Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de octubre de 2022
  • Actualizado 20:06

LAS VÍCTIMAS DICEN QUE LOS CONTACTABA POR LA APLICACIÓN DE CITAS

La ‘estafadora de Tinder': quién es Consuelo Rivero, la boliviana a la que acusan de robar dinero a empresarios

Fotografías actual y pasada (de 2012) de Consuelo Rivero Hoyos, la boliviana conocida como la %22estafadora de Tinder%22.       FACEBOOK-TOMÁS MOLINA
Fotografías actual y pasada (de 2012) de Consuelo Rivero Hoyos, la boliviana conocida como la %22estafadora de Tinder%22. FACEBOOK-TOMÁS MOLINA
La ‘estafadora de Tinder': quién es Consuelo Rivero, la boliviana a la que acusan de robar dinero a empresarios

Consuelo Rivero Hoyos se ha hecho popular por el reportaje estrenado hace una semana en Cuarto Poder, programa de televisión peruano, donde es presentada como la “estafadora de Tinder”. Según lo revelado en el audiovisual, la boliviana, de 40 años, conquistaba hombres, mayormente empresarios o de buena posición económica, a través de una aplicación de citas. Terminaba sonsacándoles importantes sumas de dinero.

Rivero Hoyos nació el 15 de octubre de 1982 en Santa Cruz. Es acusada de estafar al estilo de Simón Leviev, un Don Juan que se hacía pasar por millonario y que consiguió apropiarse del dinero de mujeres que conoció a través de Tinder. Su historia fue contada en un documental de Netflix, El estafador de Tinder.

Su supuesto “modo de operación” era hacer gala de su belleza y presentarse como una abogada exitosa y pudiente. Esa era su carta de presentación para conseguir “matches”. Luego, pagaba la cuenta de las primeras citas a restaurantes lujosos mostrando que el dinero no era un problema para ella. El siguiente paso era animarlos a que inviertan en la compra de lotes o departamentos en Bolivia o pedir préstamos de dinero, con la promesa de pagar intereses, para hacer crecer los supuestos negocios que tenía con amistades. Estas “estrategias” fueron reveladas por personas que dicen ser víctimas de Consuelo Rivero, aunque ella, entrevistada por algunos medios de comunicación bolivianos, ha rechazado las acusaciones en su contra y niega ser la “estafadora de Tinder”. 

Tres víctimas, entre ellas una mujer, han decidido “desenmascararla” exponiendo sus casos en entrevistas televisivas. Uno de los más conocidos es del peruano Julio Chirinos, administrador de empresas, docente de posgrado y coach, quien asegura haber entregado a la boliviana la suma de 100 mil dólares.

Chirinos quedó encantado por la boliviana. “Es por Zoom que en menos de una semana esta persona (Consuelo) me enamora”, dijo el peruano, entrevistado en Cuarto Poder.

Su relación amorosa duró poco más de un año, desde 2021. En ese tiempo, conoció a las dos hijas y a la familia de ella y todo parecía marchar bien. 

Después de un tiempo de convivencia, en el inmueble del peruano, la boliviana le propuso comprar un lote y luego un departamento, valuados en 150 mil y 220 mil dólares, respectivamente, en Santa Cruz. Según Chirinos, la cuota por el terreno era de 800 dólares, mientras por el departamento de unos 1.500 dólares, pero antes habían pagado unos 12 mil dólares de cuota inicial.

Él le entregaba el dinero a su pareja y creía que ambos estaban pagando las propiedades. Todo cambió cuando su relación sentimental se quebró. Chirinos le pidió la documentación de todo para saldar cuentas. Según su testimonio, los papeles entregados por Consuelo serían falsos y el lote y el departamento no existirían.

Presume que el dinero que le entregó lo usó para enamorar a otros hombres y, tras mostrarse adinerada, los convencía de invertir en negocios o comprar inmuebles y quedarse con su plata.

¿LA PALABRA DE UNO CONTRA LA DEL OTRO? Consuelo rechazó la versión de Chirinos. Durante una entrevista con el programa Fama, Poder y Ganas, dijo que conoció al peruano por Facebook tras recibir una invitación a una charla dirigida por él. Se conectó al conversatorio y, desde entonces, entablaron una conversación que dio paso a la relación sentimental.

Durante la convivencia, Chirinos le habría obsequiado ocho mil dólares, por la venta de un auto, que usó como monto inicial para adquirir, con préstamo bancario, una camioneta (que actualmente estaría en poder del denunciante). Sobre las propiedades, refirió que su exconviviente le entregó en total unos 4.500 dólares, cuotas iniciales por ambos bienes, y la dejó con deudas.

Eso no es todo. Consuelo acusa a Julio de ser un hombre violento y extremadamente celoso. Para la boliviana, la relación con el peruano fue “tormentosa”.

Dijo que Julio la retuvo en su departamento, desde las 17:00 del 11 de agosto hasta las 08:00 del 12. Durante ese tiempo, refiere que fue obligada a aceptar que cometió delitos, mientras su expareja la grababa con su teléfono, y firmó y puso sus huellas en un documento donde aceptaba pagar un resarcimiento por el monto que ahora es exigido y luego la conminó a transferirle la camioneta. Además, habría sido víctima de violencia.

Todo eso es rechazado por Chirinos, quien aseguró que la boliviana, al verse descubierta, aceptó grabar el video pidiendo disculpas a los familiares de Julio y aceptando haber cometido estafas. Dijo que no la agredió físicamente y que las fotos que ella muestra como prueba del hecho violento responden a un trabajo de maquillaje.

Según el peruano, Consuelo lo demandó hace varios meses por violencia. Contó que la mujer recibió un ramo de rosas en octubre de 2021, cuando cumplía años, y él preguntó quién se las había enviado, pero ella se negó a revelar el nombre. Julio decidió llamar a la floristería para averiguar la identidad de la persona que pagó por ese detalle, pero su conviviente fue tras él y, cuando pretendía evitar que su pareja cierre la puerta del dormitorio, sufrió una herida en el dedo. Chirinos dijo que el proceso concluyó y él fue declarado “inocente”. 

Para Consuelo, la denuncia pública de su expareja es una respuesta a la demanda que ella interpuso en agosto de este año en contra de él por secuestro y violencia física y psicológica. Dijo que ella formalizó la demanda 10 días antes que Chirinos. A mediados de septiembre, ambos deben prestar sus declaraciones.

LA HISTORIA DETRÁS DEL OTRO “MATCH” Germán Caballero, empresario agrónomo, conoció a Consuelo a través de Tinder. Su primera cita en febrero de 2020 fue en un restaurante lujoso de Lima, Perú, donde ella decidió pagar la cuenta de 750 soles (casi 200 dólares). 

“Me pareció una persona madura e independiente. Me cayó muy bien”, dijo. 

Al poco tiempo de salir, Germán recibió la fotografía de una ecografía de Consuelo, donde le revelaba que estaba embarazada. El empresario peruano le mostró la imagen a su amigo, ecógrafo, quien le dijo que la mujer tenía entre 10 a 12 semanas de gestación, pero el tiempo de relación no coincidía y, de esa manera, descubrió que estaba pretendiendo sacar ventaja del supuesto embarazo y sacarle dinero.

Decidió cortar la relación. Después de un tiempo, una amistad le enseñó una fotografía donde Consuelo posaba con un hombre. Su acompañante había subido a Facebook la foto. Para él, esa imagen le confirmó que ella solo buscaba aprovecharse, pero no logró su propósito porque no llegó a entregarle dinero.

UNA “FALSA AMISTAD” La peruana Lidya Guisado conoció a Consuelo hace unos seis años. Ella era la esposa del hermano de su amiga.

Según Lidya, Consuelo se ganó su confianza. Al principio, la boliviana le pedía prestado dinero, pero no eran montos elevados, y se los devolvía. Hace dos años, la convenció de entregarle unos 15 mil dólares para invertir en un negocio de maquinaria pesada. A cambio iba a pagarle una “tasa de interés rentable”, pero no le devolvió la plata.

La peruana tiene un documento firmado por Consuelo, pero ella se siente segura y, en una oportunidad, le dijo: “Por deuda no hay cárcel”. 

Consuelo, consultada sobre esta deuda en el programa Que No Me Pierda, dijo que su exesposo prometió pagar el monto adeudado tras un acuerdo previo de divorcio.

Para Lidya, Consuelo es una experta en temas de estafa. Se acercó a ella mostrándose como víctima de violencia y le decía que la quería como a una “hermana”.

La peruana sospechó que algo no andaba bien cuando Consuelo la abandonó con sus hijas en el puesto de control migratorio, donde le advirtieron que podía ser procesada por trata y tráfico de menores de edad. La boliviana le había invitado a pasar unos días en Santa Cruz, pero llegando a la frontera la despistó y la mandó al puesto de control con sus hijas, menores de edad. Los agentes preguntaron por la madre o el permiso de viaje, pero su “amiga” no apareció en el lugar ni contestó las llamadas y tuvieron que devolverlas a Perú.  

Después, Consuelo quiso excusarse diciendo que temía que le nieguen la ciudadanía peruana. 

Según Lidya, hay más víctimas de Consuelo e incluso se creó un grupo de WhatsApp, donde una de ellas reveló que la boliviana organizaba “pasanakus” y desaparecía con el dinero recaudado de sus amistades. Otros la acusan de suplantación de identidad.

DE BOLIVIA A PERÚ Consuelo Rivero Hoyos es su nombre original. En cierto momento, generó dudas sobre su identidad porque la conocían como Consuelo Estrella Rivero Hoyos o Consuelo Ortega Maldonado. 

El primer encuentro de Rivero con la justicia ocurrió en 2012. En ese momento fue denunciada por estafa agravada a víctimas múltiples y estuvo recluida preventivamente en Palmasola, por al menos un año y medio. Se conoció que ofreció en anticrético un inmueble que era de propiedad de la tía de su expareja, sin su consentimiento, y recibió dinero de varios interesados, quienes no pudieron mudarse al departamento y formalizaron la demanda.

Sobre el caso de Consuelo, el abogado y exdirector general de Régimen Penitenciario, Tomás Molina, recordó hace unos días, a través de su cuenta en Facebook, que “conoció, lidió y penalizó” a la cruceña logrando su detención preventiva en Palmasola.

“Dicha mujer, llamada Consuelo Rivero Hoyos, de una belleza despampanante, utilizaba sus atributos físicos para embaucar y desplumar a varones sedientos de sexo, amor y aventura, yerba mala que abunda en estas tierras del Bajo y Alto Perú”, refiere en su publicación. 

Todo comenzó cuando Juan Carlos conoció a Consuelo en Cochabamba. Según el abogado, el boliviano había llegado de Estados Unidos con la intención de administrar su propio negocio. Su tía le sugirió radicar en Santa Cruz y puso a su disposición un departamento, próximo a la universidad. Él, Consuelo y las dos hijas de ella se mudaron a esa ciudad. 

A la semana de su convivencia, Juan Carlos recibió la llamada de su tía, quien se encontraba delicada de salud, y decidió viajar a Cochabamba. Ese mismo día, Consuelo habría puesto un anuncio en un periódico ofreciendo en anticrético el amplio departamento (amoblado, con garaje y todos los servicios) a un costo accesible, por nueve mil dólares. Varios interesados, entre ellos estudiantes, se contactaron con ella. Les dijo que su esposo, supuestamente empresario agrícola, se encontraba en el campo, pero que llegaba en una semana a la ciudad e iba a firmar el contrato de anticresis para que puedan ocupar el inmueble. En tanto, ella recibió el dinero firmándoles un documento de préstamo y recaudó en total unos 50 mil dólares. Para Molina, la mujer hizo eso con “dolo y malicia” porque sabía que por deudas no hay prisión. 

Juan Carlos regresó a Santa Cruz y descubrió que estaba metido en un serio problema. Molina representó a cinco jóvenes que habían dado adelantos de entre cuatro y cinco mil dólares.

“El juicio fue tremendo y con todo tipo de obstáculos porque la belleza de la imputada era medicina recomendada para muchos policías, fiscales y jueces. En la Policía no querían abrir ninguna investigación, señalando que el caso al ser de deuda correspondía al área civil, lo propio ocurrió en la Fiscalía, por lo que tuve que reunir a todos los muchachos y presentar una denuncia conjunta por estafa agravada, con múltiples víctimas, y solo así se abrió el proceso en contra de Consuelo y Juan Carlos”, escribió.

Juan Carlos fue parte del proceso debido a que Consuelo declaró que todo el dinero recibido se lo había entregado a él. El hombre se vio obligado a devolver los montos estafados, con todos sus ahorros traídos de Estados Unidos, para recuperar su libertad.

Consuelo, consultada sobre su detención en Bolivia, prefirió guardar silencio. Señaló, durante las entrevistas en medios de comunicación, que no hablará de su pasado argumentando que ninguna persona es “hoja en blanco”.

Durante años no se tuvo rastros de las actividades de Consuelo, hasta este 2022, cuando Chirinos contó su historia. El nombre de la abogada, titulada en Bolivia, ocupa titulares de medios de comunicación.