Opinión Bolivia

  • Diario Digital | miércoles, 13 de noviembre de 2019
  • Actualizado 19:46

Biles ya es leyenda: se convierte en la más ganadora de la historia

A los 22 años, la estadounidense derribó todos los registros pasados y ahora es la gimnasta con más títulos mundiales. Suma 25 metales, dos más que los que situaban al bielorruso Scherbo en el primer sitial.

 

La estadounidense Simone Biles, en la final de piso de Stuttgart.
La estadounidense Simone Biles, en la final de piso de Stuttgart.
Biles ya es leyenda: se convierte en la más ganadora de la historia

Si durante la semana dio avisos de lo que podría suceder, ayer lo terminó de confirmar. La estadounidense Simone Biles ratificó su condición de mejor gimnasta de todos los tiempos, tras fijar, con un total de 25 medallas (19 oros, 3 platas y 3 bronces), el nuevo récord de metales en la historia de los Mundiales.

Biles, que el sábado igualó la marca de 23 preseas (12 oros, 7 platas y 4 bronces) del bielorruso Vitali Scherbo, se encaramó ayer a lo más alto del palmarés tras imponerse en las finales de barra de equilibrios y de suelo de los Mundiales de Stuttgart, en Alemania.

Dos finales en las que la norteamericana, de 22 años, volvió a demostrar su superioridad. Desde hace tiempo la lucha de Biles no es con el resto de sus rivales, sino con la historia misma.

Una batalla que Biles decantó definitivamente a su favor  luego de quitarle el trono a Scherbo con su triunfo en la final de barra de equilibrios.

Los 15,006 puntos que logró le permitieron sumar, parcialmente, su vigesimocuarta medalla en unos Mundiales, una más que el bielorruso Scherbo, que hasta hace pocas horas ostentaba el récord de discos.

Nueva marca que no aplacó la ambición de Biles, que minutos más tarde logró su vigesimoquinta medalla, tras imponerse en la final de suelo.

En este aparato, más que en ningún otro, es en el que la gimnasta demostró su superioridad con un ejercicio plagado de dificultades, infranqueables para el resto de competidoras.

Fue tal y como confirmaron los 6,700 enteros, sobre un máximo posible de 7,000, con el que los jueces calificaron la dificultad del ejercicio de Biles.

Se trató de una nota que le dio luz verde a Biles para dispararse hasta unos insuperables 15,133 puntos, que le sirvieron para alzarse con la victoria por delante de su compatriota Sunisa Lee, plata con un calificación de 14,133, y la rusa Angelina Melnikova, bronce con una marca de 14,066.

Más lejos quedó Roxana Popa, la única gimnasta española en lograr la clasificación para las finales por aparatos. Concluyó en sexta posición con una nota de 13,800.

Biles tan solo dejó escapar el título en la final de paralelas asímetricas, tras apartar el oro tanto en la competición individual como en la de equipos, así como en las finales de salto, barra de equilibrios y suelo.

DURA INFANCIA La norteamericana, que mide 1.45 metros, nació en Columbus, Ohio, en 1997.

Su historia es muy dura. Se crió con sus abuelos, quienes la adoptaron luego de que los servicios sociales le quitaran la tenencia a sus padres biológicos (su madre, Shanon, era alcohólica y adicta a las drogas).

Simone y sus hermanos Tevon, Ashley y Adria vivieron temporalmente con distintas familias. En 2001, Ron, su abuelo materno, y su esposa se encargaron de  criarla a ella y también a Adria.

Pese a los antecedentes de su madre, Simone aún tiene contacto con ella.

A los 6 años empezó su incursión en la gimnasia. Aiume Boorman, su actual  entrenadora, descubrió rápidamente las cualidades únicas de la norteamericana. Y la proyectó con fuerza, en un trabajo colectivo que realizó con  Marta Karolyi. 

A la compleja historia de su niñez se le suma que, durante su preparación, en 2018, denunció haber sufrido abuso sexual por parte del entonces médico de la delegación de Estados Unidos, Larry Nassar. El galeno fue sentenciado a pasar 60 años de prisión por guardar fotografías de pornografía infantil en su computadora.

“Últimamente me sentí rota y cuanto más intento apagar la voz en mi cabeza, más fuerte grita. Ya no tengo miedo de contar mi historia”.

Incluso llegó a experimentar la sensación de responsabilidad. “Durante mucho tiempo me he preguntado a mí misma, ‘¿fui demasiado ingenua?, ¿fue culpa mía?’. Ahora sé la respuesta a esas preguntas. No. No, no fue culpa mía. No, no voy a cargar con la culpa de Larry Nassar, la de USAG y otros”.