Opinión Bolivia

  • Diario Digital | lunes, 01 de marzo de 2021
  • Actualizado 18:33

Paciente con COVID-19: "En la noche vienen los ataques. Perdí unos 15 kilos"

 

Rodrigo, de 29 años, se infectó junto a su familia. Su padre está internado en la Caja Petrolera. "Mi papá amaneció con un cadáver", lamentó.

Rodrigo Chávez, antes de contraer el virus. Gentileza Rodrigo Chávez
Rodrigo Chávez, antes de contraer el virus. Gentileza Rodrigo Chávez
Paciente con COVID-19: "En la noche vienen los ataques. Perdí unos 15 kilos"

Son muchas las estadísticas frías con relación a los descalabros que produce la pandemia en Cochabamba. Los casos positivos acumulados alcanzaron los 20.090 y las pérdidas humanas hasta la fecha son 1.431 en el departamento.

Pero los números no grafican el grado de desesperación de las familias cuando el virus se ha instalado. El relato en primera persona de quienes viven la experiencia de haberse infectado con el patógeno brinda un acercamiento con aquello que no suelen transmitir las cifras: las emociones y preocupaciones al interior del grupo familiar.

Rodrigo Chávez es uno de los cochabambinos que se encuentra en plena lucha contra la dolencia. Todos en su casa se contagiaron. Su padre está internado en la Caja Petrolera y su madre sigue medicada, al igual que el propio Rodrigo, quien ya perdió la cuenta de los fármacos que ha consumido desde que comenzó el calvario. 

El estado del cochabambino es estable, pero su respiración lo delata cuando no se permite una pausa en el relato. En conversación con OPINIÓN, el activista de 29 años, que desde el inicio de la pandemia comandó campañas solidarias y repartió medicamentos, comida y juguetes en las zonas más precarias de Tiquipaya, narró que los momentos más complicados desde que contrajo la enfermedad se dan en las noches. "La pena es que el virus te deja secuelas. Caminas 20 pasos y tienes que respirar. En las noches vienen los ataques. Te aparecen recuerdos. No puedes dormir".

La primera en experimentar los malestares (aunque leves) del coronavirus fue su madre, quien se sobrepuso sin mayores dificultades al principio. Todo cambió luego, cuando sufrió una recaída. "Fue más fregado. Tenía un cuadro crítico de anemia, por poco se nos va. Después, mi hermano estuvo con 40 grados. Ya era preocupante. Lo bañamos con alcohol y le dimos dos ibuprofenos, pero al día siguiente llamamos al doctor. Nos hicimos ver. Eran síntomas de COVID-19 y todos ya nos habíamos infectados".

Su papá ha sido el más golpeado. Lo que comenzó como una gripe, se complicó a los dos días con una neumonía. El sobrino de la familia, de 1 año y 5 meses, tampoco se libró: "Le faltaba el airecito", detalla Rodrigo.

La inversión en los medicamentos de la familia se desbordó. Los hemogramas (250 bolivianos), los tests de Elisa (400), Avifavir (3.600) y las tomografías y rayos X han sido y son parte del tratamiento que los Chávez siguen para estabilizarse y vencer la batalla.

"Fueron casi 2 mil solo en análisis, y los resultados salen en 24 horas. En eso, avanza el virus. Esta cepa, según el doctor, mutó y en dos días destrozó los pulmones de mi hermano y mi papá. Fue un golpe de agua fría".

Para exteriorizar su preocupación y ante la necesidad de pedir ayuda, Rodrigo viralizó un video en las redes sociales, mismo que rápidamente fue compartido y despertó la solidaridad de los usuarios. "Lo pensé mucho. Fue la primera vez que pedí ayuda. La situación era descontrolada, fue necesario solicitar un pediatra. Me ayudó mucha gente. A las tres horas, un pediatra llegó a verlo a mi sobrinito".

Su padre, internado en la Caja Petrolera (avenida Blanco Galindo), les envía mensajes por WhatsApp de forma incesante. Aún convaleciente, ya satura mejor, le quitaron el oxígeno y se repone. Los Chávez tienen fe, aunque el aspecto anímico se debilita al saber que las unidades de terapia intensiva escasean y las bajas se dan a diario. "Hoy, mi papá amaneció con un cadáver. No había unidad de terapia intensiva para el otro paciente". "No tengo ni lagrimas para llorar. Ha sido una pesadilla muy fuerte. No se lo deseo a nadie". 

Rodrigo perdió alrededor de 15 kilogramos desde que se enfermó. Antes pesaba 85. Ahora roza los 70. Cuando recuerda la cantidad de peso que ha perdido, suelta una risa. Ahora le queda seguir adelante.

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