Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 13 de abril de 2021
  • Actualizado 03:03

ENTREVISTA A LA INVESTIGADORA MARÍA AIMARETTI

‘Jóvenes vieron en video herramienta de reivindicación identitaria en los 80’

El libro “Video boliviano de los ’80.  Experiencias y memorias de una década pendiente en la ciudad de La Paz” será presentado este jueves a las 16:30 horas. 
‘Jóvenes vieron en video herramienta de reivindicación identitaria en los 80’

Una de las actividades más importantes de las Terceras Jornadas de Cine Boliviano de la próxima semana, es la presentación del libro “Video boliviano de los ’80. Experiencias y memorias de una década pendiente en la ciudad de La Paz”, una investigación de largo aliento de casi 15 años de la historiadora de arte argentina María Aimaretti. La autora visibiliza una etapa poco estudiada, pero efervescente en cuanto a su producción acerca de las transformaciones sociales de la época, siendo el video “una herramienta de reivindicación identitaria” 

Aimaretti es doctora en Historia y Teoría de las Artes por la Universidad de Buenos Aires, investigadora del Conicet y profesora en grado y posgrado en la UBA y otras universidades nacionales y del exterior. La obra podrá ser adquirida escribiendo al [email protected]

P: ¿Por qué decides estudiar el video en Bolivia, y en particular, La Paz?

R: Mi investigación sobre el video boliviano de los 80 es, en realidad, el fruto de una trayectoria de trabajo, de una investigación de largo aliento, en el área de las artes y humanidades. Arrancó hacia el año 2005, 2006. Tomé contacto con el Teatro de Los Andes en 2005 y poco después con el grupo Ukamau; quedé deslumbrada y fascinada con estas experiencias. Mi investigación doctoral comenzó en 2010, pero paralelamente participé en grupos de investigación en la UBA y en la Universidad Nacional 3 de Febrero. Para mí, era un foco de atracción las prácticas militantes en las áreas de las artes y la cultura, los nudos que se podían tejer entra la estética, política, memoria y los exilios. Mientras hacía mi doctorado y estudiaba estos temas, iba armando una agenda de problemas y preguntas. Cuando estaba terminando el doctorado quise dedicarme a pensar los 80 porque durante la investigación me interesaba pensar al grupo Ukamau y al Teatro de los Andes, como parte de una tradición más amplia y diversa. Muy generalmente los abordajes de estos colectivos se hacen de manera insular, y a mí me interesaba pensarlos en un marco más amplío, que tenía como horizonte las intervenciones en los campos de la cultura y la política. El periodo de los 80, era un periodo de entretiempos. Es una década, para toda América Latina, fascinante por muchas razones porque se viven cambios sociales, y las artes y la cultura fueron un lugar de procesamiento de los conflictos, un lugar donde se tramitaban los cambios de sensibilidad. Los 80 en Bolivia se me presentaban, por un lado, como un espacio de mucha incertidumbre y también de potencia, es un tiempo de exilios y desexilios, y es el tiempo de los jóvenes. En el último año de la tesis formulé un proyecto que se centraba en esta década y en la producción videográfica de La Paz, porque fue un lugar de mucha producción de imágenes en movimiento y discusión de estas. Una ciudad que estaba en plena ebullición y, además, en la que circularon m jóvenes muchísimos jóvenes por el cambio generacional, hay un recambio importante que había que revisar.

P: ¿Por qué se habla del término video y no audiovisual o cine?

R: Me interesaba pensar en el video, no tanto como un formato, un soporte, sino como una tecnología situada en una coordenada espacio temporal específica, que conlleva un posicionamiento generacional, productivo y que, además, implicaba una propuesta de trabajo alternativa al modelo cinematográfico, que para la mayoría de los actores de ese tiempo era prácticamente inalcanzable. Estos jóvenes que vienen de la universidad, de diferentes tipos de militancia, de la educación popular, ven en el video una herramienta de expresión, un medio de inserción laboral y un canal de reivindicación identitario como generación, frente a los mayores, que son Eguino, Ruiz, Sanjinés y Agazzi. Poco a poco fueron pasando los años y estas dos generaciones tuvieron diálogos fluidos, pero en ese tiempo el video era una bandera de pronunciamiento y de posicionamiento.

P: ¿Cuáles son los seis capítulos que conforman el libro?

R: El primer capítulo es un paneo general de lo que yo llamo la escena de los 80, un campo muy heterogéneo de producción en video con proyectos muy diversos y de distinto alcance. Si esto es como una pantalla general, cada uno de los capítulos restantes establece una especie de zoom in sobre alguno de los casos que conformaron la escena. El capítulo dos se centra en pensar parte de la producción de Nicobis: me enfoco en aquellos trabajos que estuvieron muy cerca de las movilizaciones sociales, de las revueltas populares. En el tercer capítulo me dedico a revisar los videos y prácticas producidas por mujeres en torno a la temática anarquista. El cuarto apartado rastrea los proyectos que buscaban alguna forma de transferencia y de apropiación de nuevas tecnologías, como el taller de cine minero o la experiencia de Qhana. El quinto capítulo estudia aquellos videos que interrogaron cuestiones de identidad y alteridado, los videos que exploran las culturas. El sexto en vez de un zoom in, es un zoom out, en el que pongo en relación la escena boliviana con las escenas de video latinoamericana, pensando esos vínculos, convergencias y divergencias respecto al video. 

Reconstruyo los encuentros que tuvieron lugar entre 1988 y 1992. En 1989, el encuentro de movimiento latinoamericano de video se organizó desde Bolivia y en Cochabamba, justamente la portada del libro es el afiche del encuentro. En él, se centran una serie de ideas que gravitan a lo largo del libro: una trayectoria de largo aliento, la idea de camino, la de producción alternativa. 

P: ¿Cómo reflejan, afrontan y procesan los videos de los 80 la problemática social del tiempo?  

R: El libro es como una inmersión en los 80 y, de hecho, para mí fue importante incluir en la edición dos mapas de los 80 que sintetizan todo lo que se fue discutiendo y pensando a lo largo del libro. Son dos gráficas que permiten pensar la diacronía y sincrónica de la escena de los 80, en relación con eventos importantes a nivel social y cultural. Efectivamente, la producción de los 80 está estrechísimamente relacionada con las transformaciones que están presentes en la sociedad. Es un video que dialoga con ellas, hay un cuerpo a cuerpo con lo que está pasando en la escena social, pública y las imágenes. Tenés documentales que están trabajando de forma absolutamente sensible, lo que sucede con las movilizaciones populares, como los de Nicobis, por ejemplo, que trabajaron la pauperización económica con “Café con Pan” o “La marcha por la vida”, trabajos que de modo muy sensible están dado cuenta de una sociedad en crisis, de un modelo económico, político e ideológico en crisis terminal. Pero también tenemos películas, igual de Nicobis, como “Movilización, paz y libertad”, testimoniando la efervescencia social , o, “Lucho vives en el pueblo” que rescata la memoria del pasado reciente. Hay un corpus de videos que trabajaron en paralelo, testimoniando la efervescencia social. Otro conjunto de producciones  se preguntaron, en un momento de crisis, por referentes éticos y políticos en una historia de largo aliento, ahí tenés el trabajo de las mujeres videastas bolivianas que hicieron una serie de materiales videográficos que recuperaban la memoria anarquista, esa base que forma parte de las luchas populares de los trabajadores bolivianos, mucho antes de la COB, discutiendo ese modelo piramidal, masculino, partidario y propusieron, en un momento de oscuridad profunda, volver a aquellos primeros pasos de los y las trabajadoras bolivianos. Tenés películas inolvidables como “A cada noche sigue un Alba “, “Siempre viva” o “Voces de libertad”. Después hay otra parte del corpus de videos que trabaja sobre la pregunta de la identidad, una pregunta que fue central en los 80, habitualmente decimos que Jorge Sanjinés en “La nación clandestina” formula narrativa y estéticamente una pregunta central para los bolivianos: ¿quiénes somos?  Esta pregunta, formulada de forma maravillosa por Sanjinés, es una pregunta transversal que está en plena ebullición en los círculos intelectuales, en los escritores y en la universidad. No hay que olvidarse que a comienzo de los 80 aparece el taller de instrumentos que dirigió Cergio Prudencio; hay un espacio para plantear la identidad, desde la música, pero lo mismo está pasando desde todos los ámbitos culturales. Igual hay videos que se preguntan por la identidad boliviana, como “Levantémonos todos” o “El camino de las almas”, que en buena medida ejemplifican la pregunta de cómo poder pensarnos después del dolor, cómo nombrarnos después de las dictaduras, cómo pensar un espacio democrático en el que todas las voces puedan tener un espacio de interlocución. Este es un debate enorme, en paralelo tenés la emergencia de los espacios de educación popular, alternativa que están democratizando la educación, la palabra, los medios; existe, además, la formación orgánica de movimientos sociales populares con base indígena muy fuerte, con una consciencia identitaria muy fuerte, muy poderosa que es algo que va a crecer exponencialmente en los 90 y en los 2000 va a desatar los procesos que ya todos conocemos. Si no miramos en los 80, nos perdemos una década fascinante que realmente puede ser pensada como un humus para todo lo que vino después.