Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
  • Actualizado 13:06

SE DESARROLLA DEL 25 DE NOVIEMBRE AL 5 DE DICIEMBRE

Obras del nuevo Brecht fusionan virtualidad y presencialidad

Muchas de las obras que serán montadas mezclan lo digital y lo físico, exigiendo interacción del público y cuestionando las artes escénicas en tiempos postpandémicos. 
La obra “Habitantes y fantasmas del tercer patio” en un montaje en Santa Cruz.           BRÚJULA TEATRO
La obra “Habitantes y fantasmas del tercer patio” en un montaje en Santa Cruz. BRÚJULA TEATRO
Obras del nuevo Brecht fusionan virtualidad y presencialidad

Para su edición número 23 el Festival de Teatro Bertolt Brecht — uno de los más antiguos y regulares del país — ha decidido no hacer caso omiso del proceso de transformación que viven las artes, en parte, apresurados por la pandemia. Desde su convocatoria en agosto, los organizadores pedían que se postulen obras que combinen los métodos tradicionales de las artes escénicas con las nuevas tecnologías, cuya relación con la virtualidad no se reduzca a presentar obras a través de las pantallas. 

Como resultado se ha tenido una selección de 12 obras que se montarán en el teatro al aire libre del Centro de Administración Cultural Fearless, proyecto mARTadero y del Instituto Cultural Boliviano Alemán (ICBA), desde el jueves 25 de noviembre hasta el domingo 5 de diciembre. Justamente una de las obras “digitales” escogidas es “Desfasados”, coescrita por Pedro Simoni de Nomadeteatr (Santa Cruz) y Katherine Bustillo de Mimesis Teatro (La Paz). 

La obra se presentará por la plataforma Zoom el 5 de diciembre. Lo que destaca es que el medio digital no solo es un recurso para llegar al público lejano, sino que es parte de la puesta en escena misma. Fue pensada específicamente para Zoom y resignifica sus funciones. La trama es el proceso mismo de la construcción de la pieza, en la que dos escritores (Katy y Pedro) establecen una multiplicidad de relaciones al intentar armar una obra a la distancia, una está en La Paz, el otro en Santa Cruz. Su relación se comienza a disolver y entrar en conflicto entre sí al estar mediados por las pantallas que son como el detonante o el medio que produce esa disolución al ser el soporte de interacción.

Otro rasgo singular y propio de “Desfasados” es la involucración de los espectadores, quienes compartirán al vivo el mismo espacio virtual que los protagonistas/creadores. Su principal diferencia con las obras “grabadas”, que proliferaron en el tiempo de confinamiento, es que el público no puede desconectarse de la presentación, recreando en parte el ritual de ir al teatro, estando en la sala y compartiendo una misma habitación (virtual) con los actores. Al mismo tiempo, los creadores utilizan los recursos del Zoom para que quienes los ven entren en sincronía, recursos que no podrían ser utilizados si se tratará de un trabajo grabado previamente. 

“Aprovechamos el lenguaje de la plataforma para crear un encuentro que no es exactamente el del convivio teatral, pero que tampoco es el que sucede delante de una pantalla. El internet y virtual han cambiado nuestra relación con el tiempo y con el espacio. Ambos adquieren cualidades fantasmagóricas, es decir presencia en ausencia. Cuando nos conectamos hay partes de nuestro cuerpo que se diluyen, se fragmentan, se multiplican en la red, precisamente para alcanzar al otro. A veces es nuestra voz, o una foto o un video que muestra una parte de nuestro cuerpo”, comenta Simoni. 

Igual de arriesgada y que combina elementos físicos y virtuales es “Habitantes y fantasmas del tercer patio” de Brújula Teatro de Santa Cruz. Esta pieza dirigida por Javier Silva, apoyada por La Fundación Épica La Fura Dels Baus y auspiciada por Elektron Bolivia, se montará presencialmente el sábado 27 a las 19:00 horas en el proyecto mARTadero, pero los espectadores tendrán que llevar un smartphone para recibir imágenes, sonidos e instrucciones de los organizadores para que la obra pueda desarrollarse.

Es una apuesta por lo que su mismo director ha llamado “teatro juego”, en el que el público está presente en la obra, pero al mismo tiempo atento a su teléfono móvil.  La trama presenta un entramado de situaciones “que podrían haber sucedido en cualquiera de las casonas antiguas que abundan en Santa Cruz de tres patios; donde el primer patio da a la calle, el social, el segundo era familiar y el tercero estaba destinado al depósito y a ocultar aspectos que los dueños no querían mostrar públicamente”. 

De esa premisa parte Silva para contar cuatro historias de cuatro personajes, que se conectan y lazan, formando subgrupos de público que conocerán la trama desde el punto de vista del protagonista que les tocó acompañar y desarrollar, mientras participan en el “juego”. A nivel dramatúrgico, la obra se desarrolla en cuatro fases, pero el espectador solo ve tres, y la última deberá enterarse a través del “chisme”, conversando con los miembros de los otros subgrupos que le brindarán un panorama completo del relato.

“Es una propuesta muy vivida. Si bien tengo una partitura armada, todo el tiempo cambia de acuerdo a los espectadores que nos tocan, si es participativo, frío, tímido o si se lanza a la escena para jugarla con vos. Eso hace que uno esté muy activo y tenga que escuchar el aquí y ahora. Todo el tiempo cambia y los estímulos que recibimos de los que participan con nosotros son distintos”, destaca Nathalya Santana, una de las actrices de la obra y productora de Brújula Teatro. 

Otra obra de esta edición 23 del Brecht, que también cuestiona la virtualidad, presencialidad y la misma convivencia con la pandemia es “Microteatro del fin del mundo” de Teatro Grito de La Paz que se transmitirá por Zoom el 25 de noviembre a las 19:300 horas. Son tres piezas, escritas por tres directores y tres dramaturgos diferentes, con una premisa dramatúrgica en común: son los últimos seres humanos de la Tierra quienes no pudieron salir en la o las naves destinadas para abandonar el planeta en busca de un nuevo futuro. 

El proyecto fue inspirado en el tiempo de la pandemia en el que la humanidad se vio enfrentada a un cambio drástico del quehacer social y donde los miembros del elenco consideraron importante “repensar el lugar de los seres humanos en relación al medio ambiente y la madre tierra”. Justamente al ser concebida en la era del distanciamiento social, los creadores pensaron en realizar este formato de breve duración para que grupos reducidos de público no estuvieran tanto tiempo en el mismo espacio, así como crear una alternativa de presentación vía zoom, según cuenta Bernardo Arancibia, miembro de Grito Teatro. 

La interacción del público es requerida al ser él el que decide en que secuencia ver las tres obras.