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  • Diario Digital | martes, 18 de enero de 2022
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Mónica Velásquez, Premio de Poesía "Yolanda Bedregal 2007":

Mónica Velásquez, Premio de Poesía "Yolanda Bedregal 2007":
Mónica Velásquez Guzmán nació en La Paz (Bolivia) en 1972 y es la ganadora del Premio Nacional de Poesía "Yolanda Bedregal" 2007, con su poemario "Hija de Medea".

Estudió literatura en la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz) y luego obtuvo su doctorado en la misma materia por el Colegio de México.



Actualmente trabaja como docente en la Universidad Católica Boliviana y la Universidad Mayor de San Andrés. Ha publicado: "Tres nombres para un lugar" (1995), "Fronteras de doble filo" (1999), "Antología de poesía boliviana del siglo XX" (2004), "El viento de los náufragos" (2005), "Hija de Medea" (2007) y muchos ensayos sobre literatura.

Sin duda que Mónica Velásquez ha construido una pieza de orfebrería bien lograda, donde cada estrofa forma parte de un engranaje meticulosamente diseñado. Es por eso que el fallo dictado por el jurado, en el Palacio Chico de la ciudad de La Paz, señala: "se encontró un trabajo de alto nivel en el tratamiento del lenguaje, y con imágenes muy bien trabajadas, lo que junto con la temática, forman un mundo poético sólido y profundo".



Obra premiada



La obra galardonada, Hija de Medea, es un largo poema conformado por 40 estrofas cortas y está basada en el famoso mito de Medea.

Medea, mujer hechicera por excelencia, mata a sus hijos como símbolo de venganza porque su amado esposo Jasón, le abandona para casarse con Creusa, la hija del rey Creonte de Corinto.

Velásquez hace alusión a la tragedia del mito con bellas metáforas y con un lenguaje literario de alto nivel.

En un tono muy particular entrega al lector todo ese proceso de angustia que viven los implicados frente a la idea de la muerte y los conflictos familiares. De allí los versos:

Te dieron un hermano despedazado/

te dieron un rey recolector del cuerpo de su hijo/

quemados y muertos varios para tu

triunfo (…) Llórame padre entre los ahorcados/

entre los que debían morir para tu

vellocino/

Llora mi cuerpo sin sepultura o mi alma desabrigada/

llora al padre sin fuerza ni amor ni hijos...



Se ven muy claros los caminos del dolor y la efímera felicidad de Medea. Vida y muerte se cruzan, en esta historia, como si la venganza, el crimen y las brujerías fuesen el triunfo del amor. Es precisamente una hija de Medea que resucita para

enfrentarse a su amargo destino y gritar a los cuatro vientos:

Yo, tu hija muerta/

vuelvo de la muerte para amar la impotencia/

para enseñarte a dejar ir, para aprender a perder/

para perdonarte, coser la que fuiste/

y juntas devolver la sombra al Sol. (...) Creyeron que estaba en la piedra a la hora señalada/

que me rendía sumisa al ritual de los otros entregada a su merced/

Pero yo, bruja hija de brujas yo sabía/

Lo adiviné temprano: había que odiar al padre Jasón..



La autora hace muchas preguntas a lo largo del poema y, quizá, sin esperar alguna respuesta específica. En este laberinto de significaciones, cuestiona las relaciones humanas:

¿Qué amor ausente podrá justificar lo "tanto muerto"? ¿Quién dijo que eras el escarmiento a un padre desmemoriado, el castigo de la salvadora al ingrato? ¿Quién corta la cabeza de la culpa, qué amor al bien amará el mal? ¿Qué hija sin padre podría mantener el lazo? ¿Qué hija sin madre podría alcanzar la clemencia?

Por otro lado, da la impresión de que la asesina de sus hijos, Medea, se mata así misma desligándose de su maternidad para refugiarse en las oscuridades de Atenas. Y no menos bella es la última estrofa que dice: Abre la oscuridad, mamá/ ciérrame los ojos.



(Liberación Press de Suecia www.liberacion.press.se)