Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 16 de mayo de 2022
  • Actualizado 15:33

El poeta de 70 libros en quechua y crítico del machismo en el folclore

Juan Clavijo, nacido en Tapacarí,  es uno de los últimos reivindicadores del idioma nativo en la literatura. “Nunca el verso ha denigrado a la mujer”, lanza.  
Juan Clavijo exhibe algunos de sus libros. NOÉ PORTUGAL
Juan Clavijo exhibe algunos de sus libros. NOÉ PORTUGAL
El poeta de 70 libros en quechua y crítico del machismo en el folclore

De su infancia, Juan Clavijo recuerda los baños en el río, las ovejas y burros; y el queso duro en la mesa. Mamó el campo, su brisa y olores. De padre aimara y madre quechua instalados en la provincia cochabambina de Tapacarí, resultaba imposible que no se viera atravesado por los idiomas nativos. Ahora, con 67 años y un recorrido por la investigación cultural, con una carrera como economista y escritor por vocación, resulta lógico comprender por qué escogió hacer suyo el quechua y replicarlo en la poesía.

Con una colección que ronda los 70 libros en quechua, Clavijo estudia el comportamiento de los folcloristas actuales y desmitifica la idea de que los versos copleros de Carnavales, por ejemplo, se cimienten con insultos que generen machismo. José vuelca, aquí, un repaso por su vida.

P: Reivindica el quechua, ¿por qué?

R: Cuando uno nace en una provincia con su identidad y autenticidad, sabe el idioma. Viví con papá aimara y mamá quechua. Debía comunicarme con ellos, con los parientes y vecinos del pueblo en el idioma nativo. Desde niño aprendí y lo hice toda mi vida. Luego realicé cursos en Cusco, Perú, y complementé la gramática, la sintaxis y la rima. Hay lenguas que son innatas, que desde niño aprendes y son para toda la vida.

P: ¿La escritura es un canal que ha encontrado para explotarlo?

R: Sí. Cuando uno estudia quechua debe leer autores clásicos. Jesús Lara es uno de los que reivindicó el idioma no solo en cuentos, sino en poesías, novelas y testimonios. Otros grandes fueron los paceños Paredes Candia. Esa veta nos permite introducirnos en este campo que, a veces, es poco estudiado. Además, tuve la suerte de trabajar en CIDRE (Centro de Investigación y Desarrollo Regional). El idioma me permitía comunicarme con productores, los que manejan agua y riego. Ha sido una labor de crédito, pero también de investigación. Esa era mi tarea: recopilar cantos, cuentos, testimonios, poesía y narración. Ese privilegio pocos tenemos, primero, por el buen manejo del idioma y, segundo, por la posibilidad de que bajo una metodología ya tienes esquematizada la forma de recopilación. Todo pueblo, comunidad o cantón tiene su historia. Nadie la escribe, y los abuelitos están muriendo. 

P: Tiene una colección de 70 obras en quechua…

R: Coleccioné de todos los autores cochabambinos y del país. El quechua muestra la vivencia de un pueblo, con sus expresiones naturales. Tiene sus encantos, casi es cantado, posee rima automática, su tono y metáfora. Los versos que cantamos en Carnaval, Todos Santos, en Santa Vera Cruz y las fiestas clásicas son quechuas. Me asusta que se pierda en el tiempo. Desde niño conocí cómo se hacen los piropos en quechua, cómo se dicen las malas palabras, las amorosas, cómo se insulta y se ponen apodos. En los pueblos, no se conoce por el apellido, sino por el apodo. Cada familia muestra su tradición haciendo chicha, en su fiesta, tocando o cantando. Por eso, las fiestas son competitivas. No hay pelea, sino una rivalidad de interpretación. Es ahí cuando uno canta y le dice las verdades a la otra familia. La gente campesina tiene la capacidad de improvisar. Me asusta que los folcloristas de ahora hayan sustituido esa calidad de verso por las malas palabras. No se puede hacer versos populares con malas palabras, nunca se ha hecho en el quechua. Se puede decir con una broma picante, pero con finura. Me asusta que la nueva generación no tenga la capacidad de crear esa naturalidad. Está mezclado un machismo total. Nunca el verso ha denigrado a la mujer. Ella lleva el rol importante en una familia campesina y eso que quede claro.

P: ¿Qué tan importante es que ello se erradique?

R: Se debe normar. Tiene que haber una entidad que los clasifique y rechace los que insulten. Nadie controla y el verso se graba y sale.