Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 27 de junio de 2022
  • Actualizado 10:06

ENTREVISTA AL LITERATO COCHABAMBINO

Paz Soldán: ‘Es necesario preguntarse cómo narrar el cambio climático’

El escritor regresa al país para presentar sus dos últimos libros: “La vía del futuro” y “La mirada de las plantas”, que guardan muchos puntos en común, dialogando entre sí.

El escritor cochabambino Edmundo Paz Soldán.           ARCHIVO
El escritor cochabambino Edmundo Paz Soldán. ARCHIVO
Paz Soldán: ‘Es necesario preguntarse cómo narrar el cambio climático’

A raíz de la pandemia, el escritor cochabambino Edmundo Paz Soldán (1967) ha acumulado tres lanzamientos de libros en dos años. Los últimos dos, “La vía del futuro” y “La mirada de las plantas” se presentarán esta semana, el miércoles 8 en el Palacio Portales de Cochabamba y el sábado 11 en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, respectivamente. Antes de estos encuentros, compartimos una entrevista con el literato quien reflexiona sobre cómo las nuevas tecnologías, la realidad aumentada son cada vez más parte de nuestro cotidiano. 

P: Tienes una doble parada en Bolivia: primero en Cochabamba, luego en Santa Cruz. ¿Qué sensaciones te deja cada vez que te encuentras con tu público lector boliviano?

R: En primer lugar, me alegra mucho que se esté normalizando la situación, si bien seguimos en pandemia. Los últimos dos años han sido muy duros para las librerías y editoriales. El ecosistema del libro es muy frágil y no estaba preparado para los desafíos que trajo la pandemia, las editoriales tuvieron que reinventarse, buscar nuevas formas de llegar a los lectores. La circulación del libro en nuestro contexto depende mucho de las ferias internacionales y me alegra mucho saber que ahora la Feria del Libro de Santa Cruz está con una fuerza que no ha tenido los últimos dos años por esta crisis y por lo que veo también la Feria de La Paz y, después, la de Cochabamba estarán en buen momento. Me alegra estar aquí nuevamente y ser parte de este reencuentro del público lector con los autores, con los libros, con las editoriales, con las librerías, con todo lo que significa el mundo del libro en Bolivia. 

P: Si tomamos en cuenta, “Allá afuera hay monstruos”, has publicado tres libros en los últimos dos años. ¿Siempre tratas de mantener este ritmo de publicación o ha sido un momento clave para escribir más que antes? 

R: Son dos cosas que se juntaron. Entre el anterior libro, “Los días de la peste” (2016), y “Allá afuera…” (2021) fueron cuatro años que no publiqué nada, así que una de las razones tiene que ver con la pandemia, una buena parte de los cuentos de “La vía del futuro” e incluso el manuscrito inicial de “La mirada de las plantas” estaban terminados para la pandemia, pero se desaceleraron los procesos de población y provocó que los libros salgan juntos. Lo que sí escribí en la pandemia y me sirvió de catarsis y, por otro lado, como terapia desde la tercera semana de la pandemia, fue escribir “Allá afuera…” para que conviviera directamente con la pandemia, me sirvió mucho en los primeros siete meses, me ayudó a procesar lo que estaba viviendo, sintiendo, es el libro que tiene una conexión con la crisis actual. Los otros dos se beneficiaron de cierto modo de esa situación, porque en la pandemia más que todo ajusté tuercas, releí, revisé ambos libros, los manuscritos ya estaban cerrados.  

P: Sin haber leído todavía “La mirada de las plantas”, se pueden notar ciertas similitudes de fondo con “La vía del futuro”, como imaginar posibles futuros para tratar temas del presente. ¿Son libros que nacen de una misma preocupación? 

R: En ambos libros está la preocupación, no diría preocupación, sino el intento de narrar o reflexionar acerca de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana, es un tema que siempre me ha interesado, lo he trabajado a veces desde el realismo, a veces desde la ciencia ficción y en el último tiempo ambos se han ido juntado, es un realismo de ciencia ficción, no se cuando termina uno y comienza el otro, simplemente por el trasiego entre ambos géneros, la tradición realista y de la ciencia ficción. En “La mirada de las plantas” hay un tema más específico que no está en “La vía del futuro” que es la realidad virtual, es un tema más urgente, que se puede ver con el proyecto metaverso de Facebook, eso provocará que la realidad aumentada se convierta en algo cotidiano, me interesaba ver cómo la realidad virtual podría entrar a “La mirada…” una reflexión o una forma de entender simulacros de verdad en los personajes de la novela. 

P: ¿Qué has estado leyendo o viendo últimamente y crees que ha influenciado en estos dos últimos libros?

R: Este último semestre di un seminario doctoral, “Ficciones del medioambiente”, es un tema cada vez más central la cuestión de cómo se ha representado el medioambiente en la literatura latinoamericana, tenemos una larga tradición, me interesaba que “La mirada…”  dialogue con la tradición de la novela de la selva: “La vorágine”, “Los pasos perdidos”, hay todo un subgénero de la selva, pensaba qué más se puede decir o agregar a estos grandes escritos. Uno de los grandes desafíos era ver cómo en este momento el Amazonas es el espacio del grado cero de la crisis medioambiental en América Latina, de la crisis del modelo extractivista, todo eso me parecía interesante poder ver, representar, narrar la selva hoy entraba para mí por un diálogo, por un lado, con la tradición latinoamericana y otra con preocupaciones que vienen de la ciencia ficción. He estado leyendo sobre el cambio climático, tema que me parecerá fundamental en los próximos libros que escriba, incluso como desafío es fundamental hacerse la pregunta de cómo narrar el cambio climático, no me parece una pregunta de fácil respuesta y será un desafío para los narradores de hoy.

P: ¿Cómo plantas y naturaleza se pueden combinar con elementos que parecen tan antagónicos, como tecnología y realidad virtual?

R: Creo que justamente esa cosa antagónica es la que me atrajo, uno tiene una visión mucho más romantizada de la selva. La primera vez que estuve en la selva, en la frontera entre Bolivia y Brasil, tenía una idea mucho más ingenua que iba a ver no solo pajaritos, loritos y monitos, sino animales grandes, pero, por un lado, los animales se asustan, se escapan de nosotros, por otro lado, hay muchos menos animales que antes. Para futuras generaciones el jaguar será un ser mitológico, son especies que están amenazadas. Al principio estaba comenzando con una novela más tradicional, realista y en una parte el personaje principal, Rai, el psicólogo, está en Santa Rosa y su mamá le dice que las fotos que manda no tiene animales y él encuentra una aplicación que en la foto selvática le pone animales, era un juego, pero me puse a pensar que ese juego decía algo muy serio de nuestra relación con los animales, con los procesos de extinción, con el cambio climático, por el paso del ser humano por el ecosistema, me puse a pensar que la naturaleza para nosotros hoy es la postnaturaleza, ya no es la imagen que tenían los grandes exploradores como d’Orbigny que se impresionó con las selvas en América, Humboldt, todas esas imágenes que después sirvieron para la colonización y explotación del paisaje, qué pasa hoy 200 años después, ahí indagué que la tecnología podía tener algo que decir sobre lo que está pasando hoy en la selva, lo que yo pensaba que era antagónico, casi juguetón, podía ser más bien un instrumento bastante interesante para tratar de aprender la situación del Amazonas. O de lo que entendemos hoy como naturaleza, todo ya está mediado por las nuevas tecnologías, incluso nuestra relación con el medio ambiente. 

P: ¿Cómo es tu relación con el español en tu cotidianidad en el extranjero y cómo lo abordas desde la literatura?

R: Te daré un dato sorprendente: yo enseño 25 años en la Universidad de Cornell y cada año doy cuatro cursos, dos por semestre, he dado más o menos unos 100 cursos, el otro día vi que di 96 de ellos en español, prácticamente mi carrera académica es en español, es una pequeña islita en español la facultad de literatura latinoamericana en la ciudad, a veces son mexicanos, colombianos, uruguayos, hay también americanos, asiáticos, pero el grueso son latinoamericanos, en ese diálogo va creciendo un español mucho más amplío en el registro que se convierte una mescolanza de palabras que se meten y ya ni me doy cuenta, de pronto puedo decir ‘¡qué tenaz!’, que en Bolivia no se dice pero en otro lado sí, empezamos a hablar un español mezclado, pero yo no estoy en una facultad de literatura latinoamericana, sino de lenguas romances, tengo colegas que enseñan literatura francesa e italiana y la lengua franca con la que nos entremos con ellos es el inglés, seguramente hay cierta sintaxis, ciertas cosas del inglés que le interesan a mi español. En un principio era muy cuidadoso, hacía como un tipo de policía cuando el inglés se metía a mi español y después me di cuenta que era absurdo mantener un español castizo cuando sus orígenes nacen del contacto con otras lenguas, es un idioma de expansión y contacto.