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  • Diario Digital | sábado, 21 de mayo de 2022
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Crimen y castigo: ‘hubo justicia, pero Ariel no volverá y mi hija se quedó sin padre’, dice viuda

Edwin Carata y su primo Brayan Quispe, de 32 y 22 años, fueron declarados culpables del asesinato del arquitecto Ariel Rodríguez. Pasarán 30 años recluidos en las cárceles de El Abra y San Sebastián Varones, respectivamente.

El arquitecto Ariel Rodríguez Orellana. CORTESÍA DE LA FAMILIA
El arquitecto Ariel Rodríguez Orellana. CORTESÍA DE LA FAMILIA
Crimen y castigo: ‘hubo justicia, pero Ariel no volverá y mi hija se quedó sin padre’, dice viuda

El grito de dolor fue escuchado. La tarde del miércoles 11 de mayo de 2022, el Tribunal de Sentencia No. 1 de Cochabamba dictó la pena máxima, de 30 años de cárcel sin derecho a indulto, para Edwin Carata Bejarano y su primo Brayan Héctor Quispe Bejarano, asesinos del arquitecto Ariel Rodríguez Orellana. El primero es el autor intelectual y material del macabro crimen ocurrido el 23 de octubre de 2020 en uno de los inmuebles de una urbanización de Chacacollo, a la altura del kilómetro cinco de la avenida Villazón, camino a Sacaba.

Las cicatrices de la familia nunca desaparecerán, pero un poco de consuelo llegó a sus vidas. “Estoy un poco más tranquila, pero no feliz porque el asesino está vivo y seguirá viendo a sus hijos, mientras mi hija se quedó sin padre. Él (Edwin Carata) nos lo quitó y no solo a mi hija y a mí, sino a los papás (adultos mayores) de Ariel, quien velaba por ellos. Nada nos regresará a Ariel y su asesino se merecía pena de muerte, pero no se aplica en Bolivia”, dijo Mayumi Luizaga, viuda del arquitecto, tras conocer el veredicto final.

Mayumi, al igual que sus suegros Carmen y Cecilio, no descansó un solo día hasta encontrar justicia. La joven, de 29 años, tenía cuatro meses de embarazo cuando Ariel salió en su camioneta de su casa, en Pacata Baja, a una reunión laboral, pero no volvió más. La pareja, oriunda de Arani, esperaba con ansías la llegada de su primer bebé e incluso Ariel ya tenía el nombre para su primogénita, pero le quitaron la oportunidad de criarla y verla crecer.

Ariel y Mayumi tenían una relación de unos ocho años y se esforzaban a diario por salir adelante. Terminaron el bachillerato en Arani, municipio del Valle Alto, y se trasladaron a la ciudad de Cochabamba para continuar sus estudios. Los últimos tres años estuvieron viviendo juntos en la casa de la hermana mayor (que está en el exterior) de Rodríguez.

Mayumi recuerda al padre de su hija, a quien sus amigos llamaban ‘negrito’, como un joven alegre, soñador, responsable y trabajador. En 2017, Ariel se graduó como arquitecto de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). El siguiente año consiguió su primer contrato laboral y, poco tiempo después, comenzó a construir edificaciones con su empresa A.R. Diseño y Construcción. Ya tenía varios proyectos y todo marchaba bien hasta que “le tendieron una trampa”. 

LA TRAMPA

El 23 de octubre de 2020, Rodríguez (de 30 años) salió en su camioneta a una reunión laboral con unos supuestos clientes que estuvieron insistiéndole para concretar ese encuentro. Edwin Carata, expareja de otra hermana del arquitecto, estaba detrás de esa cita. 

Brayan Quispe y otro hombre, de quien aún se desconoce su identidad, eran los supuestos interesados en contratar sus servicios. Ariel se encontró con ellos y se reunieron en una casa ubicada en una urbanización de Chacacollo, mientras Carata estaba escondido en un ambiente contiguo. Aprovechó la distracción del arquitecto y lo tomó por el cuello hasta reducirlo.

Estos detalles los hizo conocer Quispe, de 22 años, durante el juicio oral. Dijo que dejó a Ariel con vida, pero en manos de su primo. Recordó que el arquitecto clamó ayuda antes de que él se retirara del lugar, pero Carata le exigió que no lo escuchara y luego él salió y se trasladó a su hogar en Quillacollo. Se dirigió a los papás de Ariel pidiéndoles perdón por “no haberlo ayudado”. En cambio, su primo, de 32 años, no mostró “arrepentimiento” e incluso se “burlaba y reía”, mientras se desarrollaban las audiencias en el Tribunal Departamental de Justicia (TDJ) de Cochabamba.

Según la declaración de Quispe, su primo volvió a llamarle el 24 de octubre. Le entregó siete bolsas negras diciéndole que bote la basura en los alrededores del inmueble, pero al interior estaban los restos óseos calcinados de la víctima. De otra parte, se deshizo Carata, pero él nunca reveló los sitios donde dejó los restos causándoles más sufrimiento a los familiares del arquitecto, quienes al menos quisieran juntar todos los restos para darle cristiana sepultura, en su tierra natal de Arani, y dejarlo descansar en paz.

Después de ese trabajo, los primos abandonaron el inmueble que Edwin había alquilado supuestamente para ayudar a Beatriz Erika Vargas G., de 24 años, quien iba a ser su comadre. La mujer, madre de tres niños (de 5 y 2 años y un recién nacido), dijo que desconocía los planes de Carata (amigo que su esposo conoció en la cárcel). Declaró que el principal autor le pidió el 23 de octubre de 2020 las llaves de la casa diciéndole que iba a realizar una parrillada con sus amigos y, por ese motivo, ella y sus hijos se fueron a dormir esa noche a la casa de sus padres en Villa Pagador.

Al día siguiente, volvió a la vivienda alquilada solo días antes del crimen, donde todavía estaba Edwin Carata. Según su versión, apareció Brayan Quispe y le presentó como su “hermanito”. Dijo que vio que una parte del patio quedó ennegrecido, cerca de la lavandería, y creyó que en ese espacio hicieron la parrillada. Los primos se sirvieron un refresco antes de abandonar la casa pensando que lo ocurrido la noche anterior no iba a descubrirse nunca.

Ella dijo que no conoció a Brayan antes de ese 24 de octubre, pero el flujo de llamadas demostró que mantenían comunicación anterior al día del crimen. Sin embargo, la mujer fue juzgada por encubrimiento y recibió dos años de cárcel, al igual que Lucio Aranibar Mamani, de 23 años, quien tenía el celular y la tarjeta de débito (con el PIN) de la víctima. Este último conoció a Edwin en la cárcel cuando su amigo estaba preso por intentar matar a su expareja (madre de sus hijos).

Declaró que Carata le entregó la tarjeta de débito y la contraseña para que saque dinero de la cuenta del arquitecto y a cambio le ofreció quedarse con la mitad de la plata. Su amigo le dio una mochila donde había un canguro y otras prendas de vestir para que las use cuando vaya al cajero y él siguió las instrucciones.

EL OTRO OBJETIVO DE CARATA

Ariel pudo no ser la única víctima mortal. El esposo de la hermana del arquitecto recibió esa noche varios mensajes del celular de su cuñado donde le pedía que fuera por él al inmueble de Chacacollo. Se presume que ese texto lo escribió Edwin Carata para conseguir que el cónyuge de su expareja llegue a esa casa. Él sentía que ellos eran una “amenaza” para sus planes y quería el “camino libre”.

Se conoció que el cuñado recibió al día siguiente un par de mensajes más, pero los ignoró todos. Tampoco reportó esa situación “extraña” a la familia sino hasta unos días después de la desaparición y luego los investigadores le solicitaron su equipo.

Edwin, conocido como El Chino, trabajaba en una fábrica de calzados. La hermana del arquitecto y el esposo de ella vendían comida y llevaban los platos a la empresa donde conoció al que se convirtió en el asesino de su hermano. Ella decidió terminar su matrimonio, aunque su familia no entendía cuáles eran sus motivos. Su madre le ofreció cuidar de una de sus hijas para que pueda salir adelante, pero al poco tiempo supieron que estaba saliendo con Carata. 

Ariel, al igual que su familia, no aceptaba esa relación. Se enteraron que el hombre había estado preso por intentar matar a su expareja y quisieron protegerla de un “potencial feminicida”. Después de un tiempo, la hermana del arquitecto se alejó de Carata y decidió salvar su matrimonio. Cuando todo parecía haber vuelto a la normalidad, Edwin reapareció y buscó a la hermana del arquitecto en la casa de sus padres, en Arani.

573 DÍAS DE OSCURIDAD

Ariel era el menor de tres hermanos y el único hijo varón. El 19 de marzo de 2021, Mayumi recibió la peor noticia de su vida. Los restos óseos de su pareja fueron hallados en Chacacollo después de casi cinco meses de búsqueda.

Brayan Quispe, primo del principal autor, no pudo más con la culpa y rompió el “pacto de silencio”. “Perdón arquitecto, ahora déjame dormir”, dijo el joven cuando dirigió a los investigadores hasta la zona donde dejó los restos calcinados de Rodríguez.

El ahora sentenciado soñaba con el arquitecto, quien le decía “anda, dile a mi familia dónde estoy, dónde me dejaste. Anda, no te voy a dejar dormir si no lo haces”. 

Hasta ese día todo era un misterio. Edwin Carata y Lucio Aranibar, encarcelados desde diciembre de 2020 como sospechosos de la desaparición del arquitecto, guardaban silencio. A Brayan Quispe y Beatriz Erika los detuvieron en marzo de 2021. 

Sobre la sentencia, el abogado de la familia del arquitecto, Rolando Ramos, dijo que la decisión judicial fue “imparcial, ecuánime y justa”. “Valoraron todas las pruebas documentales, periciales y testificales. Los dos acusados principales han sido condenados a 30 años de cárcel, ese era el resultado que estábamos esperando”.

Hay otras dos personas, vinculadas a la venta de la camioneta (recuperada) de Rodríguez, que están siendo investigadas. Una se encontraría en el exterior. 

HASTA EL FINAL

Desde el inicio, Mayumi se armó de valor para descubrir la verdad. En su desesperación, rastreó el teléfono de Ariel y, a los tres días de la desaparición, llegó a la urbanización donde ocurrió el asesinato. Tocó las puertas de los vecinos con la fotografía de su pareja preguntando si lo habían visto en la zona. También les enseñó la foto de la camioneta para saber si pasó por ahí, pero nadie sabía nada. La única casa que no atendió su llamado fue donde victimaron al padre de su hija. 

Comunicó a los policías ese dato, pero algunos le decían que probablemente al arquitecto le robaron su celular y lo botaron en ese lugar, donde ella estaba buscándolo. Otros llegaron a decirle que su pareja seguramente se fue con otra mujer y que en un tiempo más sabría de él, pero ella conocía muy bien a Ariel. Le cambiaron de investigador y sintió más apoyo y compromiso en la búsqueda.

La joven, estando embarazada y luego con su niña (que tiene un año) en brazos, ha recorrido distintas oficinas e incluso viajado, junto a sus padres, a Villa Montes (Tarija) donde encontró hace unos siete meses la camioneta de su pareja. El violento asesinato de Ariel le cambió la vida, al igual que a Carmen y a Cecilio, quienes encuentran consuelo en su nieta.

Ahora que la justicia ha sentenciado a Edwin Carata y Brayan Quispe, quienes estarán presos por 30 años en El Abra y San Sebastián Varones, respectivamente, aguardan los restos de Ariel para despedirlo en Arani.