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  • Diario Digital | jueves, 23 de mayo de 2024
  • Actualizado 17:48

Llega ‘Los que se quedan’, comedia nominada al Oscar a mejor película

El filme de Alexander Payne (‘Entre copas’), candidato a 5 premios de la Academia, se exhibe desde hoy en salas locales. Sus actores Paul Giamatti y Da’Vine Joy Randolph son favoritos a ganar.
Paul Giamatti y Dominic Sessa, maestro y alumno en ‘Los que se quedan’./ EL MUNDO
Paul Giamatti y Dominic Sessa, maestro y alumno en ‘Los que se quedan’./ EL MUNDO
Llega ‘Los que se quedan’, comedia nominada al Oscar a mejor película

Alexander Payne y Paul Giamatti se reencuentran en una nueva película casi 20 años después de “Entre copas” (Sideways, 2004), una comedia ácida sobre los fracasos, las nuevas oportunidades y los vinos californianos. Su reencuentro se titula “Los que se quedan” (The Holdovers, 2023), es candidata a cinco premios Oscar y acaba de estrenarse en cines cochabambinos y bolivianos. En este nuevo filme coinciden director, actor y género cinematográfico; lo que cambia es el paisaje: de los luminosos valles del oeste estadounidense a los páramos blancos del invierno en Nueva Inglaterra. Y cambia, también, el tiempo histórico, porque mientras el primero se ambienta en días actuales, el más reciente se remonta a principios de los 70 del pasado siglo.

El contexto de la narración se desprende del guion de David Hemingson (nominado al Oscar), autor de una historia en la que Payne no participa, cosa que solía hacer en sus primeras películas, como “Entre copas”. Al guionista le interesa introducir unos apuntes en torno al racismo hacia los afroamericanos, los efectos de la guerra (Vietnam) y el tabú ante las enfermedades mentales; asuntos para los que los inicios de los 70 se antojan ideales. Sin embargo, tales coordenadas son subsidiarias de una premisa temática sin tiempo ni lugar concretos: el poder de los afectos para rehacerse cuando todo parece perdido.

La historia sigue a Paul Hunham (un Giamatti picante, favorito para el Oscar a mejor actor junto con Cillian Murphy), un estricto profesor de historia en una academia para estudiantes privilegiados, hijos de ricos y poderosos, a quien le encargan la poco afortunada tarea de cuidar el recinto educativo y a los pocos jóvenes que no se van con sus familias durante las vacaciones de Navidad. La (mala) suerte lo deja apenas acompañado de Angus Tully (Dominic Sessa), desamparado por su madre y su nuevo esposo, y Mary Lamb (Da’Vine Joy Randolph, todo un descubrimiento que apunta con fuerza al Oscar a mejor actriz secundaria), la cocinera negra del internado. La obligada convivencia durante el nevado fin de año revela las soledades de cada uno: el profesor, visco y frustrado, es un solterón consagrado a torturar a sus estudiantes; el chico, sagaz pero conflictivo, debe lidiar con el desprecio materno y la ausencia paterna; la cocinera, resignada a vivir para su trabajo, acaba de perder a su único hijo en Vietnam.

Con un argumento que puede haber sido contado mil veces, “Los que se quedan” es una película que rebosa vitalidad y frescura. Las actuaciones tienen gran parte del mérito, pero no menos importante es el oficio de Payne (“About Schmidt”, “Los descendientes”) para encontrar la distancia adecuada para reírse de sus personajes, pero sin llegar a humillarlos. El cineasta descubre en los “defectos” –físicos, conductuales y afectivos– de sus criaturas una humanidad luminosa cada vez más infrecuente en el cine que se precia de ser serio. Su nominación al Oscar a mejor película, bajo el asedio del filmes mayoritariamente oscuros y opulentos, es casi una anomalía para los tiempos actuales, por más que su director sea un mimado de la Academia (ya con dos estatuillas a mejor guion adaptado).

Que más de una crítica haya emparentado “Los que se quedan” con “¡Qué bello es vivir!!, (Frank Capra, 1946), clásico navideño por antonomasia, habla del estatus del también director de “Nebraska” (2014), a quien se reconoce como uno de los herederos más aventajados de la era de oro de Hollywood. Puede que esta nueva colaboración con Giamatti tienda a verse como un “clásico moderno” de las películas de Navidad; pero habría que darle también unas fichas para que se convierta en un filme de referencia sobre la educación. Sobre esa educación que se produce al finalizar las clases, lejos de las aulas, en el encuentro intelectual y emocional entre seres rotos que solo necesitan que alguien siga creyendo en ellos.