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  • Diario Digital | sábado, 22 de enero de 2022
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Carmen lucha por su hija contra pederastas libres e impunes hace 6 años

Carmen dijo que presentaron más de 70 pruebas durante el juicio por abuso sexual agravado y corrupción de menores. Su niña fue valorada psicológicamente y los resultados fueron “altamente creíbles”. Se realizaron inspecciones, entrevistas, valoraciones médicas, entre otras durante el proceso investigativo. 

Mujeres piden justicia para la niña, víctima de abuso sexual, durante una de las audiencias en Santa Cruz. PLATAFORMA DE LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES
Mujeres piden justicia para la niña, víctima de abuso sexual, durante una de las audiencias en Santa Cruz. PLATAFORMA DE LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES
Carmen lucha por su hija contra pederastas libres e impunes hace 6 años

El ‘oscuro’ cuarto de oración. Niños y niñas eran sacados de las filas para ser conducidos hasta una habitación ‘especial’ donde les daban juguetes con los que ejercían juegos eróticos y los sometían a actos de abuso sexual.

Sucedió en uno de los colegios cristianos más caros de Santa Cruz, en 2015, donde solo ingresaban niños con dominio de inglés. El establecimiento, con currícula americana, era casi exclusivo para hijos de misioneros y algunos miembros de la iglesia vinculada a esa institución.

Carmen, quien fue diagnosticada con cáncer hace varios años, se convirtió en madre después de una larga recuperación. Para ella y su esposo, su hija es un milagro y su mayor tesoro y, por ello, estaban decididos a darle, entre otras cosas, la mejor educación.

Postularon y lograron que la niña, que hablaba inglés, pero debía mejorar la fonética, sea admitida a prekínder en el colegio Santa Cruz C.L.C., en 2014. A solo dos semanas de su quinto cumpleaños, la menor de edad mostró los primeros indicios, a través de su comportamiento y otras situaciones, de violencia sexual.

A seis años de descubrirse el caso, en contra de tres estadounidenses, campea la impunidad. Jamie Kabernick, profesor, y Benjamín Smith, hijo de un misionero, huyeron del país tras anoticiarse del proceso en su contra por abuso sexual y corrupción de menores.

Misty S.C.L., quien era directora interina del colegio cuando se conoció la denuncia, fue la única que enfrentó el juicio por corrupción de niña, niño o adolescente. El 26 de diciembre de 2019, un Tribunal de Santa Cruz la halló culpable y le dio una sentencia de cuatro años, aunque ella, desde un principio, alegó inocencia. Las partes apelaron ese fallo y finalmente, en septiembre, cerraron el caso contra la exdirectora por ‘extinción de la acción penal por duración máxima del proceso”. La familia de la víctima pedía 15 años de cárcel para la acusada.

Carmen pide que reviertan esa extinción del proceso y ‘se restauren todos los derechos de la niña víctima de abuso sexual agravado y corrupción de menores’. Asimismo, exige que las autoridades logren la extradición de los dos prófugos. 

LA PESADILLA

Todo comenzó tras que la niña fue aceptada en el colegio bilingüe cristiano. Su mamá se involucró más en las actividades de voluntariado de la iglesia. Jamie Kabernick se acercó a su familia, se ganó su confianza y le propuso que dejara a su pequeña en su casa, al cuidado de su hija de 13 años, mientras ella realizaba sus estudios bíblicos.

El domicilio de Kabernick estaba al frente de la iglesia. Le dijo a Carmen que la niña iba a quedarse con Eliza y Jadon, sus hijos que entonces eran adolescentes, mientras él salía a jugar golf. Eso no ocurrió y él habría aprovechado ese espacio para abusar sexualmente de la menor de edad.

Carmen denunció a Kabernick el 15 de agosto de 2015. Según el informe psicológico realizado por la psicóloga Maritza Gamarra, de la Defensoría de la Niñez, la víctima refirió que el denunciado le ‘hizo una cosa mala’, mientras estaba al cuidado de Eliza. Dijo que el hombre la llevó al cuarto de su hijo, le quitó su ropa interior y le realizó toques impúdicos en presencia de sus hijos Eliza y Jadón, mientras ellos contaban hasta 10.

La niña, en una entrevista ampliatoria, contó que el adulto le indicaba que todo era un juego, pero que no debía contarle a nadie porque era un ‘secreto’. En lugar de abrir y cerrar las manos, le decía que lo haga con las piernas. Dijo que, en una ocasión, Kabernick le quitó la ropa a su propia hija y a ella el pantalón, mientras estaban en el cuarto de Jadón. Su madre llegó para llevársela a casa y tuvieron que vestirse rápidamente. La despachó no sin antes advertirle que no debía contarle nada a su mamá, pero Eliza le había dicho que lo cuente todo y así lo hizo.

Para Carmen y su esposo, la revelación de su hija los dejó perplejos. No podían entender cómo su entorno más cercano, misioneros y miembros de la iglesia, podrían estar implicados en hechos de abuso sexual a menores de edad. El 21 de mayo de 2015, la mamá de la víctima conversó con el pastor y le hizo conocer el testimonio de su niña. El líder de la congregación le comunicó el hecho a la entonces directora interina del colegio, Misty S.C.L.

La entonces autoridad educativa convocó a Jamie Kabernick para hacerle conocer que estaba siendo acusado de violencia sexual contra una niña y, aunque él lo negó todo, le dijo que debía suspenderlo conforme los procedimientos administrativos y que sentaría una denuncia en su contra en la Defensoría de la Niñez y Adolescencia. Misty S.C.L. presentó la demanda ante esa instancia municipal, pero le dijeron que el caso no podía llevarse de oficio y que los padres de la víctima debían hacerse presente para formalizar la denuncia. Ella comunicó esa situación al pastor y él a la madre de la niña. 

Para Carmen, la entonces directora alertó al denunciado sin considerar que, al verse descubierto, iba a darse a la fuga. La misión SIM, que financia y administra el establecimiento, contrató a tres peritos extranjeros para investigar el caso.

A Carmen le entregaron el ‘informe confidencial’ donde confirmaron que su hija fue víctima de abuso sexual y prometieron denunciar los hechos ante las autoridades de su país, pero nunca supo si lo hicieron.

La pesadilla no acabó. Después de confirmarse la denuncia contra el profesor, la niña recibió terapias donde descubrieron que había otros implicados, entre ellos Benjamín Smith, hijo de misioneros, quien también habría abusado sexualmente de la hija de Carmen.

“Para nosotros fue duro aceptar que personas que queríamos hayan participado de estos hechos y en las mismas instalaciones del colegio”, dijo la madre de la víctima.

Carmen contó que su pequeña era sacada de la fila y llevada supuestamente a un ‘cuarto de oración’ donde era sometida, al igual que otros niños, a vejámenes sexuales primero con muñecas y muñecos con los que ejercían juegos eróticos. También les enseñaban en un teléfono imágenes pornográficas, entre otras situaciones.

La denunciante señaló que la menor de edad relató, en entrevista en cámara gesell, todos los vejámenes cometidos en su contra y de otros niños, hijos de misioneros. Según la madre, la niña identifica a Misty, quien no fue mencionada en los primeros abordajes, como la persona que la llevaba al supuesto ‘cuarto de oración’.

Denunció que su hija fue revictimizada durante todo el proceso. Hicieron que participe de una inspección ocular donde se encontraba la entonces procesada, abogados, fiscales, entre otras personas que formaban parte del proceso.

“Me dijeron que si no aceptaba la inspección sería cómplice. En qué casos se somete a una pequeña a ese grado de revictimización. Mi niña tuvo que mostrar el lugar (donde ocurrían los vejámenes)”, cuestionó.

Según la madre, Misty intimidaba a la niña y le habría dicho que no denuncie a Benji (Benjamín Smith). Todos esos hechos fueron negados por la acusada.

La denunciada dijo, en una entrevista con el programa En Sintonía con Roger Romay realizada en septiembre de 2020, que suspendió y denunció ante la Defensoría de la Niñez a Jamie Kabernick, profesor, tras tomar conocimiento del testimonio de la madre de la víctima.

Señaló que el próximo año escolar, que iniciaba para ellos en agosto de 2015, la niña volvió a ser inscrita, a kínder, en el colegio. En octubre de ese año, la mamá de la víctima denunció a Benjamín Smith, estudiante e hijo de misioneros, de abusar de su hija dentro el establecimiento. Un mes después, reportó que Misty, quien ya no era directora sino maestra, sacó a su pequeña de la fila para llevarla al ‘cuarto de oración’ donde fue abusada. La profesora negó la acusación y aseguró que la mamá de la víctima se retractó, respecto a su presunta participación en los hechos, frente al que era el director.

A la niña la sacaron del colegio en diciembre de 2015. Según Misty no supieron más del caso hasta que en marzo de 2017 la arrestaron y pusieron ante un juez que dictó su detención preventiva en el penal de Palmasola, donde estuvo recluida durante 42 días, por presunto encubrimiento y corrupción de menores. Luego, consiguió medidas sustitutivas a la detención preventiva, pero en 2019 dictaron su condena. 

La sentencia fue apelada. La Sala Penal Primera de Santa Cruz anuló la condena e instruyó un nuevo juicio. El caso pasó al Tribunal de Sentencia Tercero en Materia Penal de la Capital, conformada por Raúl Lizarazu, Carlos René Roca y Lily Salazar (disidente), quienes resolvieron en septiembre la ‘extinción de la acción penal por duración máxima del proceso’. Padres de familia del colegio Santa Cruz C.L.C., donde habrían ocurrido los hechos, marcharon en septiembre de 2020 apoyando a Misty.

Para Carmen, se han vulnerado todos los derechos de su hija, víctima de abuso sexual.  “No hay justicia para nosotras. El Tribunal Tercero de Sentencia decide extinguir el proceso penal sin fundamentar su resolución. No es por falta de pruebas sino por máxima duración (…). Exijo que reviertan esta extinción del proceso. Llevo luchando y exponiendo el caso durante seis años, mientras los pederastas han sido protegidos, pero no me rendiré ante esta batalla que ha sido dura porque tengo todas las pruebas”, señaló la madre de la víctima, quien viajó recientemente a La Paz, desde Santa Cruz, tocando puertas y buscando justicia para su niña.

IMPUNE, OTRO CASO DE ABUSO A NIÑOS

¿Dónde está Miguel Antonio Castro?, es la pregunta que se hace Octavio F.M. a más de un año de haber denunciado públicamente al hombre que lo abusó sexualmente cuando era menor de edad. Su agresor, quien admitió el delito, era líder de un grupo de prejóvenes de una iglesia cristiana y regente de una unidad educativa vinculada a esa congregación religiosa, en Cochabamba.

El exlíder prófugo habría abusado de menores de edad desde principios de los años 90. Se habla de al menos nueve víctimas, entre ellos un adolescente que fue agredido durante un campamento en 2018. La denuncia de esta última víctima permitió a la Fiscalía emitir una orden de aprehensión en contra de Miguel Antonio Castro por abuso sexual, el 21 de agosto de 2020, pero a la fecha no se ejecutó ese mandamiento. Desde entonces, su paradero es un misterio.

Octavio reveló la historia que jamás pensó contárselo a alguien. El 14 de agosto de 2020, subió un video en Facebook donde denunció que fue víctima de abuso sexual en su adolescencia (a sus 14 y 15 años) por el líder del grupo de prejóvenes de una iglesia cristiana a la que él asistía en Cochabamba. Después de casi 20 años del hecho de violencia sexual, dio a conocer el secreto que pensaba llevarse a la tumba.

Otras víctimas, que ya son adultos, ofrecieron sus testimonios y “rompieron el silencio”, al saber que no fueron los únicos agredidos por Miguel Castro y con la intención de que el abusador sea encarcelado y deje de dañar a otros adolescentes. El caso de un menor de edad, abusado sexualmente en 2018, permitió abrir la causa penal, pero aún no encuentra justicia debido a que el autor no ha sido aprehendido y puesto tras las rejas. Nadie sabe nada de él y presumen que salió del país.

El exlíder se ganaba la confianza de los padres y de los adolescentes, a quienes los invitaba a su casa a ver películas, comer pizza, realizar juegos, entre otras actividades, pero aprovechaba para abusarlos sexualmente.