Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 13 de junio de 2021
  • Actualizado 03:19

ENTREVISTA A LA ACTIVISTA COFUNDADORA DE MUJERES CREANDO

Galindo: ‘Manfred, que es homofóbico, ganó las elecciones, pero no gobernará nuestros cuerpos’

La feminista presenta en su nuevo libro “Feminismo Bastardo”, un concepto que nace de la  “violación” y la “violencia” para aceptar el cuerpo “tal como es”. 

La activista María Galindo con la figura artesanal que es la portada de su libro “Feminismo Bastardo”.           OPINIÓN
La activista María Galindo con la figura artesanal que es la portada de su libro “Feminismo Bastardo”. OPINIÓN
Galindo: ‘Manfred, que es homofóbico, ganó las elecciones, pero no gobernará nuestros cuerpos’

Si hay algo en lo que pueden coincidir tanto los detractores como seguidores, porque no hay punto medio, de María Galindo, es que su discurso incomoda en el sentido de hacer cuestionar principios y fundamentos que se han sobreentendido y no se habla mucho de ellos. La cofundadora del colectivo de casi 30 años, Mujeres Creando, estuvo en Cochabamba para presentar su nuevo libro “Feminismo Bastardo”. 

Compartimos una conversación en la que la autora de “No se puede Descolonizar sin Despatriarcalizar” afirma que a la comunidad lésbica, homosexual y activista ya no le interesa cómo son percibidos por la sociedad y que autoridades como el reciente posesionado Manfred Reyes Villa pueden ser “homofóbicos”, pero no “gobernarán” sus cuerpos. Galindo también habla sobre la concepción del término feminismo y la situación y propuesta para las mujeres que sufren violencia familiar. 

P: Has sido crítica con el término feminismo y su activismo ‘tradicional’. ¿Qué es para María Galindo entonces el feminismo? 

R: No es que hable de un feminismo tradicional, sino que hay una tecnocracia de género que tiene un enfoque neoliberal y está afincada en las ONG, en los partidos políticos y en ciertos puestos de gobierno que postulan la igualdad de hombre-mujer, que es un postulado absurdo y meramente retórico. A nombre de mujeres ocupan lugares de poder y ya hemos visto que esos espacios no les llegan a las mujeres de pie, no trasforman las relaciones de explotación, de violencia machista, de las mujeres en los lugares de trabajo, de estudio, en la casa y en ninguna parte. La cuota de equidad y paridad es un absurdo porque es inservible para las mujeres. Esas mujeres que están sentadas, representan a los caudillos, a los partidos, a sus mafias y no representan a las mujeres, es una cuota biológica, meramente referencial, se despoja a las mujeres de ideología.

No es que hable entonces de un feminismo tradicional, sino que es una tecnocracia liberal. El feminismo no es simplemente una lucha de derechos por las mujeres, porque una sociedad patriarcal, racista como en la que vivimos, no basta con otorgar los derechos a las mujeres para que la sociedad cambie las relaciones de poder. Para mí el feminismo es una propuesta de trasformación de todas las estructuras sociales, empezando en la familia y terminado en la economía; empezando en el erotismo y la sensualidad y terminando en el diseño urbanístico de las sociedades. En nuestra sociedad todo está pensado a modelo y necesidad del varón blanco propietario, pero ese sujeto no representa ni siquiera a los hombres; hablo de la despatriarcalización como el componente principal del horizonte de la lucha femenina. La autora de la tesis de la despatriarcalización soy yo, me lo plagiaron, pero simplemente le dieron el contenido de derechos que no sirven para nada. Cuando hablo de despatriarcalización de la sociedad, estoy hablando de la desestructuración de las estructuras de poder. Despatriarcalizar la sociedad es eliminar el servicio militar obligatorio, que les está diciendo a los hombres que su facultad de matar es su principal elemento de su condición masculina; yo no digo mujeres en el servicio militar, sino eliminación del servicio militar.

Otro elemento es la despatriarcalización de la familia. El Estado boliviano funciona simbólicamente como si la sociedad estuviera estructurada en una familia patriarcal, donde hay una cabeza, el papá, mamá e hijitos que no tiene cabeza, por eso se habla de cabeza de familia. Pero si vamos al último censo, el 25% de las familias bolivianas son nucleares patriarcales; el 30% de las familias bolivianas tienen como cabeza de familia a una mujer y el papá ha sido expulsado por violento; el 25% de las familias bolivianas son de tejidos sociales extensos donde los hombres no son necesariamente la cabeza, pertenecen compadres, comadres, etc, son lazos familiares extensos; y luego tienes un porcentaje de más del 10% de familias muy diversas. La estructura social, la salud y la educación funcionan en base a una falsa estructura familiar, porque además todas las familias que no son nucleares parciales son desde el punto de vista del Estado, disfuncionales.  Cuando en el caso de todas las familias, donde las mujeres han expulsado al hombre violento lo han hecho para recuperar tranquilidad, para recuperar una vida sin violencia, creo que es muy importante los feminismos, porque no hay uno solo, podemos aportar a la sociedad. Es una mirada que desnuda, sincera, sin doble moral.

P: ¿Cómo se puede revertir entonces una sociedad conservadora, desde la raíz, y no someterse a ese sistema que tu denominas patriarcal?

R: La agenda es cambiarlo todo. Pero si estamos hablando de un sistema educativo yo creo que es muy importante la educación sexual, recuperar nuestros cuerpos. Vivimos en una sociedad negadora del cuerpo, hacemos educación sin cuerpo. Si vamos a los datos, estamos en una sociedad de violación, manoseo, de clasificación tiránica de los cuerpos, en base a unos patrones de feminidad y machistas que son violentos. Necesitamos revolucionar la educación en un código de soberanía. La tapa de mi libro es una figura arqueológica precolonial. Pero si tú miras este cuerpo (una pequeña cerámica femenina artesanal), desnudo, refleja nuestros cuerpos en Bolivia. Es una cerámica hipersexualizada, y es el cuerpo que hemos perdido con el colonialismo, nos hemos tapado, nos hemos avergonzado y negamos la estética de nuestros cuerpos, tratando de entrar en un proceso de barbieficación de las mujeres que niegan nuestros cuerpos.  

P: Me hace un poco recuerdo a la Venus de Willendorf…

R: Las venus de Willendorf atraviesan desde Ucrania, todos los Pirineos, encuentras desde Suiza, Alemania hasta Ucrania, pero este es el icono andino, es la referencia histórica o precolonial nuestra. Cuerpos hipersexuales, eróticos. Tenemos mucho trabajo que hacer, tenemos que despenalizar el aborto, porque la maternidad es un mandato en la sociedad boliviana, no tenemos derechos para decidir sobre nuestros cuerpos, hay que desgenitalizar el cuerpo masculino y dejar la concentración absurda en el pene como órgano sexual supremo. La comunidad gay, yo le digo marica con cariño, son comunidades que nos invitan a limpiarnos de los prejuicios sociales a lo que es feo, bello, indeseable. 

P: Seguramente hay mucho camino por recorrer, pero las comunidades homosexuales están ganando mucha más notoriedad que antes, ¿Cómo la sociedad boliviana las está recibiendo?

R: Yo creo que a estas alturas no nos importa cómo se esté recibiendo. Yo soy boliviana, no soy extraterrestre, me han visto desde wawa, ahora tengo 57 años, desde joven. Siguen surgiendo generaciones dispuestas a enfrentarse con el prejuicio. El Manfred, que es un homofóbico, ha ganado las elecciones, pero no gobernará nuestros cuerpos, nuestras calles, nuestras discotecas, que no se haga ilusiones, de la puerta de la Alcaldía, sus palabras no pasarán. Atiendo mucha población trans y ya no nos importa lo que piensen. La idea de que no somos Bolivia está completamente rota. Hay unas estructuras hegemónicas de poder que son muy homofóbicas, pero estamos dispuestos a enfrentarlos. La pandemia de feminicidios que estamos atravesando es la respuesta de castigo fascista, que no solo es ideología sino comportamiento, es una respuesta fascista contra la libertad de las mujeres. El estudio sobre feminicidio hecho por la clínica de Harvard de Derechos Humanos en Bolivia lo hemos hecho nosotras con ellos. Hemos mostrado que el feminicidio es una pandemia que se presenta cuando la mujer sigue un proceso de desobediencia. El feminicidio no es un acto de violencia contra una mujer sumisa, sino contra una que ha reclamado la asistencia familiar, cuando ha roto una relación que no le gusta, cuando ha decidido bailar en una fiesta con un tercero, ha decidido vestirse como se da la gana, ha decidido estudiar. El feminicidio se presenta en una relación de ruptura de mandatos de sometimiento patriarcal y tiene que atender la sociedad que el feminicidio es un proceso acumulativo de violencia machista que intenta disciplinar a las mujeres, y cuando en un determinado momento no logra ese propósito le quita el feminicida esa vida porque no ha podido controlarla, someterla. Cuando una mujer denuncia violencia machista está en riesgo, porque cuando denuncia es porque en su vida privada no lo ha podido resolver. 

P: Y cuando hace la denuncia… 

R: La respuesta es minimizar el acto de violencia por parte del IDIF, dudar de su voz, hay un aparato absolutamente negligente. Hemos tenido una cantidad de casos importantes en Sucre, Cochabamba y Santa Cruz de mujeres asesinadas que habían denunciado antes violencia y que el aparato fiscal no había hecho nada. Cuando una mujer denuncia violencia, el primero en enterarse es el hombre, la policía no reacciona, él sí reacciona con mayor violencia. El mensaje correcto no es mujer denuncia, sino cuando una mujer denuncia actuar de inmediato. Nosotras proponemos que las casas de acogidas sean casas de hombres violentos, porque una mujer cuando sale, las casas de acogida te dan un máximo de tres meses, tienes que salir con las wawas que están en el colegio donde ella vive, cuando una mujer sale de la casa, y lo tenemos comprobado, el hombre vende, quema sus cosas. Ella no quiere perder sus cosas que a veces son tres, cuatro, pero le han costado mucho tiempo y va a una situación donde hay otras mujeres, que están con otras wawas y en tres meses dónde irá a parar, los casos no avanzan en tres meses. Pero si se lo saca al hombre, ella se queda en el lugar que le corresponde, no pierde sus cosas, ese hombre puede estar bajo vigilancia policial y en tres meses tiene que resolver dónde va a ir, es definitivamente más lógico que las casas que se han hecho, deben ser casas para hombres violentos y que las mujeres que los denuncian permanezcan en sus hogares. 

En La Paz tenemos que de 70 camas no pasan de 20 ocupadas, las que tiene el albergue más importante de la ciudad, porque las mujeres no pueden abandonar sus enseres y tres meses no sirven para nada para ellas. 

P: ¿A qué te refieres con hacer activismo desde una posición ‘bastarda’?

R: Bolivia se debate entre dos polos: el polo de decir Bolivia es una sociedad mestiza y todos somos mestizos, tenemos una sangre mezclada. En esta tesis del mestizaje es un blanqueamiento, como soy mestizo porque no soy indio. El otro polo es “yo soy originario”, el blanco es una mierda y yo soy indígena dueño absoluto de esta tierra y todos son foráneos. Bolivia se ha debatido en la historia entre estos dos polos, por supuesto que el polo del mestizaje, negación del indio ha sido el hegemónico, el que ha manejado el Gobierno, pero ninguno de estos dos polos resuelve el problema de complejos entre nosotros mismos y los cuerpos que son nuestros. El lugar del bastardismo es el lugar que plantea que el origen es la violación, la violencia, por lo tanto, como sociedad somos un núcleo humano y lleno de resentimientos con la madre, el padre, que no ha resuelto complejos humanos y taras por eso somos un núcleo humano racista y colonial donde la pasamos insultándonos unos a otros. Plantear que este núcleo es uno bastardo, que tiene como origen la violencia, de hecho, es plantear que debemos resolver y cuidar en relación a nuestra subjetividad, estos complejos y tenemos que resolverlo en relación a cualquier posición que asumas en relación a lo que tú eres, tanto si te sientes un blanquito fabuloso o un originarito auténtico que el colonialismo no pasó por ti.