Opinión Bolivia

  • Diario Digital | viernes, 23 de octubre de 2020
  • Actualizado 23:08

CUARENTENA Y RESTRICCIONES

Pandemia: tras las rejas, sin visita y con poca comida

Dejaron de percibir dinero que pagaban quienes iban a ver a familiares y eso afectó a la olla común.
Un reo mira desde una ventana de las segunda planta del penal de San Sebastián.   DICO SOLÍS
Un reo mira desde una ventana de las segunda planta del penal de San Sebastián. DICO SOLÍS
Pandemia: tras las rejas, sin visita y con poca comida

Se prohibieron las visitas y dejó de entrar dinero del que se destinaba para la olla común en la cárcel. Se evitó que el virus atraviese las rejas, aunque eso es a costa de otros beneficios.

Debido a la pandemia por el coronavirus, COVID-19, la cuarentena en los penales de Cochabamba se limitó a permitir el ingreso únicamente de personal de salud.

Carlos (nombre cambiado) salió hace poco del recinto penitenciario San Sebastián Varones. Tenía una detención preventiva y aunque había logrado su libertad, la pandemia frenó su salida, porque con la cuarentena dejaron de trabajar los juzgados. Vivió casi tres meses de la crisis sanitaria en hacinamiento, por lo pequeño del penal.

“Si ingresara un enfermo con coronavirus al penal, todos se contagiarían. No habría forma de que no se contagien”.
Carlos dice que impedir las visitas ha garantizado que el virus no llegué y, aunque hay quienes se quejan por esa situación, también comprendieron la peligrosidad de la enfermedad.

“Si hubiera contagio es porque entraría de afuera. por sí solo no va a aparecer el coronavirus. El Gobernador es estricto. Hay personal que depende de él. Afuera han puesto cámara de desinfección”.

La sobrepoblación carcelaria es común en los recintos penitenciarios del país. San Sebastián Varones tiene más de 700 reos.

De acuerdo con World Prison Brief del Instituto para la Investigación de Política Criminal y de Justicia, Bolivia se encuentra en tercer lugar, de 18 países de Latinoamérica, con mayor sobrepoblación de reclusos en las cárceles. El país registra 363.9% de sobrepoblación. Antes están Haití con 454.4% y Guatemala con 372%. Después sigue Perú con 240.7%, El Salvador con 215.2% y Honduras con 204%; al final de esta lista está México con 90.1%. En todo Cochabamba, según Régimen Penitenciario, hay más de 2.400 personas privadas de libertad, cuando la capacidad es solo para unas 1.200. El 80% de la población carcelaria tiene detención preventiva, es decir, solo el 20% cuenta con una sentencia. Los penales de San Antonio y San Sebastián tienen 200% de hacinamiento.

En esta última hay como 200 celdas y cada una, con superficie de dos por dos metros, puede estar ocupada por hasta cinco personas. Además, decenas duermen - viven en el patio, los pasillos o “pasajitos”, donde pueden. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), citado por saludconlupa.com, el 40% de reclusos de América Latina duerme en el suelo.

Cuando mediante decreto se determinó una cuarentena general y estricta en Bolivia, que comenzó el 23 de marzo y duró 70 días, no demoraron en asumir acciones en los penales. Se cerraron a cualquier ingreso y las visitas quedaron prohibidas.

SIN DINERO, SIN COMIDA En las cárceles existen ingresos que administran directamente los reclusos. Hay pagos de las visitas al ingreso, por llamar a quien buscan, entre otros. Durante la cuarentena rígida este movimiento económico desapareció.
Los delegados de los internos mantenían una olla común, pero dejaron de hacerlo desde hace semanas porque no tienen ingresos. “Están compartiendo lo que hay”.

Algunas donaciones llegan, como arroz  o fideo. Carlos describe que se organizan y se entrega la ayuda por grupos para que cocinen entre ellos. “La alimentación es un problema, algunos solo comen arroz”.
Antes de la cuarentena había quienes contaban con la comida de sus familiares que les visitaban, otros recibían dinero para comprarla dentro el penal.

Muchos familiares viven en provincias y las restricciones de circulación impiden que lleguen con facilidad hasta la ciudad.
Por otro lado, los internos tienen especialidades y trabajan al interior de la cárcel. Estas labores siguieron para muchos, pero sin ingresos, como en la venta de muebles, de quienes hacen carpintería, que se exponen en la plazuela de San Sebastián. “No hay quién compre”.

También llegaron muchas menos encomiendas que antes, y todas las que ingresaban pasaban por fumigación.

En la cárcel de San Pedro de Sacaba, como en otras, los familiares entregan algunas encomiendas y, sin verlos, escuchan desde afuera el nombre de la persona a quien le dejaron alimentos y productos de primera necesidad; luego se van.

UN BOLIVIANO POR MINUTO La comunicación de los internos con sus familiares o abogados se redujo a las llamadas telefónicas. Hay cabinas telefónicas en la cárcel. Sin embargo, esto tiene costos: “Un boliviano por minuto”. Para aminorar los gastos, hay quienes hacen una llamada pidiendo que se las devuelvan, entonces el costo es de “un boliviano por impulso”.
Las condiciones de hacinamiento continúan siendo el principal problema y riesgo en caso de que el virus llegue a los penales. Es imposible hablar de distanciamiento social en un lugar en el que están uno al lado del otro, donde una decena de baños son para centenas de personas, cuya situación de sobrepoblación se refleja a las siete de la mañana y a las siete de la noche, cuando “llaman lista” y los reos se reúnen todos en el pequeño patio.

ACCIONES Según Carlos, solo en San Sebastián, más de una centena de personas tendría la posibilidad de acceder a libertad condicional. Pero, la pandemia frenó los procesos. Se implementaron audiencias virtuales desde hace un par de semanas solo para personas adultas mayores, quienes tenían discapacidad o enfermedad terminal y mujeres embarazadas.
La norma de indulto y amnistía solo benefició a una persona en San Sebastián y se estima que el total sea un número bajo.
El programa de descongestionamiento tampoco ha permitido la salida de muchos.
Desde Régimen Penitenciario informaron antes que al menos 400 privados de libertad serán beneficiados con el Decreto Presidencial 4226 de amnistía e indulto en Cochabamba.

AMOTINADOS El 11 de mayo, después de que se confirmara que un reo del penal de Palmasola, en Santa Cruz, falleció a causa del coronavirus, los reclusos de ese centro penitenciario se amotinaron y se declararon en emergencia.
Semanas después, a principios de junio, también se amotinaron los privados de libertad del penal de San Pedro, en Oruro. Exigían medidas de bioseguridad frente al coronavirus y que algunos reos sean sometidos a pruebas para descartar el virus, además de que se agilice el beneficio del indulto y amnistía. Un reo de ese penal falleció y temían que se trate de COVID-19, pero el deceso fue por un problema de pancreatitis, de acuerdo con la información que brindaron las autoridades.

Sin embargo, los pedidos y pronunciamientos similares se elevaron desde los penales del país.
 

1.6 millones de reclusos
En América Latina hay cerca de 1,6 millones de personas privadas de la libertad, de las cuales dos terceras partes están en Brasil (773.000) y México (198.000).

Brasil
A mediados de marzo, la precariedad sanitaria de las prisiones, sumada al pánico por la COVID-19, fue el detonante de la fuga de cerca de un millar de presos de cárceles de Sao Paulo, en Brasil y, después, de los motines simultáneos en 13 cárceles colombianas.

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