Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 25 de septiembre de 2021
  • Actualizado 01:33

SU FAMILIA LA RECHAZÓ HASTA EL FINAL

Alessandra, la historia de una trans victimada por su cliente

Policía realiza el levantamiento legal del cadáver de la joven trans asesinada en un hostal céntrico de Cochabamba.     Dico Solís
Policía realiza el levantamiento legal del cadáver de la joven trans asesinada en un hostal céntrico de Cochabamba. Dico Solís
Alessandra, la historia de una trans victimada por su cliente

Alessandra Ferreti, una joven trans, se vio obligada a prostituirse para “sobrevivir”. El pasado 5 de febrero, un cliente le arrebató sus sueños cuando la estranguló con el cable de una plancha de cabello en la habitación 101 de un hostal de Cochabamba.

Rober es el nombre que le dieron al nacer y así lo conocían hasta la secundaria. Se armó de valor hace un par de años y “salió del closet” para cambiar su orientación sexual y su apariencia física convirtiéndose en una mujer transexual, pero su decisión tuvo consecuencias. 

La joven, de 19 años, vivía en la ciudad de Montero, en Santa Cruz. Creció, en el seno de una familia pobre, al cuidado de sus abuelos porque su madre tiene discapacidad. Su abuela falleció poco antes que ella y decidió dejar su casa por el rechazo de sus parientes.

Se le cerraron puertas y las opciones laborales eran escasas. Decidió vender su cuerpo, aunque eso la exponía a riesgos. En Bolivia, el 90% de las personas trans ejerce el trabajo sexual ante la falta de oportunidades, según la activista por los derechos humanos de la población Trans, Chantal Cuéllar.

Alessandra, al igual que muchas mujeres trans, tropezó con prejuicios, hostigamiento y discriminación. A los cinco días de su muerte, su familia no reclamó su cuerpo y miembros de la comunidad de personas Lesbianas, Trans, Gais y Bisexuales (LTGB), a la cabeza de la representante de la Red de Personas Trans de Bolivia (Red Trebol), Rayza Torriani, quien recientemente perdió la vida por coronavirus, gestionaron su entierro y la acompañaron hasta su última morada en el Cementerio General de Cochabamba, el 10 de febrero.

“CLIENTE COCHABAMBA” Del análisis de redes sociales de todos los perfiles relacionados al teléfono de Alessandra obtuvieron capturas de imágenes y recuperaron contactos; uno registrado como “cliente Cochabamba” que resaltaba entre los demás. El titular de esa línea es Daniel Glenn H.S., el principal sospechoso de su asesinato y que ahora se encuentra con detención preventiva en la cárcel de El Abra, desde el pasado 7 de mayo.

Esa no es la única prueba que lo apunta como el autor del crimen. Al promediar las 17:50 del 5 de febrero, ingresó al hostal un hombre que se identificó como Luis Gabriel Z.C. Él no llevó su cédula y la recepcionista le pidió poner sus datos en un papel, y lo dejó pasar porque Alessandra había autorizado su ingreso, según su declaración.

A las 19:13, el hombre salió de la habitación de la joven. Sus amigas que se hospedaban en el mismo lugar llegaron en la noche y vieron que había luz y música en el cuarto de Alessandra.

Su amiga más cercana volvió a pasar por su pieza cerca de las 22:00, pero la situación era la misma y prefirió no molestarla. Al día siguiente, fueron a tocarle la puerta porque la joven no participaba del grupo de WhatsApp ni contestaba mensajes y llamadas.

Al promediar las 10:00, las jóvenes le pidieron al administrador del hostal que abra la puerta de la habitación 101. Así lo hicieron y la encontraron en su cama cubierta con unas sábanas, pero cuando la destaparon vieron que tenía envuelto en su cuello el cable de su plancha de cabello y ya estaba muerta.

Llamaron a la Policía y se realizó el levantamiento legal del cadáver. Comenzaron las investigaciones y descubrieron que los datos que dio esa última persona que estuvo con Alessandra no correspondían a su verdadera identidad. El número de cédula que dejó es de Reynaldo A.B., según constataron con el SEGIP.

Unos cuatro nombres de hombres figuran en la imputación. Primero, se amplió la investigación a Ariel W.L., pero no se dio a conocer cuál es su relación con la víctima. Luego, investigaron dos nombres más; Luis Gabriel Z.C., la identidad que puso como suya el asesino antes de ingresar a la habitación de la joven trans y el número de carnet que anotó que pertenece a Reynaldo A.B.

Finalmente, el nombre de Daniel Glenn H.S., “saltó” en la investigación. Lo aprehendieron y la recepcionista del hostal, en un desfile identificativo a través de la Cámara Gesell, lo identificó como el hombre que visitó a Alessandra la tarde del 5 de febrero. Lo reconoció por “las cejas, los ojos, la voz y la forma de caminar” en un acto en el que los participantes estaban con el mismo tipo de barbijo, gorro y chamarras con capucha azul oscuro, similares prendas a las que usó el asesino.

También revisaron las imágenes de seguridad del hostal y observaron que Daniel Glenn H.S. tiene características somáticas similares de rostro, cejas, altura, entre otros rasgos resaltantes. Al principal sospechoso le dieron detención preventiva por seis meses, mientras el caso se investiga y se colectan todos los elementos para el juicio.

Las amistades de Alessandra y el colectivo LGTB piden la pena máxima para el autor del crimen y que su muerte no quede en la impunidad como muchos otros. Las organizaciones, hace una semana, plantearon la inclusión del lesbicidio y transfeminicidio como delitos y las sanciones correspondientes. 

No existen datos oficiales respecto a los crímenes contra la población LGTB porque suelen tipificarse como asesinatos u homicidios. En unos 10 años, se han registrado 65 “crímenes de odio” en todo el país; solo uno cuenta con sentencia de 30 años de presidio, informó, en una anterior entrevista a OPINIÓN, el activista David Aruquipa. 

Explicó que los movimientos han ido recopilando datos a lo largo de estos años a través de notas de prensa, reportes y denuncias ante los colectivos porque el Código Penal no reconoce el “crimen de odio por orientación sexual e identidad de género”. 

Consultado sobre las causas de impunidad, señaló que las familias de las víctimas, en su mayoría, no siguen ni presentan la denuncia porque dicen “es su destino” o “ella se lo buscó” como sucedió en el caso de Alessandra, a quien sus parientes le negaron una sepultura digna, pero sus amigas y colectivos se hicieron cargo de su entierro.