Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 01:28

Pasión a riesgo de muerte, así es la vida de los que enfrentan al coronavirus

Doctores, médicos y policías son solo algunos de los profesionales cuyo rol en la lucha contra el virus es protagónico. Muchos ya se contagiaron o no ven a sus familias, pero están comprometidos con la humanidad.

Victor Hugo Núñez del Prado, el mentor de Ángeles Contra el COVID.	  VÍctor Hugo NÚÑez del Prado
Victor Hugo Núñez del Prado, el mentor de Ángeles Contra el COVID. VÍctor Hugo NÚÑez del Prado
Pasión a riesgo de muerte, así es la vida de los que enfrentan al coronavirus

Si tuviera que elegir entre salvar la vida de un extraño o recibir el abrazo de mamá o de un hijo, ¿qué preferiría? Los combatientes contra el coronavirus, aquellos que están en primera línea, sin pensarlo dos veces, optan por lo primero, a costa de exponer su vida física y emocional por dar vida a otros.

La pasión por lo que hacen, a riesgo de muerte, es un rasgo común en aquellas personas que están en primera línea, luchando contra el COVID-19 en Cochabamba. Enfermeras, médicos, policías, son solo algunos de los actores en esta batalla. OPINIÓN se acercó a ellos para hablar sobre esta lucha que no da tregua.

A continuación, una breve reseña de la vida de cuatro combatientes del virus.

El mentor de Ángeles Contra el COVID no ve a su familia hace 4 meses

Acude a gente convaleciente exponiéndo su vida al virus. Garantizó la atención de 14 mil personas.

Cuando vio que ningún sistema de salud del mundo estaba preparado para el coronavirus, Victor Hugo Nuñez del Prado se puso al frente, con la firme convicción de salvar vidas, a costa de la suya. “Dejamos de buscar culpables y empezamos a buscar soluciones”, bajo ese lema creó Ángeles Contra el COVID.

Sumaron varios protocolos, desde el brasileño, hasta el australiano, para crear uno específico para ese servicio de voluntariado “autónomo y autárquico”. Empezaron en Santa Cruz y, ahora, ya tienen sedes médicas en Cochabamba, La Paz y Tarija, dispuestas para los enfermos sin costo alguno.

Antes de enfrentar la pandemia, Víctor Hugo Núñez del Prado ocupada la gerencia de una empresa constructora, de una urbanización cruceña y de una compañía transnacional de inversiones. Pero, ni todas sus actividades juntas le demandaron tanta dedicación como esta.

Sus jornadas laborales ahora son de hasta 18 horas continuas. “Desde las cinco de la mañana estoy atendiendo llamadas de gente que se está muriendo” para canalizarles ayuda.

Desde el brote del virus en Bolivia, él y los médicos voluntarios están acampando en los centros provisionales. “No veo a mi familia hace más de cuatro meses, pero es un costo durísimo que tenemos que aceptar para sacar al frente a nuestro país”.

“El arte de establecer campamentos de atención” es su fuerte, usó ese recurso de la construcción civil para forjar los centros provisionales de Ángeles Contra el COVID, donde, hasta el momento, recibieron a al menos 14 mil pacientes. Otros 13 mil fueron atendidos por teleconsultas.

Él no le tiene miedo a la enfermedad, pero sí respeto. Hasta el momento, no enfermó, pero cada 10 días se realiza pruebas y rayos x de tórax y, hasta el momento, está “churro y soltero”, lo dice con mucho sentido del humor.

Ese optimismo con el que ve la vida es, quizá, el secreto del éxito que está teniendo en Bolivia el proyecto que creó.

Regala medicamentos a necesitados y los auxilia en sus casas

Cuando apenas se hablaba de COVID-19 en Cochabamba, un amigo de barrio acudió al médico Israel Pinaya con todos los síntomas del virus. Sin protección alguna y sin pensarlos dos veces, el profesional lo atendió en su domicilio por 15 días y lo salvó.

“Todos somos humanos y ver cómo la gente se ruega para que la atiendan, movió mi espíritu solidario”. En lo que va de la pandemia, el médico auxilió a más de 60 personas, algunas que lo llamaron desde municipios distantes, como Tiquipaya, Punata y el Trópico.

A pesar de que no está dentro de sus posibilidades llegar hasta allá, la voluntad que tiene pone a andar su moto hasta donde sea.

Pero, no solo atiende a enfermos, si lo necesitan, también les compra sus remedios para que cumplan su tratamiento y superen la enfermedad. Así lo hizo con hombre de 45 años, con dos hijas, una de 4 y otra de 8 años de edad, al que encontró devastado, “no podía pararse, ni respirar, tenía todos los síntomas del COVID”. La oportuna intervención de Israel lo salvó.

Su labor es tan destacada, que muchos enfermos acuden a él. Atiende a miembros de la Federación de Maestros, gente del Trópico de Cochabamba y policías.

Reconoció que, al principio, le daba temor enfrentar el virus, pero investigó mucho y continúa haciéndolo para dar el mejor tratamiento a los enfermos, pero, ¿en qué momento lo hace?, durante las madrugadas. Sus lecturas duran, a veces, hasta las cinco de la mañana.

SITUACIÓN El médico, como otros de sus colegas, fue víctima del virus. Hace poco desarrolló algunos síntomas, pero desaparecieron al segundo o tercer día. “Tal vez mi sistema inmunológico es fuerte. Tuve una ligera pérdida del olfato, nada más y otros síntomas leves”.

Su familia, entre ellas un recién nacido, está sana y eso, para él, es lo más importante, porque ella es su motivación para seguir en la lucha contra la pandemia.