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  • Diario Digital | domingo, 14 de agosto de 2022
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Sobreviviente hace vibrar la zampoña y dice tener licencia

Sobreviviente hace vibrar la zampoña y dice tener licencia


A menos de dos meses de aquel fatídico 28 de noviembre de 2016, cuando el vuelo 933 de la aerolínea LaMía se estrelló en Colombia y dejó 71 muertos; el sábado, uno de los seis sobrevivientes, Erwin Tumiri, ya inflaba enérgicamente los pulmones para hacer vibrar sus instrumentos de viento en el escenario de una iglesia.

Era el vientista en un “gran concierto evangelístico” que su grupo musical Ajayu ofreció en la iglesia Peña de Horeb, cerca de la plaza principal de Sacaba.

La velada inició con un mix de música folclórica con contenido religioso. Tumiri sopló al menos media decena de instrumentos de viento diferentes al ritmo de caporales, huayños y tonadas.

A pesar de que en la parte derecha de su mentón tenía una cortadura de menos de dos centímetros que le quedó luego de haber caído 9 mil pies, Tumiri no solo soplaba una variedad de instrumentos, también coreaba algunas canciones. En particular, aquellas que parecían tener un vínculo con aquel día en el que, como dijo, volvió a nacer (28 de noviembre).

“Te amo Señor porque tú me rescataste” o “Mi socorro viene de Jehová”, eran coros en los que Tumiri cerraba los ojos, movía la cabeza y llevaba el ritmo moviendo su pie contra el suelo.

Tras media hora de un concierto en el que los “hermanos” dejaron sus asientos para bailar y corear las canciones del grupo de Tumiri, llegó el momento de escuchar “el gran testimonio del sobreviviente de la aerolínea LaMía”. Entonces, en cuestión de minutos, el silencio imperó, todos aparecieron sentados y algunos sacaron celulares para grabar.

“Mi nombre es Erwin Tumiri. Soy el que estaba en el vuelo de LaMía”, así empezó su historia en la que el joven remontó a la audiencia hasta el 2012, año en el que supuestamente ingresó al Colegio Militar de Aviación, en Santa Cruz. Sin embargo, por cuestiones económicas, fue dado de baja un año después.

No se dio por vencido y, por recomendación de un amigo, el 2013 ingresó a una escuela de mantenimiento de aeronaves. “El 2015 egresé y luego obtuve mi licencia en mecánica aeronáutica”. Ese mismo año entró a un curso para ser piloto privado, nuevamente por invitación de un conocido, y se graduó en un año y medio.

Ya con ambas licencias, empezó a trabajar, y a mediados de 2016 le llegó la oferta de LaMía: “¿Ustedes son pilotos y a la vez son técnicos?, bien. Los vamos a preparar para que sean mecánicos a bordo”. Entonces, “empezamos a conocer el avión que lamentablemente ahora está en Colombia destrozado”.

Fue una experiencia nueva, porque el cochabambino tenía que estudiar gruesos manuales del avión que estaban en inglés.



EL DÍA De acuerdo al rol de turnos, a Tumiri no le correspondía viajar como mecánico a bordo en el vuelo en el que viajaba el equipo brasileño Chapecoense, pero dijo que lo conminaron y debió suspender presentaciones con Ajayu. Confesó que antes de volar, él era responsable de la aeronave siniestrada. “El avión, esa semana, prácticamente era como de mí. Tenía las llaves. Jamás antes me había encariñado con una aeronave”.

Ya a bordo, Tumiri dijo que no sabía quiénes eran los jugadores a los que transportaban y mucho menos que irían a disputar una gran final. Pese a todo, le sorprendió la alegría que transmitían en el vuelo que horas después terminaría con la vida de 71 de las 77 personas a bordo. “Estaban tocando sus instrumentos, jugaban, reían. Yo me sorprendí por su felicidad”.

Antes del accidente, solo escuchó al capitán ordenar que tomen sus asientos para aterrizar. Se sentó al fondo, al lado de la puerta derecha del avión y junto a Ximena Suárez, otra de las sobrevivientes bolivianas. Luego se estrellaron en Cerro Gordo de Colombia.

Donde cayeron, el terreno era gredoso, llovía y había riesgo de que la aeronave explote o resbale hasta aplastar a alguien, pero Tumiri escuchó a Ximena pedir ayuda y supuestamente se paró y le quitó de encima una pieza de la nave. Juntos se pusieron a buen recaudo. Minutos después, Tumiri se sintió adolorido y no pudo moverse más. Tendido en el suelo, empezó a reflexionar. “(...) Tiene que haber alguien más (vivo), si no va a haber alguien más, todas estas investigaciones que están haciendo ahora van a caer sobre mí. Por eso decía (a los rescatistas) búsquenmelos a todos los tripulantes. Ahí es donde para mí fue doloroso porque grité y ninguno me contestaba”.

Entonces se preguntó: “¿Qué voy a hacer solo con este problema? Este no es un accidente así por así”.

Al borde de las lágrimas, Tumiri pidió a sus “hermanos” que oren por él. El Ministerio Público tomará sus declaraciones mañana.˚