Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 20 de mayo de 2022
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Analista: deseo de poder estuvo en enero de 2007 y noviembre de 2019

Dos imágenes: octubre y noviembre de 2019 y el 11 de enero de 2007. ARCHIVO
Dos imágenes: octubre y noviembre de 2019 y el 11 de enero de 2007. ARCHIVO
Analista: deseo de poder estuvo en enero de 2007 y noviembre de 2019

Hoy se cumplen 13 años de los hechos de violencia que enlutaron a Cochabamba el 11 de enero de 2007, cuando tres personas murieron producto de un enfrentamiento entre citadinos y campesinos en la toma de la ciudad. 

El analista político Fernando Salazar, y docente investigador de la Universidad Mayor de San Simón, ve que ciertos sentimientos de hace 13 años volvieron en noviembre de 2019. Halla diferencias y coincidencias.

El octubre y noviembre del año pasado, Bolivia se sumió en un nuevo enfrentamiento entre grupos que defendían a su líder y gobernante por el Movimiento Al Socialismo, MAS, Evo Morales y otros que pedían que renuncie alegando que había incurrido en fraude en las elecciones generales de octubre.

“El 11 de enero de 2007, y los hechos de noviembre de 2019, son eventos diferentes en tiempos y alcances, pero con un objetivo determinado que fue la toma física y violenta de nuestra ciudad Cochabamba e imponer un control político y sometimiento de la población”, dijo.

Señaló que en ambos momentos históricos hubo racismo y violencia.  

Consideró que el racismo “es el fenómeno más brutal, totalitario y dictatorial de la sociedad moderna, no superado tanto por algunas personas (urbanas o rurales), que bajo ideologías de superioridad por el color de la piel, lugar de nacimiento y otros falsos justificativos, se muestran como originarios, únicos, dueños o superiores frente a otros. Y asumen el derecho de controlar y someter a los demás, en beneficio propio. Niegan los derechos humanos, no creen en la igualdad democrática, sino en la violencia para lograr sometimiento, control e incluso eliminación”.

Dijo que durante el régimen del MAS (2016– 2019), la dirigencia política de este partido tuvo como fin la toma de poder indefinido de la Presidencia y del aparato estatal. “Para ello, desde un inicio del régimen, se avanzó copando todas las instituciones públicas estatales nacional y subnacional, cortando la independencia de los poderes (legislativo, judicial, electoral), e incluso sometiendo a las entidades policiales y militares responsables de mantener el orden público y garantizar los bienes y la vida de las personas”.

Señaló que hubo discursos radicales de “racismo y confrontación contra toda persona o grupos sociales de bolivianos que no concordaban con su gestión pública, manejo de recursos y propuestas de poder indefinido presidencialista en manos de un caudillo”.

Cuando compara con 11 de enero de 2007 afirmó que los eventos estuvieron presididos por “bloqueo a la ciudad”, que implicó parar las actividades productivas y económicas  con limitación de acceso de alimentos. 

“Al no tener efectos, se pasa a otro nivel, radical y definitivo de planificación semi militar, la toma de la ciudad, ingresando por los cuatro suyus.  Toma que no solo busca generar presión contra autoridades opositoras de la Prefectura, sino contra toda la población.  La toma se realiza con miles de militantes del MAS y fuerzas campesinas obligadas para controlar los lugares públicos”.

Salazar consideró que en 2007 se “prohibió cruzar calles o plazas. que hubo  insultos y agresiones a mujeres y hombres de a pie que luego se volvían golpes”. 

Dijo que en los hechos de noviembre de 2019, “el  MAS, luego del fraude electoral, no tuvo sutilezas y también quiso tomar el poder aplicando un cerco de la ciudad”.  

Concluyó que en ambas oportunidades, ganó la democracia.