Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 17 de mayo de 2022
  • Actualizado 12:47

Un niño que se gana la vida en medio de la muerte

Adolfo, de 12 años, sortea a diario las criptas de un cementerio que está al sur de Cochabamba, ofreciendo empanadas a los dolientes. Mantiene a su familia.

Adolfo toma sombra al lado de una tumba. DICO SOLÍS
Adolfo toma sombra al lado de una tumba. DICO SOLÍS
Un niño que se gana la vida en medio de la muerte

Adolfo es un niño de 12 años al que el trabajo lo obliga a toparse cada día con la muerte, en un cementerio al sur de la ciudad de Cochabamba. 

El camposanto de K’ara K’ara se ha convertido en su fuente de sustento. A diario, Adolfo llega hasta ahí con una canasta a cuestas, bien cubierta, para mantener calientes las empanadas que vende. 

Sortea sin temor decenas de criptas, algunas aún con tierra fresca, ofreciendo sus productos a clientes de semblante difícil de tratar.

Ganarse la vida en medio de la muerte es su única opción, pues a su corta edad es responsable de nueve personas: su madre enferma y sus ocho hermanos menores.

Su padre no puede asumir ese rol porque, según contó, está recluido en un penal de Cochabamba. Dejó en manos de Adolfo toda la carga que implica sostener un hogar tan numeroso.

SITUACIÓN

Los días en los que sepultan cadáveres en K’ara K’ara, Adolfo tiene sentimientos encontrados. El tumulto de gente acongojada que se congrega en el cementerio, paradójicamente, representa dicha para él, pues tiene más clientes a los que puede vender sus empanadas y así garantizar que sus hermanitos y su madre coman.

El único sentimiento que jamás lo embarga es el miedo. Le tocó ver el rostro gélido de difuntos mientras los enterraban y escenas dramáticas protagonizadas por gente que no aceptaba la partida de un ser querido; a pesar de todo este contexto hostil para alguien de su edad, puede más su convicción de ayudar a su familia.

Ese escenario en el que transita cada día Adolfo es uno del que generalmente mantienen alejados a los niños, para evitar traumas, pero a él no le queda de otra.

La valentía de este pequeño trabajador es digna de destacar este primero de mayo, que se conmemora al movimiento obrero.