Opinión Bolivia

  • Diario Digital | domingo, 13 de junio de 2021
  • Actualizado 01:17

HAY ATENCIÓN CLANDESTINA

Trabajadoras sexuales son el doble en pandemia con ganancias del 50%

Aunque no registraron ningún deceso por COVID-19 entre sus compañeras, tres de ellas se encuentran internadas en estado crítico actualmente.
Una trabajadora sexual oferta sus servicios en el centro cochabambino.     DICO SOLÍS
Una trabajadora sexual oferta sus servicios en el centro cochabambino. DICO SOLÍS
Trabajadoras sexuales son el doble en pandemia con ganancias del 50%

Sorteando el virus y a las autoridades, así es como las trabajadoras sexuales en Cochabamba desempeñan sus labores, en medio de la pandemia del coronavirus, que lleva más de un año vigente en Bolivia.

Antes del inicio de la emergencia sanitaria, el número de trabajadoras sexuales registradas en Cochabamba llegó a 10 mil. Hoy, un sondeo realizado por representantes del Movimiento de Trabajadoras Nocturnas (MTN), determina que la cifra se duplicó, según un reporte de Jeancarla Torres, dirigenta de esta organización.

“La cantidad de trabajadoras sexuales se ha duplicado, porque muchas mujeres que antes se dedicaban a otras cosas, que tenían otras ocupaciones, migraron a prestar este servicio”, asegura.

Según Torres, el número de mujeres con esta ocupación en el país es de 100 mil, solamente entre las registradas. Se estima que hay muchas más entre las que no cuentan con permisos, ya que suelen “hacer pieza” a domicilio, en alojamientos u ofertar en redes sociales.

DE OTROS RUBROS Según afirma Torres, el aumento en esta población se debe a que muchas trabajadoras del hogar o vendedoras que quedaron desempleadas a causa de la pandemia de la COVID-19 optaron por adherirse a este oficio.

“Ahora, una señora que hacía limpieza en una casa ya no tiene trabajo, entonces ha optado por este negocio, se ha ido, o muchas señoritas que han cumplido recién 18 años ya directamente se han iniciado en este trabajo también”, indica.

La migración de rubros es la principal causa para que las mujeres dedicadas a este oficio sean muchas más a la fecha. Otra razón es que varias de ellas se convirtieron en jefas de familia, ya que el desempleo afectó a todos los miembros en sus hogares.

CLANDESTINIDAD Torres afirma que no es nada fácil realizar este oficio en este contexto, sobre todo con la reactivación de las cuarentenas estrictas que prácticamente las han obligado a prestar servicios de forma clandestina.

Indica que esta labor se realiza en los mismos locales pero a puerta cerrada, bajo el riesgo de ser demandadas por atentado contra la salud pública por el Ministerio Público.

“Las compañeras sí están trabajando con el riesgo de ser intervenidas por la Fiscalía y ser demandadas. Están trabajando incluso de un modo clandestino, a escondidas”, señala, a tiempo de repudiar el “abandono” de las autoridades, “esto también es un atentado contra el derecho al trabajo”, manifiesta.

La clandestinidad es prácticamente la forma que hallaron para “reinventarse”, encontrando nuevos espacios tanto para promocionarse como para prestar los servicios.

En septiembre de 2020, en contacto con OPINIÓN, algunas de ellas denunciaron abusos por parte de Policías que se hicieron pasar por clientes y las vejaron, y también por parte de clientes que se hicieron pasar por uniformados para extorsionarlas. 

En noviembre de 2020, representantes de este sector protagonizaron una marcha de protesta en puertas de la Alcaldía de Cochabamba exigiendo la aprobación de sus protocolos de bioseguridad para retomar sus funciones. Recién en marzo de este año pudieron ampliar sus horarios, pero la tercera ola de la pandemia, las restricciones y cuarentena las ponen nuevamente en una situación crítica.

INGRESOS AL 50% Los ingresos económicos que las trabajadoras sexuales percibían antes de la pandemia se redujeron a la mitad, no solo debido a las restricciones, sino también porque asisten menos clientes -el 50%-, muchos de ellos manifestando la falta de dinero.

“Ha disminuido bastante la cantidad de personas. Antes por ejemplo, teníamos unos 10 clientes, pero ahora solo se atienden 5, y ya no tienen el mismo ingreso. (Los mismos) se redujeron al 50% y ahora con las restricciones de horarios es incluso peor”, asegura.

El incremento de trabajadoras y las restricciones las obligan a rebajar las tarifas de sus servicios.

Eva Flores, exdirigenta de la Organización de Trabajadoras Sexuales de Cochabamba dice que solo en la ciudad hay más de 3.000, y que 7 de cada 10 de ellas tienen este oficio como única fuente de ingresos.

Menciona que un sector muy afectado son las mujeres que trabajaban por el sector de la Terminal. A ellas se suman las que llegan del área rural, las mismas que comparten una habitación en  alquiler entre varias o un cuarto en un alojamiento. “Las que viven en un alojamiento no tienen ni cómo preparar los alimentos porque carecen de una cocina y en las calles no hay comida a la venta ¿Cómo resuelven entonces su situación? (en medio de la cuarentena rígida)”.

SUPERACIÓN En una entrevista antes de su deceso por COVID-19, Rayza Torriani, representante de la Red de Personas Trans de Bolivia (Red Trebol), relató las formas que algunas trabajadoras sexuales terminaron sus estudios y hoy son enfermeras o dueñas de sus propios negocios.

Torriani prestó apoyo económico a un grupo de trabajadoras sexuales de la zona sur de la ciudad, para que las mismas inicien con un negocio de confección de barbijos y elaboración y venta de alcohol en gel.

COVID-19 y labor nocturna

La COVID-19 se suma a las múltiples infecciones y enfermedades de transmisión sexual de las que deben protegerse las trabajadoras sexuales diariamente.

Entre ellas, hay quienes son damas de compañía y otras que también prestan “servicios coitales”. En ambos casos deben lidiar con el afán por el consumo de bebidas alcohólicas entre los clientes, toda vez que las prohibiciones al respecto están vigentes.

En 2020, la Organización de Trabajadoras Nocturnas de Bolivia (OTNB) presentó un protocolo de bioseguridad para retomar sus labores. Su propuesta incluyó la instalación de cámaras de desinfección y la reducción en el número de trabajadoras, pero no obtuvieron una respuesta oficial, asegura Jeancarla Torres, dirigenta de este sector.

Asegura que varias de sus compañeras fueron asintomáticas, con la fortuna de no haber registrado decesos por el virus a la fecha.

Reconoce la dificultad que representa cumplir con las medidas de prevención contra la COVID-19, pero también los problemas económicos en sus hogares. Pide atención de las autoridades, bajo el compromiso de no generar aglomeraciones en los locales y centros nocturnos de atención al público.