Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 04 de diciembre de 2021
  • Actualizado 07:34

Filme boliviano explora circunstancias de la muerte del padre Luis Espinal

“El novio de la muerte”  es el primer largometraje de Marcos Malavia que lanza interrogantes sobre la memoria histórica y los crímenes irresueltos.  

El equipo de producción de “El novio de la muerte” durante el rodaje de una escena.  CORTESÍA
El equipo de producción de “El novio de la muerte” durante el rodaje de una escena. CORTESÍA
Filme boliviano explora circunstancias de la muerte del padre Luis Espinal

La película boliviana “El novio de la muerte” comienza con la cita bíblica: “Los padres comieron uvas amargas y a los hijos se les destemplaron los dientes”. Con esta frase, el director Marcos Malavia intentó condensar la intención de su filme, una historia contada en tiempo presente, pero que interroga a la memoria histórica, exigiéndole respuestas, como la de en qué circunstancia murió el jesuita y periodista Luis Espinal, asesinado en 1980 a manos del gobierno dictador militar de Bolivia.

La trama sigue a un grupo de personas de 40 años que decide escudriñar sobre las circunstancias y los responsables del asesinato del sacerdote y activista por los derechos humanos español. Uno de sus descendientes llega al país para dilucidar el crimen y conoce a una investigadora, quien también está haciendo una pesquisa sobre el grupo de paramilitares Los novios de la muerte, la mano homicida de la Operación Cóndor en Bolivia y que estuvo liderada por el nazi Klaus Barbie.

“Es una exploración de una época de la memoria boliviana, pero a través de hoy, de personajes que viven también con las problemáticas contemporáneas. Es increíble que nadie en la historia, hasta ahora y 40 años después de la muerte de Espinal, haya investigado seriamente su muerte y es igual de inaceptable no saber quién nos responderá por qué y cómo Klaus Barbie, un asesino nazi, tenía relaciones con el aparato de represión política, que alguien nos explique como un nazi llego a torturar a bolivianos”, reflexionó indignado Malavia, para quien es importante que los artistas provoquen, que los artistas y el cine “interroguen” la memora actual. 

Malavia es también director de la Escuela Nacional de Teatro. Estrenó su primer largometraje en el cierre del Festival Internacional de Cine de Santa Cruz (Fenavid) y desde hoy está en cines de La Paz, El Alto y Santa Cruz. En cuanto a su llegada a las salas de Cochabamba, uno de sus productores, Alejandro Fuentes, indicó que “pronto llegará a las otras ciudades del país”.

La cinta se empezó a rodar gracias al aliciente económico del Programa de Intervenciones Urbanas (PIU) en 2019, en locaciones de Santa Cruz y algunas de La Paz. El proceso de postproducción se realizó en Francia (donde Malavia vive) en un largo transcurso de unas 18 semanas en las que se trabajó la edición de imagen y sonido, efectos especiales y la banda sonora, contando con la participación especial del argentino Daniel Melingo, quien compuso una canción original para la película, y Anita Vallejo.

En cuanto a la financiación francesa, fue lograda a través del Centro Nacional de Cinematografía, gestionada por el productor Christophe Baudouin. “Era importante para nosotros ser parte del filme porque el asesino Klaus Barbie fue bautizado acá como el Carnicero de Lyon y después se vino a Bolivia, es un lugar común entre Francia y Bolivia”, aseguró Baudouin.