Opinión Bolivia

  • Diario Digital | sábado, 04 de abril de 2020
  • Actualizado 17:28

TIENE 34 AÑOS Y AMA LOS ANIMALES

Camila, una vida “sinfónica” con Plácido en la mente

Es clarinetista, habla tres idiomas, nació en la Llajta y, desde los 14, viaja por el mundo con la música lírica.
Camila, en una sesión de fotos pasada. | soundcloud.com
Camila, en una sesión de fotos pasada. | soundcloud.com
Camila, una vida “sinfónica” con Plácido en la mente

28 de enero de 2016. American Airliness Arena, la mítica casa del Miami Heat, equipo de la NBA. Auditorio completo, atento al regalo melodioso que emana de la conjunción de los violines, oboes, clarinetes, flautines y saxofones.

En el centro, la figura de la obra: el tenor español Plácido Domingo, entregado a la tarea asignada de interpretar la delicada simbiosis entre la temática popular y la lírica.

Y en el punto más especial de la ola ordenada de artistas, ella, en trance, ensimismada, con una sonrisa generosa, con los ojos danzando al son de los intrumentos de la Miami Symphony Orchestra (MISO), de la que es parte.

Ella, concentrada en las partituras, siguiendo a rajatablas la consigna de volver aún más dulce su clarinete e insertarle el toque de picardía de la música mariachi tradicional de México, pues la propuesta de la presentación es esa, tocar un concierto de ese tipo.

Ahí está Camila Barrientos Ossio, la clarinetista cochabambina que a los 34 años tiene la autoridad suficiente para esbozar una sonrisa amplia, pues se ha ganado un espacio propio en las orquestas sinfónicas más imponentes del mundo. De hecho, actualmente se desempeña como primer clarinete en el Theatro Municipal de São Paulo, Brasil, sitio en el que radica junto a su esposo Bruno, un trompetista que conoció en los pasillos de la música de “alto nivel”, como se encarga de acentuar.

Suele ser difícil alinear las pasiones del alma con los compromisos mundanos. Las obligaciones incorporadas con el devenir de los años, a veces, condicionan nuestros pasos. Por fortuna, ese no es un mandato humano. Por fortuna, los moldes están para romperse.

Para bien (no “para mal”, y aquí nos permitimos la licencia de desarmar la construcción popular), Camila escogió el sendero que abrió su esencia y vive de lo que la mueve emocionalmete, la música de cámara.

De ahí que haya conseguido acompañar al tenor Plácido Domingo en una presentación de 2016 y que en la memoria guarde las secuencias sonoras de aquel momento.

“Fue un concierto bastante lindo porque cuando tocaba en Estados Unidos lo hacía bastante en la Miami Simphony. En esa orquesta siempre elaboran repertorios más abiertos. Aquello fue una mezcla de lo clásico con lo popular. Fue en el Arena, un espacio gigante en el que juegan basquet. Era un concierto de mariachi con Plácido Domingo. Fue increíble. Ya sabíamos que tocaríamos  con él. Es una persona muy gentil y un músico extraordinario”.

Pero la experiencia con el afamado español solo forma parte de una novela viva en plena escritura en la que Camila es protagonista estelar. En los capítulos ya editados también se encuentran el venezolano Gustavo Dudamel, director de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, el estadounidense Lawrence Dutton, integrante del Emerson String Quartet, y el trompetista de jazz norteamericano Dave Douglas, autor del álbum Mountain Passages.

Para comprender el presente de esta mujer boliviana es necesario volver las pisadas. Camila, de padres 100% cochabambinos, se mudó al país del norte cuando tenía 14 años.  Lo hizo motivada por su deseo de perfeccionarse en el arte de tocar el clarinete. Era una adolescente. Estudiaba en el Instituto Laredo cuando conoció a la pianista Ana María Vera, quien, a su vez, le presentó un músico israelita que, sin advertirlo, le enseñó el camino.

“Ana María fue otro ejemplo de vida y ética que me marcó. También trabajé con ella en Bolivia. La conocí cuando yo tenia 13. Ella llevó a un clarinetista. Pasé clases con él y, luego, toqué con ella un concierto de Mozart. Estaba empezando”.

Una vez instalada en Estados Unidos, la artista realizó su Licenciatura en Música con especialidad en clarinete dentro del conservatorio Manhattan School of Music, en New York, donde también concretó su maestría.

“Después me quedé a trabajar unos cuatro años allí, tocando  en varias orquestas como en la Orquesta Filarmónica de Nueva York y en la Miami Symphony Orchestra. Viajé bastante haciendo música contemporánea y una variedad de cosas en la música clásica”.

Conoció a Bruno hace aproximadamente 10 años, cuando ambos coincidieron en un concierto dado por la Orquesta de las Américas. Se enamoraron y afianzaron la relación a distancia. Más tarde, el brasileño se mudó a New York para estar junto a ella.

Tras consolidar su carrera en el norte, ambos decidieron partir hacia Sao Paulo. Un poco por el deseo de ella, que anhelaba no sentirse tan lejos de Bolivia, país en el que ha cofundado la Sociedad Boliviana de Música de Cámara, en 2014, con la “misión” de impulsar la música de alto nivel en todos los resquicios de las provincias.

“En Cochabamba hay algunas orquestas que llevan a cabo trabajos interesantes, pero falta mucho en las localidades. Cuando hicimos la primera temporada de la Sociedad Boliviana, me impresionó la recepción en Colcapirhua, que es bastante lejos. En la segunda pudimos crear una conexión con el público que realmente sentí. Hay algo súper especial con el público boliviano”, resume la mujer que se sabe fascinada con la cultura ancestral andina.

La sangre tira, como también el cariño por la patria. Sin embargo, por el momento, Camila no baraja la posibilidad de volver a casa. Más adelante, sí. “El  trabajo de música en Bolivia aún no es respetado. No existen instituciones artísticas fuertes, pero veo que (la situación) está mejorando”.

Ante el desafío de elegir una de sus mejores experiencias, apunta a una en particular, muy reciente. Este año acompañó una ópera enteramente femenina, desde la responsable de los libretos hasta la compositora, algo poco usual en  un área conservadora y tradicionalmente masculina. Estuvo junto a Ellen Reid y Roxie Perkins, ganadoras del Pulitzer. “Fue bastante profundo conocerlas”.

Junto a Bruno, Camila cuida de Osita, una perrita que adoptó en un viaje a Cochabamba. “Es hermosa, es más que mi hija. Nustro vecino la encontró en su taxi. Nadie quería adoptarla. Nos vinimos a Brasil y la trajimos”.

Apuntes

De familia

Si bien sus padres no se dedicaron profesionalmente a la música, Camila cuenta que ambos poseen sensibilidad y oído frente al arte.

Siguiente temporada

La clarinetista planea una tercera temporada en Bolivia junto a la Sociedad Boliviana de Música de Cámara. Podría realizar la gira en 2020.

Proyecto a largo plazo

En unos años más, Camila Barrientos quiere afianzar un trabajo profundo en el país. Está segura de que hay potencial, sobre todo en los lugares alejados.