Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 26 de junio de 2022
  • Actualizado 06:43

El poder del evangelismo en Bolivia ambienta un filme destacado en Tribeca

Su director, el boliviano Martín Boulocq, dijo estar feliz de dar "visibilidad" al cine de su país con una historia sobre Humberto, un exconvicto que intenta redimirse tras una tragedia y reconectar con su hija.
 
Fotograma de “El visitante” de Martín Boulocq. TRIBECA
Fotograma de “El visitante” de Martín Boulocq. TRIBECA
El poder del evangelismo en Bolivia ambienta un filme destacado en Tribeca

El poder de las iglesias evangélicas en Bolivia es el trasfondo de "El visitante", un drama de tintes sociopolíticos que se estrena este sábado en el festival de Tribeca como la única película latinoamericana que compite en la sección internacional.

Su director, el boliviano Martín Boulocq, declaró a Efe estar feliz de dar "visibilidad" al cine de su país con una historia sobre Humberto, un exconvicto que intenta redimirse tras una tragedia y reconectar con su hija, una niña que ha quedado bajo el cuidado de un pastor evangelista argentino y su esposa.

A Boulocq le llama la atención el "crecimiento" de las iglesias evangélicas en Latinoamérica y en Bolivia en los últimos años y su "estructura casi empresarial", que "capitaliza el sufrimiento ajeno" en el sentido más simbólico pero también a través del "diezmo", creando una "riqueza importante".

"Vengo trabajando la temática de padres e hijos de forma recurrente y quería seguir, pero ahondando un poco más y hurgando en la cuestión de la religión y de las clases", dice el cineasta, que "más allá de entrar a juzgar o tomar una posición moralista", quería "retratar ese fenómeno social".

La estrella de la película es el actor debutante Enrique Aráoz, un cantante de ópera con el que Boulocq quedó admirado hace años y al que atribuye "la primera semilla del proyecto": "Escribí la película pensando en él como protagonista. El tipo me conmovió hasta las lágrimas".

El personaje de Aráoz, Humberto, intenta restablecer su vida encadenando trabajos como cantante de funerales, una labor -la de "actuar" para un público- donde Aráoz ve ciertas analogías con las tareas del pastor.

Boulocq también refleja en esta historia, ambientada en Cochabamba, la "herencia colonial en la estructura de la sociedad" en la que vive y "otras nuevas formas de colonización", agrega.

El director saltó a la fama en 2005 con su primera película, "Lo más bonito y mis mejores años", que fue aclamada por los críticos como una de las obras fundamentales de la historia de Bolivia, y desde entonces se ha erigido como uno de los grandes talentos del país.

Recuerda la "presión" que sintió en ese proyecto de debut, que realizó en "condiciones precarias" cuando tenía 23 años y que tuvo "un gran impacto, tomando en cuenta de donde venía", a nivel nacional e internacional, llegando a los festivales de San Sebastián y Locarno.

"De alguna forma me afectó porque fue la primera vez que me enfrenté al público en la realidad. (Todo esto) implica desnudar tu integridad, tus preocupaciones, tu alma al mundo, y fueron varios años de acomodar y entender cuál era el juego", explica.

Tras el "fenómeno" de aquella cinta, que relata la historia de un joven introvertido que quiere vender su bien más preciado, un coche heredado de su abuelo, para dejar su pueblo de Bolivia por Madrid, Boulocq se ha tomado su carrera de forma "serena" y desarrollado cuatro largometrajes, incluyendo "El visitante".

"Intento concentrarme en las películas que quiero contar y entiendo que en el mundo del cine el espectáculo es parte de ese juego, pero trato de que eso no irrumpa en el trabajo. Para mí hacer cine es una necesidad vital; es plantear ideas, hacerme preguntas, y trato de no olvidarme de eso nunca", sostiene.

Llegar a festivales internacionales como Tribeca es "la puntita de iceberg" de un esfuerzo en equipo plagado de "derrotas, momentos difíciles y años", pero hace gala de humildad al sumar un "componente de suerte", aparte de la "meritocracia", que deja fuera a otros.

"Hay muy buenas películas, de calidad, que intentan acceder a este tipo de lugares y por uno u otro motivo, circunstancias complejas, no lo logran", apostilla.

En ese sentido, Boulocq destaca que su nuevo filme ha salido adelante gracias a un fondo público surgido en 2019 en Bolivia y que fue retirado al año siguiente, pero del que han salido otros trabajos que contribuyen a que el cine boliviano "se esté haciendo visible", en su opinión.

El cineasta y otros profesionales del sector está luchando para que ese fondo se restablezca y asegura que hay "voluntad política" pero no "empresarial", por lo que reclama ayudar a la industria cinematográfica para hacerle ver que "los beneficios que trae son más grandes que los gastos".