Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 09 de agosto de 2020
  • Actualizado 17:01

La Paz se paraliza y recibe a marchistas como a unos héroes

La Paz se paraliza y recibe a marchistas como a unos héroes



La jornada del miércoles en la ciudad de La Paz fue completamente irregular. La llegada de la marcha indígena en defensa del TIPNIS a la Sede de Gobierno cambió dramáticamente su rutina y la convirtió en una jornada festiva, que dejó momentos emotivos por los agotados caminantes.

Los marchistas fueron recibidos como verdaderos héroes por la multitud que no dejó un solo metro cuadrado libre en las calles para aproximarse o por lo menos poder mirar de cerca a los visitantes.

Durante las cinco horas y media que la columna de marchistas  empleó para recorrer las vías más simbólicas de la Sede de Gobierno, desde Kalajahuira hasta la emblemática plaza San Francisco, la gente convirtió las calles en verdaderas tribunas para derrochar muestras de afecto y admiración a unos perplejos indígenas, que reconocieron que nunca esperaron un recibimiento de esas características, ni una bienvenida de esa magnitud.

Niños de las escuelas uniformados, con disfraces y carteles relativos a la defensa del TIPNIS en las manos; amas de casa, comerciantes, trabajadores, oficinistas, turistas, mujeres con sus hijos, artistas, todos les brindaron desde aplausos, hasta alimentos y ropa. Y es que incluso la gente quedó asombrada al mirarse a sí misma y saberse parte de una movilización poco usual, donde una protesta se había convertido en uno de los festejos más emotivos que recuerda.

Tanto, que en algún momento la marcha pareció más bien una celebración de algún campeonato por la mixtura en la cabeza de los protagonistas, guirnaldas en sus pechos, con cánticos muy de estadio de los jóvenes de colegios y universidades, papel picado lloviendo desde los edificios. Un hombre mayor gritaba eufórico, como contándole a alguien pero sin mirar a nadie, “esta alegría sólo se ha visto cuando Bolivia salió campeón el 63 y los recibimos a los jugadores ¡Adelante!”

A su paso la marcha arrancó lágrimas. Algunas mujeres se acercaban llorando a los niños marchistas, a bordo de vehículos y a la vanguardia, para abrazarlos y besarlos; otras simplemente lloraban desconsoladas observando su paso; los jóvenes saltaban y gritaban cuando los marchistas ya estaban a la vista, cual si se tratase de sus artistas favoritos; la emoción invadió las calles, pero seguramente también algunos corazones, también muchos hombres no pudieron reprimir sus lágrimas. Un periodista preguntó a su colega al final, durante el recuento a voces de lo ocurrido, “¿has llorado? Yo no me he podido aguantar en la plaza Villarroel, una vergüenza”.

Ya sobre la recta final de la marcha se desató un verdadero caos; las mil quinientas personas y alrededor de un kilómetro que el martes abarcaba la marcha, se había triplicado.

La multitud cercaba a los marchistas que a momentos vacilaban y hasta rectificaron su rumbo hacia la plaza Murillo. Por delante una aglomeración les cerraba el camino, y cientos de nuevos protagonistas aparecieron engrosando la columna. Atrás, a su paso la marcha fue creciendo como un monstruo que se alimentaba de gente; tanto que, desde la entrada de la cabeza hasta la de la cola, a la plaza Murillo, pasó una hora con diez minutos.

UNA JORNADA MUY DIFERENTE Toda La Paz había seguido con especial interés la llegada de los marchistas indígenas, el martes, hasta las puertas de la ciudad, en La Cumbre. Ayer, miércoles, desde la madrugada, el campamento era el epicentro de todas las informaciones de los medios de comunicación, que se las arreglaron para informar en directo desde Urujara, a unos 11 kilómetros de la ciudad de La Paz, donde los marchistas habían pasado la noche del martes, por última vez en las carreteras, después de más de 63 días en un recorrido de alrededor de 600 kilómetros. el deber era alcanzarlos nuevamente y acompañarlos en su entrada en la ciudad.

Los noticieros despertaron a la ciudad con los preparativos del inicio de la última jornada de una extensa medida de presión que a su paso se fue ganando el apoyo de la población, pero también había despertado un especial interés en los políticos y dirigentes de algunos sectores sociales que atraviesan la etapa más difícil de su idilio con el partido de Gobierno. ¿Tendrían las agallas de aparecer y mostrarse a todas luces como unos oportunistas? Al final de la jornada alguien sentenciaba: “te lo dije”.

Aproximadamente a las 06:45 los dirigentes marchistas confirmaban la partida de sus grupos logísticos hacia la ciudad y reconfirmaba la suya para dentro de una hora. Nuevamente partirían a las 8:00 de la mañana.

En el recorrido hacia Villa Fátima en busca de un bus a Los Yungas que nos dejase en Urujara, algo ocurría. La Paz amaneció diferente. En el trufi, el radionoticiero de las 7:00 informaba sobre algunas escuelas que se preparaban para saludar a los marchistas, y también daban cuenta del corte del camino justamente en la salida a Yungas.

Si en el centro se notaba cierta expectativa, en Villa Fátima los preparativos para recibir a los indígenas eran tarea de todos y en todas las calles. “De aquí puede tomar el bus a Coroico joven”, dice el trufista que ante nuestra duda nos advierte, “apúrese pues joven no me perjudique”.

En la parada hacia Yungas las salidas habían sido canceladas noche antes y sólo había boletos para después del medio día. “¿Cuánto tardará esto no?”, dice un hombre con cara de pocos amigos, “en unas dos horas ya van a pasar”, respondí. “Qué desgracia. Justo es la fiesta de Coroico, y esta noche es la verbena”, dice señalando hacia la parada de buses y camiones.

Allí cientos de personas en decenas de vehículos ya esperaban el paso de la marcha, aunque no para apoyarlos.

La subida por Villa El Carmen hasta Kalajahuira era simplemente intransitable a las 7:30. Implacables policías que desviaban el tráfico vehicular no se conmovían  con ninguna credencial de prensa, afortunadamente una cámara salió por la ventana del taxi que tuvimos que abordar “hasta donde pueda (y por lo que pida)”, y el uniformado abrió un espacio en el retén improvisado, ante el pedido de la gente que había tomado las calzadas y que se alistaba para recibir a la marcha. Una cuadra después la perspectiva en subida nos mostraba al menos cinco obstáculos similares. Otra vez había que alcanzar la marcha a pie.

Kalajahuira es el único de la mancha urbana desde La Cumbre. Los marchistas pisaron este lugar a las 9:30. Vecinos, la OTB y algunos curiosos llenaron de inmediato la calle principal, la mujeres aguardaban con globos y cartones rojos con forma de corazón. “TIPNIS sí, carretera no”, decían algunos carteles.

Los marchistas llegaron y en ese momento sin saberlo estaban iniciando una verdadera fiesta que se prolongaría por unas cinco horas y media en toda la ciudad de La Paz.

“Estamos emocionados, finalmente podemos ver con nuestros ojos la meta, y por fin estamos cerca de hablar con el Presidente para pedirle que no construya la carretera por el TIPNIS. Éste es el premio al sacrificio de toda nuestra gente, mujeres embarazadas, algunas que parieron en plena marcha, niños... Gracias a La Paz y a todo el país porque ellos nos entienden”, decía Emilio Onari, la cabeza de la marcha durante todo su recorrido, con el reflejo de la ciudad en sus ojos aguados.

Sorprendidos por el cálido recibimiento de paceños

En las calles, miles de personas no dejaron un metro libre. Villa Fátima recibió la marcha hasta con una banda musical. A las 10:00 la organización de pueblos originarios Sajama le dio la bienvenida con un cartel gigante de apoyo, casi al lado, la Coordinadora de defensa de El Alto comenzaba a estallar petardos y a gritar vivas, al frente más de cien alumnos de Trabajo Social de la UMSA. Era Chuquiaguillo que se hacía sentir con gritos y flores desde los balcones.

“Todos somos TIPNIS” fue lo siguiente que se escuchó, eran unos cien niños de kinder disfrazados de animalitos que no paraban de gritar. “Adelante, hermanitos”, decía un cartel, haciendo referencia a los niños de la marcha. La banda musical del colegio Pablo Iturri comenzó a sonar, guaripoleras y todo. A las 10:25 los jóvenes del Colegio Nacional Sucre parecían barras bravas, con insultos al Presidente, y hasta en tonito de cántico futbolero.

Todo el recorrido era de bajada y muy rápido. En Villa El Carmen, a las 11:15 los marchistas prácticamente ya se habían perdido entre la multitud, pero la gente seguía apoyando. Hasta algunos que acompañamos la marcha recibíamos aplausos, nuestro fotógrafo recibió incluso un par de calcetines.

La marea de gente  había ganado toda la calle; las avenidas se convirtieron en senderos angostos al llegar a la avenida Busch, pero de algún modo la marcha continuaba. En el monumento a Germán Busch, un grupo de residentes benianos esperaba el paso de los indígenas y varias mujeres lloraban a gritos vencidas por una envolvente emoción.

A las 12:15, la plaza Villarroel estaba repleta. Ni la entrada de cemento de los edificios, ni el césped de las áreas verdes eran visibles, todo estaba cubierto por una mancha de gente, un mosaico de todos los colores, un enjambre ensordecedor de gritos y aplausos.

Eran las 13:30. La marcha ya era de todos. Pañuelos blancos y más gente aguardaban en las afueras del estadio Hernando Siles. Desde la avenida Camacho era impresionante el serpenteo de las banderas de los marchistas, que era lo único que se reconocía, entre la multitud eufórica.

El paso por la avenida Camacho fue simplemente triunfal. Oficinistas, vendedoras de los mercados y trabajadores con overol habían abandonado sus ocupaciones para alentar el paso indígena. En la calle Bueno, un grupo de al menos 25 madres trataba de “embutir” ropa de niño en los vehículos de logística que guiaban la marcha y en los que ya no entraba nada más: lo habían recibido casi todo, comida, bebida, ropa, medicamentos, eran las 14:20. La marcha pasó por el reloj del Obelisco a las 14:25 y a las 14:35 tomó la plaza Murillo. Desde los balcones y la cornisa del Congreso funcionarios observaban el recorrido de los indígenas y miles de personas aguardaban en las aceras.

La marcha terminó a las 15:10 cuando alcanzó la plaza de San Francisco, donde esperaban una misa y otra fiesta. Habían pasado poco más de 7 horas de paralización de toda la ciudad.

Advenedizos en la marcha



Políticos, expolíticos, dirigentes, exdirigentes, sindicalistas y hasta exsindicalistas aparecieron en el cierre de la marcha ayer en la ciudad de La Paz.

Uno de los primeros en aparecer fue Filemón Escóbar, cuya situación es realmente un misterio igual que la forma en que llegó.

Una mujer ya en Villa Fátima gritaba "¡prensa, aquí está la esposa de Filemón Escóbar, entrevístenla, Cochabamba está presente!" Lo extraño es que no estaba él, hasta que terminó el interés de los periodistas por la señora y una figura con un sombrero conocido apareció y volvió a desaparecer entre los muros de una vivienda medio derrumbada. ¿Globo de ensayo? aparentemente sí, porque la población que ayer fue más bien un  público muy participativo y además enérgico con los "coladores y oportunistas", como les decía a algunas figuras conocidas que asomaban las narices, no le iba a permitir sumarse a la marcha.

Sin embargo, él y otros conocidos como Almaraz, Olivera y Contreras que ya habían aparecido un día antes, superaron "los prejuicios" de la gente y su drástica manera de sancionar a puro silbido a los advenedizos, volvieron a aparecer en los alrededores de la marcha, durante todo el recorrido y hasta daban declaraciones a la prensa.

Pero no fueron los únicos. Entre los reaparecidos pudimos observar a un enérgico Jaime Solares, quien exigía públicamente y ante los medios el "respeto al TIPNIS", señalando que una carretera por este lugar era sólo para "beneficio de las transnacionales".

Pedro Montes fue implacable a la cabeza de la COB que apareció a la cola de los marchistas. "Carajo, Evo tiene que escuchar, si a esto le sumamos que no nos ha atendido nuestros ochos puntos y otros problemas, cuidadito que se le venga todo encima y se tenga que ir", sentenció.

Cerca, estaba Vilma Plata, quien recordó que desde hoy los maestros inician movilizaciones.