Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 13 de diciembre de 2019
  • Actualizado 05:08

“Todos los deportistas quedamos abandonados”

El marchista Ronal Quispe, bronce en Cocha 2018, siente desasosiego ante el malestar del país. Ya no cuenta con Tunkas y ve difícil que un boliviano clasifique a Tokio. Reivindica la wiphala. “Mi mamá es de pollera”, dice.
Ronal Quispe, en una presentación pasada en Chihuahua, México/ALFREDO QUISPE
Ronal Quispe, en una presentación pasada en Chihuahua, México/ALFREDO QUISPE
“Todos los deportistas quedamos abandonados”

El paceño Ronal Rey Quispe, de 30 años, intenta espantar el fantasma del pesimismo, pero resulta difícil combatir una sombra tan espesa . El pensamiento que “taladra” el silencio es que no habrá atletas nacionales que logren el boleto para asistir a los Juegos Olímpicos Tokio 2020 por mérito propio.

Vaticinio

Ronal calcula que de aquí a marzo no habrá mayores cambios positivos para el deportista. “Estimo que esto va para largo. Quizás no haya actividades en el Ministerio”.

Si hasta hace unos meses, los ojos le brillaban porque sabía que el cordón de ilusión era un tanto grueso, el contexto actual hace que la desesperanza desgaste las buenas sensaciones. En consecuencia, el vaticinio lamentable: “Tal vez no haya ningún deportista clasificado. Hasta el momento no hay. Ya estamos a medio año. Eso es preocupante”.

El especialista en los 50 kilómetros, mismo que ganó la medalla de bronce en los Juegos Suramericanos Cochabamba 2018 y asistió a los Panamericanos Lima 2019, considera que tanto él como sus colegas del universo deportivo se encuentran “abandonados”, luego de que se propagara la crisis socio-política en Bolivia, con la consecuente renuncia del exministro de Deportes, Tito Montaño, y la asunción de Milton Navarro en la cartera, de forma transitoria.

Ronal ya no cuenta con el apoyo monetario del programa Tunkas. Tampoco sabe si se volverá a activar dicho plan interinstitucional, desarrollado mancomunadamente por el Ministerio de Deportes, el Comité Olímpico Boliviano (COB) y la Cervecería Boliviana Nacional (CBN). Con la designación de Navarro como sucesor de Montaño y el devenir desconocido con respecto a las futuras políticas, el desconcierto es grande, sobre todo en la cuenta regresiva para los Olímpicos en territorio nipón.

“Antes, aunque sea a presión, podíamos conseguir algo. Ahora es incierto. No sabemos qué vamos a hacer”.

Hará lo humanamente posible para arañar el cupo, para cumplir aquello por lo que ha venido luchando desde 2017, pero la advertencia se encuentra echada: las condiciones no están dadas y actuará con las herramientas que disponga.

“Me estoy preparando para lo que tendré en 2020, en Europa, principalmente. Voy a asistir, aunque con muchas limitaciones, como he estado haciendo todo este tiempo. Espero lograr un boleto para los Juegos, que es lo más importante para mí. Planeaba ir a entrenar fuera. Eso no se va a concretar”. 

No le sentó bien que hayan posesionado a un ministro que no guarde relación con el mundo del deporte. Le disgustó, también, que no hayan consultado con los propios actores involucrados. “Me siento indignado. Nos hubiera gustado que alguien del medio se haya hecho cargo del Ministerio. Esto es simple política, un nombramiento a dedo”.

Tanto él como sus compañeros del ámbito se ponen de acuerdo para determinar ciertas “sugerencias” y transmitirselas a Navarro. Una posible reunión es el propósito, a fin de dispersar dudas.

“Estuve conversando con algunos atletas de La Paz. Queremos citarnos con el actual Ministro y plantearle nuestras necesidades. Llevaremos una posición. Entre el lunes (por mañana) y  el martes nos juntaremos para luego concertar una reunión con la autoridad”.

Le tocó la fibra más propia el hecho de que algunos efectivos del orden policial quemaran la wiphala, al calor de la renuncia del expresidente del Estado Plurinacional Evo Morales.

De ahí que Ronal asistiera a las protestas de El Alto, con la garganta acalorada, producto de una indignación tan grande como inmenso es su orgullo por las tradiciones y costumbres del campo, del pueblo.

“Sentí mucha molestia porque soy de familia humilde. Mi mamá es de pollera. Si bien nuestra Tricolor nos representa como nación, la wiphala es la identidad de nuestros indígenas, nuestros campesinos. Eso no se hace. Hay que actuar de manera consciente. Por eso estuve en la protesta. Sentí una impotencia bastante grande. Todos somos bolivianos, así seamos de la ciudad o de un partido político. Aquí nadie necesita ser marginado. Somos una nación”.