Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de septiembre de 2021
  • Actualizado 06:36

“Siempre toqué puertas en Bolivia para que me apoyaran y siempre las cerraron”

Camila Rivero es cochabambina, pero lleva los colores de Colombia. La raquetbolista pide a las autoridades que apuesten por los más chicos para que no se sigan yendo. 
Camila Rivero, antes de competir en el torneo de Estados Unidos que termina hoy (i). Camila, cuando aún competía por Bolivia. NOÉ PORTUGAL-GENTILEZA FAMILIA RIVERO
Camila Rivero, antes de competir en el torneo de Estados Unidos que termina hoy (i). Camila, cuando aún competía por Bolivia. NOÉ PORTUGAL-GENTILEZA FAMILIA RIVERO
“Siempre toqué puertas en Bolivia para que me apoyaran y siempre las cerraron”

El lunes 9 de agosto, Camila Rivero tenía todo listo en su maleta. Cargaba su raqueta, sus poleras favoritas y un par de pelotas de goma. Ya la ansiedad la condicionaba cuando estaba en su casa, a pocos minutos de cruzar la puerta de calle y trasladarse hacia el aeropuerto para tomar ese avión que la llevaría a Estados Unidos, para competir en el Campeonato Mundial de Raquet de Singles y Dobles.

Los nervios eran tan fuertes como los de otras ocasiones. La raquetbolista cochabambina, de 17 años, palpitaba otra participación internacional con todos los aderezos de intranquilidad y expectativa que la antesala supone. Solo que, a diferencia de anteriores situaciones, detrás de toda esa montaña rusa de emociones, ella bien sabía que la lucha no sería por su amada bandera de Bolivia, por aquella a la que rindió honores desde que iba a la escuela desde muy niña. Ahora, el esfuerzo y el sudor deberían ser por los colores de Colombia, país que la acogió y la adoptó.

La situación que atraviesa el deporte amateur en Bolivia, con todas sus debilidades, llevó a la adolescente a tener que decidirse entre dos opciones: continuar esperando a que el ansiado apoyo llegara o negociar su futuro y vestir la camiseta de una nacionalidad que no le es propia. Se decantó por lo segundo y, con ello, se convirtió en la raquetbolista 11 en exportar su talento.

Claro que no fue una determinación tomada en un santiamén. Por supuesto que algo dentro de ella se movió. Pero es que -cuenta- fueron muchos años de insistir, de aguardar, de tocar puertas, de no recibir respuestas, de ver que sus padres, Wilma y Freddy, eran los únicos que no le soltaban la mano. Fueron años de alimentar la paciencia.

En marzo aceptó la propuesta de Colombia, que consistía en representar a ese país internacionalmente. Sin embargo, tardó en oficializarlo ante el público porque no contaba aún con el pase libre dado por la Federación Boliviana de Raquetbol (Febora). Camila relató que ese ente demoró en hacerlo. “No me lo dieron fácil. Me dijeron que lo pensara mejor, que no me fuera. ‘Va a haber apoyo’, dijeron, pero nunca sucedió, ja ja. Se tardaron en darme la carta de liberación. Al final, es una meta mía destacarme en el raquet, y sin apoyo no lo puedo hacer”. 

MIRADA AL PASADO

La cochabambina se deja envolver por una mezcla de sentimientos al recordar los pasos dados. “Mi familia, que siempre me apoyó, se puso feliz (al recibir la propuesta de Colombia) porque siempre toqué puertas aquí en Bolivia para que me apoyaran y siempre las cerraron. Era bien triste. Mis papás hacían el esfuerzo y yo seguía entrenando”.

Confió en las palabras de su entrenador, quien la alentaba a ser perseverante, optimista y nunca dejar de ser honesta, pues esas cualidades se traducirían en frutos. “Él me decía que continuara entrenando, que fuera honesta, pues algún día se nos abrirían las puertas. Llegó el momento, me lo ofrecieron y acepté”, señaló la raquetbolista, que en 2020 se consagró campeona nacional en la categoría 16 años, cuando aún competía por la Tricolor.

“Este sería mi segundo tour, y el segundo representando a Colombia porque me está ayudando mucho para poder ir y foguearme y ver cómo es el nivel para alcanzarlo. Quiero ganar experiencia”, expresó antes de debutar en el torneo llevado a cabo en Estados Unidos, en el que cayó en segunda ronda (doble 15-1) ante María José Vargas, la boliviana que representa a Argentina 

LOS NIÑOS

Preocupada por la crisis que sufre el raquet local, con la fuga de talentos que se ha suscitado, Camila hizo un llamado a las autoridades y les sugiere que apuesten por los jugadores que se encuentran en formación, por los que junior. “Espero que esto ayude para que la Alcaldía y la Gobernación sepan que se están yendo estrellas. Apoyen más a los niños y jóvenes para que no se pierdan. Empiecen a apostar más por los que están empezando, pues a futuro pueden ser estrellas. Ahora, más que todo, el Gobierno apoya a los que son grandes, los que han tenido alguna vez éxito, pero no se concentra en otros que pueden sacar medallas a futuro”.

Por el lado de Colombia, la nacida en el valle cuenta con asistencia psicológica, un fisioterapeuta, pasajes, viáticos y otros beneficios. La federación cafetalera -asegura- la apoya en la decisión que tome en cuanto a su sitio de radicación. “Podría ser una opción irme a estudiar a Colombia”, dijo la atleta, que cursa su último año de colegio y tiene como hermana menor a Romina, quien también juega al raquet y ha resignado seguir representando a Bolivia.