Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de mayo de 2021
  • Actualizado 04:11

Guillermo Ruiz vuelve al cuento en ‘Los claveles de Tolstoi’

Una entrevista con el escritor paceño ganador del Premio Nacional de Novela 2018, quien en marzo de este año publica su siguiente título, editado por 3600.

El escritor paceño radicado en Francia, Guillermo Ruiz Plaza. CORTESÍA
El escritor paceño radicado en Francia, Guillermo Ruiz Plaza. CORTESÍA
Guillermo Ruiz vuelve al cuento en ‘Los claveles de Tolstoi’

Después de haber escrito su primera novela, “Los días detenidos” (ganadora del Premio Nacional de Novela 2018), el escritor boliviano radicado en Francia, Guillermo Ruiz Plaza, lanza este año su próximo libro “Los claveles de Tolstoi”, un retorno al género del cuento por parte del autor, quien escribe siete relatos, independientes entre sí, pero unificados por una misma atmósfera y compartiendo personajes que pululan entre las narraciones. 

La publicación será editada por 3600 y está programada para ser presentada el 26 de marzo. Ruiz es un escritor ya consagrado, que hace parte de esa exitosa camada de literatos nacionales que ostentan ciertas similitudes, como haber nacido en los primeros años de la década del 80 y producir sus obras desde el extranjero (Rodrigo Hasbún, Lilliana Collanzi, Sebastián Antezana).

Es el cuento en el género donde el arte ha proliferado más, con títulos como “El fuego y la fábula” o “Sombras de verano”, pero también ha publicado poesía y ensayo. Compartimos una entrevista con el autor en la que habla sobre su próximo libro, su contenido, motivaciones y manera de encarar el género.

P: Después de la novela “Días detenidos” vuelves al relato breve con “Los claveles de Tolstoi”. ¿Es el cuento el género en el que te sientes más a gusto? ¿Qué ventajas te ofrece con respecto a los otros?  

R: El cuento me gusta, sobre todo como lector. Releer a Chéjov, a Singer, a Ribeyro, por citar solo a tres estupendos cuentistas, es cada vez un placer y un aprendizaje. Un aprendizaje de la vida y de la escritura, en especial la escritura del cuento, que es un arte sutil, delicado, difícil. En ese sentido, el cuento está más cerca de la poesía que de la novela. No me siento especialmente a gusto con el cuento ni con la novela. Empezar un escrito, sea cual sea el género, representa siempre un desafío.

El cuento tiene ventajas, sin duda, sobre todo en nuestra época, en que disponemos de poco tiempo y estamos siempre apurados. Por otra parte, como dijo Poe, el cuento se lee en poco tiempo y esto permite una “unidad de impresión” y así tiende a quedarse grabado en la memoria del lector. Uno de los recuerdos más nítidos que tengo como lector es, por ejemplo, el de la atmósfera asfixiante de “Casa tomada”, ese gran cuento de Cortázar, que no solo es perfecto sino rico y fértil, porque se presta a diversas interpretaciones. Un cuento así lleva a pensar en el relato como en la quintaesencia de la literatura.

P: ¿A qué se debe que hayas incluido en el título el nombre del novelista ruso Tolstoi?

R: Los claveles de Tolstoi es una imagen que recorre, de manera evidente o velada, los siete cuentos que componen el libro. En sus últimos años, Tolstoi se retiró a la finca que tenía en su aldea natal, y allí sembró un inmenso jardín de claveles blancos. Años después de su muerte, los bolcheviques requisaron la finca y, para salvar el precioso jardín, las hijas del difunto mandaron los numerosos claveles a un viejo amigo suyo. Este amigo catalán, anarquista refugiado en la Costa Brava (España), sembró los claveles de Tolstoi y luego siguió sembrando claveles, todos blancos, hasta llegar a trescientos mil. El primer cuento pone en escena a unos mochileros bolivianos que buscan los claveles de Tolstoi. No quiero entrar en detalles, pero en el libro el jardín es más que eso, claro. Es un símbolo cambiante según las íntimas búsquedas existenciales de los personajes.

P:¿Qué preocupaciones y temas verá el lector en los siete relatos que conforman el libro de cuentos?

R: La literatura y el arte, las revelaciones y el fracaso, el amor y el desamor, la amistad y los viajes, la violencia y el erotismo. 

P: ¿En qué atmósfera integradora se ven unidos los relatos?

R: Es el volumen de relatos más unitario que he escrito hasta ahora, pues estos comparten a menudo personajes y escenarios. Los relatos son autónomos, es decir, pueden leerse por separado, pero he procurado que funcionen como un conjunto orgánico, de tal manera que la lectura del segundo cuento enriquezca el primero, y así sucesivamente.

P: ¿Cuándo escribiste el libro y cuánto tiempo te tomó?

R: Lo empecé en el verano de 2019 y lo terminé en el verano de 2020. Escribir durante la cuarentena fue la mejor manera que encontré de sobrellevar todo esto.

P: Ya has escrito libros de cuentos, poesía, ensayo, novela y traducciones; algún tiempo atrás dijiste que la prosa era tu expresión más natural. ¿Aún mantienes esa idea?

R: Mi primer libro se llama “Prosas sacras” y contiene varios poemas en prosa, que es un género que aún me fascina. Creo que la prosa es un espacio de libertad y de juego, al igual que el verso. Hace poco releí “La piedra imán”, ese gran libro de cuentos de Jaime Sáenz, y sus versículos funcionan perfectamente a la hora de contar una buena historia. De tal manera que la verdadera oposición no radica entre la prosa y el verso, sino entre lo narrativo y lo poético. Y lo poético siempre me acompaña. Me es indispensable y lo busco en todas partes, como lector, como aprendiz de escritor, como persona.

P: Tu trabajo ha sido destacado por el rigor y precisión en el uso de la palabra, con una narrativa fragmentada que se va armando como un puzzle. ¿Seguiremos encontrando estas constantes en “Los claveles de Tolstoi” o por qué estilo técnico se ha visto impregnada?

R: Como dijo Borges, uno lee lo que quiere, pero escribe solo lo que puede. Y, por otra parte, diría yo, la escritura siempre te deja insatisfecho. Así que solo puedo hablar de mis intenciones: en este libro he tratado de ampliar y enriquecer el mundo de mis ficciones y también mi búsqueda estilística.

P: ¿Cómo has vivido el tiempo del confinamiento obligatorio? ¿Ha influenciado la concepción de algunos de tus escritos?

R: No hay escritura sin soledad. Así que el encierro ha sido fértil. He cometido este libro de cuentos y una nueva novela. Ni como lector ni como aprendiz de escritor busco evadirme, sino todo lo contrario: busco agarrar por los cuernos al toro enloquecido de la realidad. Los libros, la música, el cine, son grandes compañeros de ruta. Creo que en estos últimos tiempos todos lo hemos experimentado con más intensidad que de costumbre.