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  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 22:40

El doloroso final de una temporada nefasta para el Barcelona

EFE
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El doloroso final de una temporada nefasta para el Barcelona
Una fecha tan extraña para que acontezca algo gigantesco en el mundo del fútbol como el 14 de agosto quedará marcada para siempre en la historia del Barcelona a causa de la derrota bochornosa, por 2-8, ante el Bayern de Múnich, en los cuartos de final de la Champions League.

Este ha sido el colofón doloroso de una temporada nefasta para el Barcelona, la primera sin títulos desde la 2007-2008, la última de Frank Rijkaard en el banquillo y Ronaldinho en el terreno de juego.

El curso comenzó con el recuerdo de Anfield presente y la llegada de dos jugadores que venían a darle una nueva cara al once inicial azulgrana, el holandés Frenkie de Jong y el francés Antoine Griezmann, los cuales se han quedado muy lejos del nivel esperado, especialmente el último, que llegó desde el Atlético de Madrid.

Mañana, domingo, hará un año que el Barcelona disputó el primer partido de esta temporada tan larga por culpa de la pandemia del coronavirus. Fue en partido de Liga en San Mamés, donde el conjunto azulgrana cayó por un gol de chilena de Aritz Aduriz en el último suspiro. Nada bueno hicieron presagiar los 7 de 15 puntos logrados en las primeros cinco jornadas, aunque en ellas se produjo la aparición de uno de los argumentos de futuro de los azulgrana: Ansu Fati.

Pero el Barcelona trampeó la situación y logró victorias de mérito, como el 0-1 en el Wanda Metropolitano ante el Atlético de Madrid o el 2-1 al Inter de Milán en el Camp Nou, combinadas con derrotas inesperadas ante rivales claramente inferiores como el 2-0 en el campo del Granada o el 3-1 en el del Levante.

El juego del entonces conjunto entrenado por Ernesto Valverde no convencía,y la destitución del extremeño se planteó por primera vez en el curso de forma seria en la junta directiva de Josep Maria Bartomeu después del 0-0 ante el Real Madrid, en el Clásico del Camp Nou del 18 de diciembre de 2019.

Antes, el 23 de octubre, Marc-André ter Stegen sacó a la luz los trapos sucios después del triunfo por 1-2 ante el Slavia de Praga en la Champions League. "No hemos jugado al nivel que queríamos. Es necesario hablar de algunas cosas que hay que mejorar, unas cuantas. Es algo interno, no quiero hablarlo aquí", dijo en declaraciones a Movistar+.

Finalmente, Bartomeu destituyó a Valverde el 14 de enero de 2020, después de empatar a dos en el RCDE Stadium y de la derrota por 2-3 ante el Atlético de Madrid, en las semifinales de la Supercopa de España celebrada en Arabia Saudí. Cuando la noticia fue oficial, diferentes medios de comunicación ya habían explicado que Óscar Grau, el director general del club, y Éric Abidal, el secretario técnico, habían viajado a Doha (Qatar) para fichar a Xavi Hernández. El de Terrassa se negó a aceptar la oferta.

Como también lo hicieron otros entrenadores como Ronald Koeman. Así, el escogido fue Quique Setién, quien llegó con la fama de entrenador ofensivo y de ser un firme defensor del juego de posición. De hecho, lo demostró en su primer partido, en la victoria ante el Granada, cuando el Barcelona realizó 1.005 pases y tuvo una posesión del 82,5%. Parecía que alguna cosa podía cambiar.

Pero fue un espejismo. Poco a poco el santanderino se fue rindiendo a las demandas del núcleo duro del vestuario, el cual mostró más de una vez su disconformidad con los aspavientos de Éder Sarabia, el segundo de Setién, y el planteamiento del Barcelona volvió a ser tan directo y alejado del juego de posición como el de Valverde. Así, llegaron las derrotas en Liga ante el Valencia y el Real Madrid, las dos por 2-0, y la eliminación en los cuartos de final de la Copa del Rey a manos del Athletic Club Bilbao.

Por otro lado, Abidal provocó a principios de febrero una respuesta airada de Messi en Instagram con la afirmación de que "muchos jugadores no estaban satisfechos ni trabajaban mucho" con Valverde, la cual tuvo lugar en una entrevista en el diario 'Sport'.

El argentino dijo que "cada uno tiene que ser responsable de sus tareas y hacerse cargo de sus decisiones", y añadió que cuando se habla de jugadores "habría que dar nombres" porque sino se les "ensucia a todos" y se alimentan "cosas que se dicen y no son ciertas".

Y el 17 de del mismo mes estalló el denominado 'Barçagate', el caso destapado por SER Catalunya en el que el Barcelona habría contratado a diferentes empresas que crearon perfiles en las redes sociales con los que se desprestigió o se puso en duda a jugadores como Leo Messi y Gerard Piqué y a exjugadores como Xavi Hernández, a banda de expresidentes como Joan Laporta y precandidatos como Víctor Font.

Esto supuso que en abril, en pleno confinamiento por la pandemia del coronavirus, seis directivos presentaran su dimisión por su disconformidad con las prácticas que habían llevado a cabo algunos dirigentes y ejecutivos del club.

Durante el tramo de Liga después del parón, el Barcelona vio cómo se le escapaba LaLiga con los tropiezos ante el Sevilla, el Celta y el Atlético de Madrid, y el distanciamiento entre el cuerpo técnico y el vestuario se hizo más que evidente en los parones de refresco de los partidos. Finalmente, el Barcelona perdió matemáticamente el título en favor del Real Madrid la noche en la que el Osasuna venció 1-2 en el Camp Nou.

Al finalizar el encuentro, Messi dijo que esa derrota era una muestra de cómo había sido el año. "Hemos sido un equipo muy irregular, muy débil, al que le ganan por intensidad, por ganas", dijo en declaraciones a Movistar+. "Si queremos pelear por la Champions vamos a tener que cambiar muchísimo porque si no el partido del Nápoles lo vamos a perder también".

A pesar de que el Barcelona superó la eliminatoria ante los italianos, las palabras del capitán azulgrana fueron un presagio de lo sucedido en Lisboa.