Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 11 de julio de 2020
  • Actualizado 14:09

El respeto a la institucionalidad

El respeto a la institucionalidad

A ctuar en el presente sin reflexionar sobre el pa-sado es caer en la ingenuidad y testarudez de seguir cometiendo los mismos errores. Pero, no pensar en el futuro es seguir viviendo en un estado vegetativo sin esperanza ni actitud de mejorar.

La cuestión, simplemente, recae en un principio básico sine qua non imprescindible, invariable y garantizado: volver a la institucionalidad. 

Esta situación se refleja cuando los ciudadanos convivimos según reglas preestablecidas, consensuadas y legitimadas. Cuando nuestras acciones respetan el derecho de los demás y so-mos respetados en nuestra integridad. 

Por qué no se puede hablar de un país en el cual nos sometamos al imperio de la ley, que respondamos por nuestros actos y sepamos cuáles son nuestros derechos y, sobre todo, nuestras obligaciones. Acaso es tan difícil entender esto último: sí señores, tenemos obligaciones y no queremos reconocer que están para el bien común.

Hablar de un país en el que confiemos en nuestros gobernantes y sus decisiones, y que llegar a serlo no sea por contubernios, sino por mérito y la tan mal entendida y muchas veces utilizada como cliché demagógico —con guiño incluido— “vocación de servicio”. 

Un lugar en el cual se note dónde van tus impuestos y te sientas bien por saber que con ellos se hará un mejor hábitat para todos los bolivianos.

Empecemos por no cruzar el semáforo en otro color que no sea verde, por no arrojar basura a las calles, por no buscar el camino más “fácil”, por respetar a los adultos mayores (un día no muy lejano, nosotros también lo seremos), por ser más competitivos y menos apadrinados, a reconocer los logros de los demás como un ejemplo a seguir y no a despreciar, a pagar el precio justo y a vender bajo la misma cualidad. 

Que la viveza criolla y el afán de pisar a los demás sin importar los daños ni las consecuencias no sean lo cotidiano. Podríamos imaginar otros ejemplos y circunstancias, y es que hay tantos.  Será que es difícil soñarlo: Bolivia merece mucho más, nosotros merecemos mejores días. 

Sí, no cabe duda, somos pesimistas esperanzados: conocemos la naturaleza hu-mana y todavía pensamos que al final del túnel hay optimismo. Se lo debemos a los que estuvieron, están y, sobre todo, a los que vendrán. Nos lo debemos a nosotros mismos.

Perspectiva

Sí, somos pesimistas esperanzados: conocemos la naturaleza humana y todavía pensamos que al final del túnel hay optimismo.