Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 26 de septiembre de 2020
  • Actualizado 18:18

Entrenador con riesgo alto migra a la plaza en honor a la enseñanza

Rafael Quiroga resolvió trasladar su gimnasio al aire libre, tras insistencia de sus alumnos de boxeo. Tiene diabetes y halló una forma de enfrentar al virus.
Entrenador con riesgo alto migra a la plaza en honor a la enseñanza

Él tiene diabetes. Sería un paciente con riesgo alto, en caso de contraer el nuevo coronavirus. Su esposa padece lupus. Sus hijas, asma. Aún así, Rafael Quiroga, dueño del conocido gimnasio Gym-box San Rafael, se adaptó a la suerte de “nueva normalidad” y salió a las calles junto a sus alumnos, esos que siguen su línea.

No reabrirá su escuela, independientemente de que las restricciones gubernamentales orientadas para contener la pandemia se maticen. Claramente, la decisión pasa por la seguridad familiar. Arriesgar a alguno de los miembros no es opción en la cabeza del entrenador.

Sin embargo, era preciso volver, aceitar la máquina. Un poco, por la insistencia de sus muchachos, quienes venían insistiendo en la idea de regresar al ruedo por nostalgia y también por la necesidad de ensayar ante los combates que asoman para noviembre.

Rafael, con su infaltable barbijo, dirige sus clases en la plazuela Cobija. Se para en el medio del grupo, concentra la atención de todos y se dispone a transmitir lo que aprendió durante los últimos años, en los que se convirtió en un profesor conocido y respetado dentro del ambiente pugilístico.

Comanda las sesiones, que se desarrollan los martes, jueves (de 17:00 a 19:00) y sábados (de 8:00 a 10:00), con un objetivo bien definido: preparar a sus peleadores principales: Álvaro Saravia y Miguel Escóbar.

Ambos han despertado el interés de los organizadores cruceños, quienes se encuentran gestionando combates profesionales para noviembre, con una posible transmisión televisiva.

“Con o sin permiso, no da (abrir el gimnasio) porque sería un riesgo para la familia. Ahora, con lo que salió la autorización para hacer deporte al aire libre, los muchachos insistieron para volver a entrenar. Se nos ocurrió dar las clases en la plazuela. Empezamos recientemente. Antes no se podía. La gente estaba asustada”.

Los precios para ser parte de las sesiones son módicos. Los alumnos pagan un aporte de 100 bolivianos y cuentan con una clase inicial sin costo. Gran parte de lo reunido irá a un fondo para costear los futuros traslados de los boxeadores.

“Ya lo saben. Lo mío no es negocio, pero necesitamos el dinero para funcionar. Estamos cobrando 100 bolivianos y damos clases gratis para que se animen a participar”.

Padecer una dolencia de base no es impedimento alguno para Rafael, que ha dejado a un lado el temor que paraliza y ha resuelto enfrentarlo con responsabilidad, tomando las medidas necesarias para evitar el contagio.

La pasión por la enseñanza puede más que cualquier atadura ligada con el miedo extremo.