entre la extensa lista de imputados, figuran los nombres de Hilaria Paco, Emilio Chino, Juan Mamani, Bany Rati Alanoca, Rolly Cadena, Elena Quispe, Gonzalo Cauna y Julio Churata. La Fiscalía señaló como partícipes a otras 18 personas de la misma urbanización, identificadas en un documento.

Aunque para las autoridades los indicios hallados en la primera etapa investigativa eran suficientes para comprobar las autorías y complicidades, en su momento, los vecinos del lugar cavaron zanjas en la urbanización, para evitar el ingreso de Policías.

La zona San Luis está ubicada en el área urbana de la ciudad de El Alto, sus pobladores son de condición migrante campesina. Muchos de los acusados detenidos eran albañiles, choferes, comerciantes y amas de casa. Todos realizaron un pacto de silencio en tanto duraron las indagaciones.

ESQUIZOFRENIA

La mente de Carlos construyó una familia. Creía que tenía esposa e hijos y que su madre estaba viva. Nunca se casó, no tuvo hijos y su madre murió en 2014, pero estaba seguro de poder encontrarlos un día.

Hubo una ocasión en la que desapareció por cinco días. Caminó hacia el lago Titicaca, donde pensaba que sus hijos y esposa lo esperaban. Volvió a su casa como un náufrago, con el rostro quemado por el sol y labios deshidratados.

Al inicio de su enfermedad, su familia intentó evitar que saliera a caminar a la calle, pero no lo logró. Rogaba a su familia que le permitieran salir para ‘encontrar a su familia’.