Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de julio de 2020
  • Actualizado 18:08

Centellas afirma que el PIU le prometió apoyo, pero que no cumplió y la dejó con “deudas”

La raquetbolista Valeria Centellas, en una sesión llevada a cabo en el patio de su casa. Gentileza Valeria Centellas
La raquetbolista Valeria Centellas, en una sesión llevada a cabo en el patio de su casa. Gentileza Valeria Centellas
Centellas afirma que el PIU le prometió apoyo, pero que no cumplió y la dejó con “deudas”

En una entrevista exclusiva sostenida con OPINIÓN mediante la plataforma Zoom, la raquetbolista cochabambina Valeria Centellas afirmó que el Programa de Intervenciones Urbanas (PIU) no habría cumplido con el respaldo económico que debía darle en 2019 y que ello le generó una serie de perjuicios que desencadenó en “deudas”.

“El Programa de Intervenciones Urbanas me debe dinero. Me tenía que dar un apoyo para el Campeonato Mundial Juvenil del año pasado. Iba a pagar ciertos gastos. Lamentablemente no cumplió con el contrato. Me dejó con bastantes deudas que tuve que pagar de mi bolsillo. Viendo esas deficiencias, mi decisión fue irme a Argentina”, contó la raquetbolista, que en noviembre de 2019 obtuvo el título mundial en la categoría dobles junto a Angélica Barrios, en Costa Rica.

Argumentó que su determinación de aceptar la propuesta del país vecino para representar los colores celeste y blanco respondió a las “falencias” que observó en cuanto al manejo del deporte boliviano. “Si quieres ir a los torneos profesionales, te tienes que pagar los gastos. Debemos buscar empresas que nos apoyen. De lo contrario, si no contamos con esa colaboración, sale (el esfuerzo) de nuestras familias”.

Por el momento, la cochabambina no percibe un salario de Argentina. Esto será posible una vez que Valeria, que sueña con ser parte de los campeonatos profesionales, consiga terminar el proceso de documentación.

Junto a sus padres, en la Llajta, ella aprovecha para no descuidar la parte física ni la técnica. Entrena en su patio y no baja los brazos, a la espera de que su viaje a la nación limítrofe se efectúe, una vez superada la pandemia.