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  • Diario Digital | jueves, 30 de junio de 2022
  • Actualizado 17:55

Tarata debilita su identidad con pérdida de patrimonio y urge gestión

La demolición y colapso de casas dañan al conjunto urbano de uno de los únicos municipios del país que presenta una homogeneidad en el diseño de la ciudad. 

Una de las viviendas con características coloniales frente a la plaza Esteban Arze. PATRICIA DUERI
Una de las viviendas con características coloniales frente a la plaza Esteban Arze. PATRICIA DUERI
Tarata debilita su identidad con pérdida de patrimonio y urge gestión

El colapso en esta semana de una casa con características coloniales y republicanas en una de las calles principales del municipio de Tarata es una prueba más de la pérdida de patrimonio y consecuente debilidad de identidad que sufre una de las ciudades más antiguas del país y una de las únicas con un trazado urbano homogéneo, declarado como Patrimonio Nacional en noviembre de 1983. 

La arquitecta especializada en patrimonio, Patricia Dueri, realiza visitas a Tarata desde 1990 de las que extrajo un detallado informe sobre la antes llamada Villa Madrid. Sostienes que las demoliciones (algunas autorizadas otras no) vienen sucediendo desde hace unos 15 años provocando un deterioro en la identidad de la ciudad cuyo valor histórico y patrimonial residen en su conjunto urbano. 

Después de la caída de la edificación del lunes, la responsable de Patrimonio del municipio de Tarata, Evelyn Gonzales, indicó que la casa ya tenía una orden de demolición al representar un inminente colapso. Sin embargo, para Dueri, al ser parte el domicilio del trazado urbano declarado como patrimonial mediante la ley 586, se debería haber procedido primero con un “informe técnico de valoración y estado de conservación elaborado por un profesional arquitecto especializado que registre todos los datos del estado de conservación del inmueble”. 

Del mismo modo, la ley de Patrimonio Cultural 530 enuncia en su artículo 11 que los propietarios de los bienes culturales “materiales muebles e inmubles, en razón del interés público y de la conservación adecuada del patrimonio, deberán cumplir con su conservación, protección y exposición, evitando su abandono, destrucción o deterioro”; refuerza su responsabilidad a los propietarios en el artículo 19 “obligándolos” a prevenir “cualquier riesgo que afecte su integridad, debiendo responder penalmente por el daño o puesta en peligro del patrimonio”.

PATRIMONIO PERDIDO

Uno de los más llamativos y notables conjuntos de arquitectura colonial que existía era el emplazado frente al Convento Franciscano de San José, en la llamada plaza de Esteban Arze, donde una de las edificaciones fue transformada quedando solo una parte del conjunto. 

Otro ejemplo que apunta Dueri de patrimonio dañado es el de la iglesia de estilo neoclásico dedicada a San José, en cuyo presbiterio se presentan severos daños estructurales que provocaron un colapso en 2015. Del mismo modo el Convento de la iglesia, que presenta detalles coloniales, sufrió varias intervenciones ordenadas por el párroco a cargo en 2006 que causaron un daño en la esencia de la estructura por el cambio de los materiales de construcción originales.

Una de las pérdidas más dolorosas fueron la de las casas de Mariano Melgarejo y Esteban Arze de la que solo quedan “vestigios de su existencia”, como se detalla en el informe de Dueri. La primera se encontraba a orillas del río y la segunda detrás de los predios del Convento San José. 

URGENCIA DE GESTIÓN Y PUESTA EN VALOR

De acuerdo a Dueri son tres los factores que ponen a Tarata como un patrimonio en alto riesgo de desaparición: la falta de un catálogo actualizado del patrimonio que aun sobrevive con datos legales y estado de conservación; la falta de políticas de protección y conservación; y la falta de un reglamento urbano y arquitectónico adecuado al patrimonio que posee, donde se considera la estética constructiva de nuevas edificaciones con criterios de integración. 

Justamente el valor de Tarata reside en su homogeneidad y narrativa de su trazado urbano vinculada a la “identidad de su arquitectura articulada al paisaje”, condensando su singularidad y encanto en el término “genius loci”, concepto recuperado por Dueri que significa “espíritu del lugar”.

“Es una realidad viva el ‘genius loci’, la población no puede explicarla, simplemente es un fenómeno que se da de manera natural, inspira constantemente al carácter local de sus pobladores, se manifiesta en sus expresiones urbanas, arquitectónicas y artísticas”, explica. Entre los poblados que conforman el Valle Alto de Cochabamba, Tarata es el único que en su paisaje urbano tiene una gran variedad de balcones con barandas de madera y de metal, cuyo diseño corresponde al periodo de construcción de la edificación. 

Tampoco se conoce en otro de los municipios circundantes sus calles curvas de trazados irregulares, que le dan una particular identidad y se acomodan al terreno natural. Así mismo destaca su “textura y morfología del conjunto urbano homogéneo, de la que forman parte muros de piedra y adobe, cubiertas de teja y vías de piedra, armonizándose con el paisaje natural”.

PATRIMONIO AÚN VIVO

Es importante trabajar en la elaboración de una base de datos y catálogo para registrar y conservar lo que aún sobrevive del patrimonio. Entre ellos el bloque aporticado de finales del siglo XIX que actualmente sirve como las oficinas del Gobierno Municipal de Tarata, coronándose con una Torre Mirador construida como hito y lugar de observación, albergando, además, un reloj a cuerda de fabricación alemana colocado en lso primeros años del siglo XX. 

Respecto a la arquitectura, Dueri resalta su arquitectura sustentable, cuyo principal material de construcción ha sido el adobe, material noble con la que se edificó la arquitectura colonial y republicana. Este tipo de construcción, instruye, hace parte de la llamada eco-arquitectura o arquitectura ambientalmente consciente, es la que optimiza los recursos naturales y sus sistemas minimizan el impacto ambiental.

Sus casas representantes de la arquitectura republicana han sido construidas a finales del siglo XIX y a principios del XX con una fuerte influencia neoclásica y neogótica principalmente y alguna sutil influencia art nouveau. Tanto los domicilios republicanos como coloniales presentan un patio interior que intercomunica las habitaciones.

La edificación “más valiosa de todas” y con tres declaratorias de monumento nacional es la Iglesia y Convento de San José de la Orden Franciscana. En el convento, todavía se albergan muebles coloniales, una bodega de vino con vasijas de enormes dimensiones y una biblioteca con más de 6.000 volúmenes de libros, en su mayoría de temática religiosa.

En cuanto a la iglesia, acoge el altar del Santo Patrón de Tarata: San Severino, que guarda reliquias óseas originales del santo, este altar permanentemente está lleno de flores frescas de los devotos.La edificación colindante a la iglesia es de la época reublicana y de tendencia neogótica construida a principios del siglo XX, sirvió  de escenario para filmar partes de la película nacional ¨El día que murió el silencio¨, dirigida por Paolo Agazzi.