Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 31 de enero de 2023
  • Actualizado 11:48

En Bolivia leen poco quienes no están en edad de aprendizaje

El sociólogo y exdirector del CIS, Eduardo Paz, adelantó alguna información sobre su estudio sobre el campo editorial en La Paz, en una conferencia. 

Público de la Feria del Libro de Cochabamba de 2019.  ARCHIVO-OPINIÓN
Público de la Feria del Libro de Cochabamba de 2019. ARCHIVO-OPINIÓN
En Bolivia leen poco quienes no están en edad de aprendizaje

En Bolivia, las personas leen mientras están en la escuela, colegio y/o universidad. Eso quiere decir que quienes no están en edades de enseñanza formal, leen muy poco. Este es uno de los avances que presentó el sociólogo y exdirector del Centro de Investigaciones Sociales (CIS), Eduardo Paz, de la investigación que realiza sobre el campo editorial en La Paz, un proyecto ganador del Fondo Concursable Municipal de Promoción al Desarrollo, Salvaguarda y Difusión de las Culturas y las Artes (Focuart).

Estas reflexiones fueron presentadas durante su intervención en la primera jornada del ciclo de conferencias “El libro ante la nueva normalidad”, una iniciativa del Centro Cultural de España en La Paz (CCELP) y la editorial El Cuervo. El evento comenzó el lunes y se extiende hasta este jueves 22 con transmisiones a las 19:00 horas en la página de Facebook de los organizadores. 

Paz diseccionó los datos de la Encuesta de Hogares de 2017 que traía un módulo específico de “consumo artístico y consumo cultural”. Prestando atención a ciertos resultados, evidencia que los colegiales y universitarios representan la mayor proporción que lee más de un libro al año. “Se lee mayoritariamente textos de enseñanza y quienes no llegan a la universidad, pasan directo al mercado laboral, dejan antes la lectura”, refirió Paz, en un evento en el que compartió diálogo con la escritora y editora Magela Baudoin y la periodista y literata chilena, Andrea Palett.

El sociólogo, quien se encargó recientemente del estudio introductorio de la “Obra reunida” de José Antonio Arze, indicó que los estudiantes leen “muy fragmentariamente”, ya que “lo usual para los docentes es entregar un determinado número de páginas para leer, o ciertos capítulos”. “Tampoco sabemos cómo cuentan lo que leen, si con 40 páginas leídas ya cuenta como un libro leído o sin son utilizados como libros de consulta”, refirió Paz.

Este panorama del público lector compromete aún más la situación de las editoriales nacionales, que, en palabras de Paz, no superan el “modelo de Werner Guttentag” a la hora de realizar publicaciones de libros “ad honorem”. “El Cuervo y Plural se apoyan en la venta de servicios editoriales; 3600 tiene una imprenta que funciona como negocio paralelo y Sobras Selectas depende del funcionamiento de su librería”.

Con este mapeo, el principal reto pareciera ser cómo ensamblar la oferta editorial con la educación, o fomentar la lectura desde los planes educativos, planes que necesitan esfuerzos de inversión y grandes plazos de tiempo. “Hay que ensamblar las relaciones entre pequeñas editoriales, el ámbito de la educación secundaria y la actuación del Estado entre la conexión de ambas cosas”, concluyó Paz.