Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 06 de agosto de 2020
  • Actualizado 21:26

La travesía de 91 días de una orquesta boliviana para volver a casa

Los noventa y un días lejos de casa, los ocho cumpleaños celebrados, los ensayos, los talleres y la celebración de un aniversario han marcado a los veinticinco músicos bolivianos.
Una de las presentaciones de la orquesta. ARIEL LAURA
Una de las presentaciones de la orquesta. ARIEL LAURA
La travesía de 91 días de una orquesta boliviana para volver a casa
Los noventa y un días lejos de casa, los ocho cumpleaños celebrados, los ensayos, los talleres y la celebración de un aniversario han marcado a los veinticinco músicos bolivianos de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN), que luego de quedar varados en Alemania por la pandemia volvieron a sus casas con un sinfín de anécdotas.

A pesar de que la espera por volver a La Paz desde Rheinsberg, en el norte de Alemania, se hizo casi eterna, cuando los jóvenes bolivianos se enteraron de que debían hacer las maletas se quedaron callados, contó a Efe el músico Camed Martela.

"Recuerdo que nadie dijo nada, uno esperaba que nos alegremos, pero todos estábamos callados, muchos no querían volver, porque ya nos habíamos acostumbrado, a mí me pareció triste la noticia de regresar", expresó.

LAS VIVENCIAS CONFINADOS EN ALEMANIA

Los miembros de la orquesta se alojaron desde marzo en la Academia de Música de Rheinsberg, a unos mil kilómetros del norte de Berlín, donde inicialmente debían ensayar con el ensamble alemán PHONIX-16 para participar en varios festivales, pero por el cierre de fronteras para prevenir la COVID-19 y la cancelación de esos eventos se quedaron varados allí cerca de tres meses.

En ese tiempo ensayaron y grabaron las cuatro piezas que suponía una presentación de dos horas que la orquesta había repasado minuciosamente desde enero para presentarla en Alemania, relató a Efe el director de la OEIN, Carlos Gutiérrez.

Además realizaron otras grabaciones e improvisaciones con instrumentos nativos andinos como las quenas, pinquillos y sikus, junto al ensamble alemán, para canalizar fondos para su manutención durante ese período.

Inicialmente pasaban los días de su confinamiento ensayando exhaustivamente, para que de algún modo se olvidaran un poco de la incertidumbre por no saber cuándo podrían volver a sus casas.

Luego decidieron bajar la intensidad de los ensayos y armaron talleres de poesía, pintura, dibujo y guitarra, que los mismos miembros impartían a sus compañeros.

Martela, por ejemplo, decidió aportar con rutinas de ejercicios físicos que había aprendido en sus entrenamientos de voleibol, para ayudar a "liberar la energía" y mejorar el ánimo de sus compañeros, que de vez en cuando se apagaba por la incertidumbre.

También se celebraron unos ocho cumpleaños con "sorpresas" y reuniones que casi todas las veces terminaban con un poco de música.

NI CASTILLO NI FANTASMA

Uno de los grandes eventos que les tocó celebrar en su confinamiento fue el cuarenta aniversario de la orquesta, que debían hacerlo con un concierto en La Paz, pero que por las circunstancias grabaron un video tocando sus instrumentos.

"Ha sido un aniversario especial para todos, creo que nadie se va a olvidar, porque éramos uno, fue muy emotivo e incluso muchos lloramos de la emoción de ese momento", contó Martela.

Una de las anécdotas que ha marcado al grupo fue que se hicieron muy conocidos en muchas partes del mundo, porque se había "contado falsamente" que vivían en un castillo en el que había fantasmas que los molestaban.

"Comentamos en broma que el fantasma del rey que construyó el castillo cercano rondaba por las noches, lo dijimos en broma", sostuvo Gutiérrez.

Cuando Gutiérrez se enteró que ya tenían una fecha de regreso armaron un pequeño concierto de agradecimiento para todas las personas que hicieron de su estadía más llevadera y que no les dejaron solos en el camino.

Cuando ingresaron al avión hacia el aeropuerto boliviano de Viru Viru en Santa Cruz las ansias se comenzaron a notar en los muchachos, al embarcar desde la ciudad alemana de Fráncfort vía Madrid.

Luego de siete días más de espera en un hotel en Santa Cruz cumpliendo con las normas bolivianas de cuarentena se subieron a un último avión para llegar a La Paz el pasado 10 de junio, donde les esperaban algunos padres de familia con banderas bolivianas y abrazos "prohibidos", por la medida preventiva de guardar una distancia entre personas, después de la larga espera.

"Este viaje a Alemania fue mi primer viaje en avión y mi primer viaje a Europa y, definitivamente, es algo que nunca voy a olvidar y espero regresar", finalizó Martela.