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  • Diario Digital | jueves, 24 de junio de 2021
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LOS CONTENIDOS DE LOS MEDIOS SE RIGEN POR EL PROPÓSITO COMERCIAL

El rating y una tragedia televisada

Sarah A. y Dagner R., cuando concursaban en el programa de TV.    Archivo
Sarah A. y Dagner R., cuando concursaban en el programa de TV. Archivo
El rating y una tragedia televisada

El 27 de abril, cuando Sarah A. y Dagner R. tiñeron de dolor y tragedia la jornada cayendo del piso 12 de un condominio en Santa Cruz, varios medios de comunicación, especialmente los televisivos y los alternativos que funcionan en redes sociales, tomaron el video sensible en el que se observa la precipitación de la víctima masculina y repitieron las imágenes, entregándoles a sus audiencias el segundo a segundo del momento en el que Dagner se dirigía hacia la fatalidad.

Algunos apelaron a las pantallas compartidas. De un lado, las imágenes dramáticas, repetidas una y otra vez. Del otro, el relato de algún allegado a la pareja, narrando las anécdotas de las víctimas cuando la desgracia aún no se había consumado. Drama y muerte. Dos elementos que aparecen en los contenidos que brindan los medios de comunicación y que engranan para generar mayor rating y que los propósitos comerciales se vean cumplidos.

Marcelo Guardia, docente catedrático e investigador cultural, entiende que se contaminan los géneros. “En los noticieros estamos viendo, con frecuencia, que el género informativo se está mezclando con la ficción y la publicidad. Los medios de comunicación están tergiversando, por políticas internacionales, los límites de los géneros que en las universidades enseñamos. Hay una materia, que es periodismo, otra, que es publicidad y otra, que es cine. En la práctica, las cosas se mezclan porque el trabajador debe trabajar. Entonces, ¿qué va a hacer si le dicen lo que debe hacer? Ahí hay una decisión personal en un contexto de desempleo y todo aquello”.

Cuando la tragedia es televisada, con el objetivo de engrosar la audiencia, Guardia considera que “el periodismo vulnera el derecho a la privacidad por no respetar el dolor frente a situaciones extremas como muerte o enfermedad”. “En ese caso, el informativo está aprovechando una situación para ganar rating, porque, en el fondo, los medios de comunicación buscan rating ¿Cómo lo hacen? A través del escándalo, la muerte y el sexo. Ves, por ejemplo, cuánto tiempo dura la nota de la caída del hombre y las incidencias de ese momento, comparándolo con una noticia política, por ejemplo, sobre los impuestos. El medio prioriza las emociones y el espectáculo vinculados con la muerte y la vida privada sobre temas sociales que podrían tener mayor repercusión en la vida y la cultura”.

Luego de que se conociera que Sarah y Dagner han hecho parte del programa Calle 7, emitido por la red Unitel, y que en ese formato de “entretenimiento” ambos expusieron detalles de su vida amorosa (celos, ruptura temporal, entre otros), se produjo un trending topic (temática en tendencia) en las redes sociales que puso en tela de juicio el aporte de ese tipo de programas para la sociedad.

El analista y filósofo Oscar Gracia comprende que los contenidos mediáticos, específicamente de la TV, responden al mandato de la comercialización. Por ello, se vuelve más estrecho el espacio para las propuestas centradas en actividades culturales o artísticas “elegantes”, por ejemplo.

El concepto de “democratización” del entretenimiento contribuyó a que los contenidos se vuelvan más populares. “Si bien tenemos, por un lado, el hecho de que el entretenimiento se democratizó en el sentido de que adquirió contenidos mucho más populares, al gusto de una sociedad más amplia, esos propósitos comerciales han hecho que, muchas veces, se pierda de mira cualquier tipo de construcción ética, cognitiva o productiva, y se centren las cosas en la inmediatez de aquello que más llama la atención de las masas, que son los escándalos, los problemas e incluso el mismo evento, la muerte”.

La tematización de la vida privada, es decir, la exhibición de la intimidad, es producto, según Gracia, de las nuevas herramientas técnicas de los medios, que dan vía a que los focos entren a los entornos privados. Los contenidos también hablan del público. “La construcción de escándalos en estos realities se da porque son los que más convocan a la audiencia, los que apelan a la emoción, al entretenimiento. Hay que entender la complejidad de los medios de comunicación. Son sistemas que crean relaciones entre las personas, que pueden generar un proceso más amplio de comunicación, pero a la vez tienen un propósito comercial al que deben responder. Eso es innegable”.

Sobre los programas que muestran contenidos sexistas, Gracia refleja que “las limitaciones que deberían establecerse van por el lado de las cuestiones obvias: contenidos sexuales muy exhibitivos no tendrían que ser puestos en la pantalla chica por la falta de control que pueden ejercer los padres y la forma en que esto puede afectar a los jóvenes”.

TRANSACCIÓN COMERCIAL Guardia entiende que la exhibición de la vida privada en los medios de comunicación no es un fenómeno nuevo ni propio de Bolivia, sino que proviene de formatos internacionales también asociados con los talk shows de América Latina. El “melodrama”, explica, es el recurso que distingue a la novela, aunque adaptado a contextos “reales”.

“Es el melodrama de la telenovela, pero en personajes reales. Además, en contextos donde se provocan situaciones emocionales en que se enamoran, pelean y discuten, en el que ponen en juego toda su parte personal, su psicología y esas cosas, que son interesantes porque hacen parte del melodrama”.

La salvedad es que, en casos como los programas de entretenimiento, se produce una explotación de la vida personal bajo consentimiento, por lo que la televisación de la intimidad queda permitida a través de una “transacción comercial”.

“La vida privada y la íntima debieran ser protegidas, pero cuando la persona decide exponerlas en un reality show o un talk show, nadie puede decirle nada. Está negociando, es una transacción comercial. Vendo mi vida privada a cambio de un negocio o status”. Guardia prefiere no cuestionar si estos programas “sirven o no”, “porque si tienen mucho público, deben servir para algo”. Cree que la demanda de la audiencia se justifica, sobre todo, en el hecho de que esta busca contenidos que la saquen de la realidad y la distiendan.

“El público escoge este tipo de programas porque seguramente se distensiona, se emociona, se alegra. Está buscando sensaciones, no educación, ilustración u orientación, en ese momento”.

Relación

No creo que haya una relación entre la violencia de la ficción y la violencia de

la vida privada. Estos son temas mucho más profundos y culturales que tienen

que ver con la relación de poder entre el varón y la mujer”.

Marcelo Guardia

Docente investigador