Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 06 de junio de 2020
  • Actualizado 15:49

La música boliviana llora la muerte de uno de sus máximos exponentes, Cayo Salamanca

Cayo Salamanca (d) interpreta una de sus canciones.    FUENTE: CAPTURA DE PANTALLA DE YOUTUBE
Cayo Salamanca (d) interpreta una de sus canciones. FUENTE: CAPTURA DE PANTALLA DE YOUTUBE
La música boliviana llora la muerte de uno de sus máximos exponentes, Cayo Salamanca

La muerte de Cayo Salamanca, el pasado martes, significó una de las mayores pérdidas en los últimos tiempos de la cultura nacional y local. El cochabambino, muerto a los 72 años por un paro cardiaco, le dio una identidad y característica propia al folclore boliviano en las décadas del 70 y 80, a través de su grupo Khanata.

La agrupación, a la cual Salamanca aportaba con letras, composiciones e instrumentos de vientos, no tenía una formación regular. Llegó a ser conformada por 50 músicos, con el propósito de desarrollar una música de orígenes para el país. Por sus filas pasaron Gonzalo Vargas, José Claure, los hermanos Junaro y Willy Claure, el primer grupo del compositor de cuecas.

Los primeros ensayos, según cuentan los allegados de Salamanca, fueron en las plazas de Cochabamba, donde tocaban instrumentos nativos como la zampoña y la tarka. Llegaron a grabar tres discos, siendo el último “Fiesta de los quechuas” (1982). Algunas de las letras escritas por Salamanca trataban las costumbres ancestrales y el eterno traslado de las personas de las zonas rurales a las ciudades, en busca de oportunidades y un mejor porvenir.

“Padre no es solo quien engendra. Cayo Salamanca no fue mi padre biológico, pero fue quien me dio luz en mi carrera musical. Reposa y vuela amado Salamanca”, escribió Claure en su Twitter.

En 2011, el Centro Simón I. Patiño de La Paz dedicó un ciclo de encuentros a la historia del folclore boliviano, en los que participó Salamanca, en las sesiones, el cochabambino recordaba que una de las primeras giras del grupo fue a Venezuela, donde se presentaron en varias ciudades.

 “Vivíamos juntos, varios músicos, en la comunidad de Quillacollo, en Cochabamba. En esa época, los artistas teníamos una fundamental forma de ser, la de la cooperación recíproca”, aseveró.

BOCAISAPO Además de su contribución a la música, Salamanca fundó en 1977, junto a Marcela Gutiérrez, el club paceño Bocaisapo, un símbolo de la vida nocturna bohemia de La Paz. En la fecha de su inauguración, el 7 de febrero, artistas plásticos, poetas y músicos salieron a las calles paceñas con una imagen del mitológico sapo.

Denominado por el mismo Salamanca como el “vientre materno”, Bocaisapo se situaba en el subsuelo de la Casa de la Cruz Verda en la calle Jaen.