Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 29 de octubre de 2020
  • Actualizado 09:29

La necesidad se impone al miedo entre quienes reciclan basuras en Cochabamba

“Muchas veces hemos sufrido maltratos por parte de la gente, por falta de conciencia”, confesó a EFE Adriana Ríos, una de las mujeres que se dedican a esta actividad.

Una mujer trabaja en la selección entre las basuras de residuos reutilizables en una calle de Cochabamba. EFE
Una mujer trabaja en la selección entre las basuras de residuos reutilizables en una calle de Cochabamba. EFE
La necesidad se impone al miedo entre quienes reciclan basuras en Cochabamba

La necesidad de ingresos se impone al miedo al rechazo social o al contagio de una enfermedad, entre quienes sobreviven rebuscando en la basura materiales para reciclar en Cochabamba.

“Muchas veces hemos sufrido maltratos por parte de la gente, por falta de conciencia”, confesó Adriana Ríos, una de las mujeres que se dedican a esta actividad.

Ríos lamentó que les tratan “de cochinas que hurgan la basura”, sin comprender que es su forma para “sobrevivir económicamente”.

Un grupo de 111 personas, la mayoría mujeres junto a 24 varones, se dedica a buscar en las basuras que los vecinos dejan en la calle cualquier cosa reutilizable, desde botellas de plástico a piezas de autos y electrodomésticos, que seleccionan para luego vender a distintas empresas.

Entre montañas de residuos, encuentran hasta un maniquí de alguna tienda de ropa, pero también cristales en las bolsas de basura.

Adriana Ríos una vez se cortó varios dedo y “gracias a Dios” no los perdió, pero ahora el riesgo es aún mayor por la pandemia de la COVID-19.

“La verdad es que tenemos miedo”, a contagiarse del nuevo coronavirus entre la basura, pero su economía precaria les aboca a tener que “salir sí o sí a buscar algún ingreso” recogiendo y clasificando los residuos en grandes bolsas, sentenció.

La falta de trabajo lleva a estas mujeres, incluso ancianas, a vivir de lo que otros botan, en un trabajo que consideran discriminatorio por el estigma de algunos vecinos hacia ellas, pues lo ven como algo sucio que puede conllevar enfermedades.

Pero a madres con hasta cinco hijos no les queda más salida que recorrer las calles durante toda la mañana, a veces con apoyo de su marido para llevar residuos que pesan mucho.

Ruth Velázquez es una de las organizadoras de los grupos de seis, doce e incluso más de veinte recolectores de desechos en que se reparten la tarea, pues en mejor ir en grupo.

La Empresa Municipal de Servicios de Aseo (EMSA) les deja rebuscar en puntos de acopio pues a cambio ordenan los desechos y tienen al apoyo de la Fundación Swisscontact.

Estos grupos de recolectores alquilan locales donde almacenar lo que recogen, para vender también conjuntamente, pues así consiguen mejor precio que si fueran a las empresas compradoras cada uno por su cuenta.

Cochabamba, una ciudad de algo más de 600.000 habitantes en el centro de Bolivia, padece de forma recurrente algunos conflictos sociales que derivan en bloqueos del acceso al botadero municipal, o uno reciente de carácter laboral en la empresa de aseo urbano, que dificultan la retirada de los desperdicios en las calles y se acumulan por toneladas durante días.