Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de septiembre de 2021
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CAROLA DE LA ROCHA EXPLICA QUE 95% CONSUME EN RECINTOS

Drogas, políticas de salud y cárceles

La médica psiquiatra Carola de la Rocha.    Gentileza
La médica psiquiatra Carola de la Rocha. Gentileza
Drogas, políticas de salud y cárceles

La médica psiquiatra Carola de la Rocha, con formación forense, está convencida de que con un acompañamiento desde el aspecto farmacológico y terapéutico es posible pensar en “darles una oportunidad” a las personas que están recluidas en los recintos penitenciarios y que tienen un vínculo con las drogas. Si bien aclara que es complejo alcanzar la rehabilitación en sí misma, también asegura que es factible conseguir su recuperación.

Claro que la ausencia de políticas orientadas hacia el cuidado de la salud psicológica, aspecto que considera elemental, es evidente, según De la Rocha, pues desde el Estado no existen programas al respecto. “Falta inversión y ahí, pues, eso depende de las autoridades. Si se diera el apoyo, si se invirtiera con los profesionales que hay, porque los hay, creo que sí se podría ayudar a las personas que están dentro de estos centros. No recuperarlas, pero sí darles una oportunidad de vida que lleven medianamente para establecer algo adecuado que se adapte a su sistema, pero bajo control. No hay políticas en salud mental, y sociales, tampoco”, lamenta la especialista.

Son muchos los factores a tomar en cuenta cuando de reinserción social se habla. Las adicciones, los antecedentes individuales que datan de la niñez y la adolescencia; y los rasgos en el comportamiento son algunos. Sin embargo, desde la psiquiatría se apuesta por la interacción con un “conjunto multidisciplinario”, es decir, las acciones dirigidas desde varios expertos.

De la Rocha entiende que se simplifican procesos en cuanto a la asistencia de los presidiarios porque ello resulta más “económico” que tratarlos. Y las sustancias adictivas, que van desde la marihuana hasta la cocaína, son el riesgo presente.

“Eso es lo que cuesta todavía, como sociedad, implementar para estas personas. Por eso se las deja solas, pues es mucho más económico. Yo, que he tenido la oportunidad de entrar a algunos centros penitenciarios de la región (Santa Cruz) y otras provincias de la ciudad, he visto muchas carencias, no solamente en la parte emocional, pues necesitan apoyo, sino también físicas. Es terrible”.

Su experiencia en el campo de la salud mental y sus visitas a recintos carcelarios la han topado con relatos y respuestas conformistas. Por ello, la psiquiatra concluye que las drogas son una cosa muy a la mano dentro. “Tengo pacientes que todo el tiempo salen y entran de Palmasola y otras cárceles. Dicen que es la única forma (para seguir). ‘¿Qué más vamos a hacer, doctora?, si no consumimos, no tenemos nada más que hacer. Es la única manera de mantenernos, por lo menos, para que pase el tiempo’, responden”. 

Y cuando ella pregunta qué sustancias utilizan, suele encontrarse con contestaciones que coinciden en “que lo más fácil de hallar es la marihuana, o ya si no hay plata, pasta base, mientras que los que tienen un poquito más (de dinero), cocaína”.

De la Rocha advierte que el 95% de los presidiarios de Bolivia tiene alguna relación con las sustancias, en mayor o menor grado. “EL 95% de las población en una cárcel consume drogas”, asevera.

Su primer acercamiento con una prisión se dio hace cinco años, cuando aún era novata en la carrera clínica. Entonces, visitó Palmasola, pues la consigna era que los egresados pudieran valorar a los internos. Le tocó conversar con 100 de ellos. Era imposible que existiera, de fondo, un tratamiento, señala, porque “no hay ni había condiciones”. Allí le tocó enfrentarse con el caso de una persona que ostentaba un gran liderazgo entre el resto y que tenía ciertas alucinaciones relacionadas con el misticismo.

Si bien no logró hacer el seguimiento de ese caso y valorarlo en profundidad (no concretó un perfil hormonal ni de adicciones), considera que, probablemente, haya estado bajo los efectos de alguna sustancia.

ANTECEDENTES En su recorrido como psiquiatra, la médica se ha encontrado con distintas patologías. Entiende que los antecedentes personales, es decir, aquellos ligados con la niñez, la adolescencia, la crianza, las vivencias e incluso la etapa en la que el individuo ha estado dentro del vientre materno, son imprescindibles para la comprensión.

En cuanto a las patologías, la sociopatía es una de ellas, y trae consigo una conducta disocial, explica. La violación a las normas, irritabilidad, deshonestidad, carencia de empatía y despreocupación constante son algunas de las características. Si a ello se le suma el consumo de drogas, el fenómeno es más complejo. “Entonces, no estaríamos hablando de una sola cosa”.

EL CAMBIO Conseguir un cambio real no es fácil para ninguna persona, dice la psiquiatra, tampoco lo es para los presidiarios con un pasado criminal fuerte. “De por sí, el cambio resulta medio difícil. Por ejemplo, tengo mi vida un poco encuadrada, me levanto (a una determinada hora), hago esto y lo otro. Entonces, que me digan: ‘no, ya no lo vas a hacer, tienes que habituarte a otra cosa’, genera cierta dificultad en nuestra rutina diaria”.

“Ahora, en quienes ya tienen aprendido eso directamente hacia lo negativo, es muy, muy difícil. Acá entra con mayor fuerza la parte psiquiátrica, porque se debe encuadrar en ciertas soluciones farmacológicas que dirijan a actuar de manera más rígida. A nivel cerebral, hablamos de la parte frontal, que es la que regula las emociones, impulsos y forma de adaptarnos al mundo. Si ahí se genera un problema mediante el que no es posible adaptarse a las situaciones y allí se ha producido el daño desde pequeño, en el tiempo va a ser muy difícil ese cambio. Va a necesitar sí o sí, de por vida, un apoyo”.

Por su parte, un compendio de Naciones Unidas, titulado “Consumo de drogas en población privada de libertad y la relación entre delito y droga”, analizó en 2010 la problemática en países de la región, entre ellos, Argentina. El trabajo refiere: Considerando cualquier droga ilícita, mientras 6.4 de cada 10 personas privadas de libertad consumieron alguna vez una droga ilícita, en la población general del mismo tramo de edad son 1.7 de cada 10. En todas las drogas ilícitas, la población privada de libertad por lo menos triplica el uso de alguna vez en la vida a la población general”.

APUNTE

Un estudio de Naciones Unidas de 2010 indica que, en Ecuador, las drogas ilícitas con mayor predominio en los centros son la marihuana (28.4%), cocaína (10.8%) y pasta base (10.6%).