Opinión Bolivia

  • Diario Digital | jueves, 02 de julio de 2020
  • Actualizado 18:58

Muerto sospechoso por el virus aún permanece en la casa con 14 habitantes

El cuerpo de Ramiro no fue retirado de la vivienda de la avenida Suecia de Cochabamba desde el domingo. María Herminia, la esposa, tuvo atención de una trabajadora del SEDES, pero no la derivaron a un centro médico.

El ataúd con el cuerpo de Ramiro, de 60 años, que murió el domingo con síntomas de COVID-19
El ataúd con el cuerpo de Ramiro, de 60 años, que murió el domingo con síntomas de COVID-19
Muerto sospechoso por el virus aún permanece en la casa con 14 habitantes

El drama de la familia Salazar no termina. Aún mantienen en la misma casa por más de dos días a un muerto, a la esposa enferma de este y a 13 personas de la parentela sospechosas de COVID-19.

Ramiro, de 60 años, murió el domingo a las 5 de la tarde y su cuerpo no fue recogido. Nadie escucha el pedido de ayuda en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, FELCC, para que realice el levantamiento del cadáver. Ayer, una funeraria llegó hasta la casa de la zona sur de Cochabamba, puso el cuerpo en una bolsa especial y luego en un ataúd, prometió volver el jueves para llevarse el cuerpo.

El féretro está en el piso, a un lado de la habitación. Hace 10 días, Ramiro y su esposa María Herminia habían peregrinado con síntomas de COVID-19  por todos los hospitales cercanos al final de la avenida Suecia. Les negaron la atención y no tuvieron más que volver a la vivienda. Pero los malestares se agravaron y Ramiro murió a las 5:30 de la tarde del domingo pasado.

Desde ese día, la familia pidió ayuda a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen para que hagan un levantamiento legal del cadáver. A un principio les dijeron que recogerían el cuerpo, pero desde ese día cuelgan el teléfono, dice Sergio Gabriel, uno de los sobrinos de la pareja.

A más de dos días del desenlace fatal, el cuerpo de Ramiro permanece en la casa, conviviendo con su esposa a la que un video la muestra en cama muy enferma, entre fatiga y tos.

Edgar, otro de los sobrinos, grabó un video. Las imágenes muestran el féretro de su tío en el piso y luego a ella cubierta con una manta blanca recibiendo baños de vapor con eucalipto y manzanilla.

Edgar levanta la funda y a ella se la ve está sudorosa, agitada pidiendo ayuda. “Por favor necesito ayuda, mi esposo está desde el sábado ahí encerrado. Yo quiero vivir, tengo mis hijos. Ayudénme. He ido a los centros de salud y no me quieren atender, por favor ayúdenme, necesito ayuda”.

En realidad la muerte de su esposo sucedió el domingo, refiere Edgar.

SEDES Los parientes pidieron ayuda para que atiendan a María Herminia y también vea al resto de la casa. En la misma casa viven tres familias: la de los tíos Ramiro y María Herminia; otra de las hermanas con seis personas, entre ellas un bebé; y los papás de Edgar y Sergio, que tienen más de 65 años.

“Mi tía está enferma y tiene una enfermedad de base. Está con cirrosis. Creemos que a estas alturas todos de la casa estamos infectados”.

Ante la denuncia publicada por este diario, ayer una enfermera del Servicio Departamental de Salud, SEDES, llegó hasta la casa de los Salazar. Llenó datos en un papel, consultó qué medicamentos estaba tomando María Herminia, dio una receta y se fue.

“Nosotros pensamos que estando aquí y siendo mi tía un caso sospechoso, igual que mi tío fallecido, también iba a revisarnos y preguntar cómo estábamos. Pero no hizo nada. Se salió sin dar mayores datos. Creemos que estamos enfermos. Mis papás tuvieron síntomas y nosotros les estamos medicando en base a lo que vemos en las redes sociales”.

La familia recurrió a una familiar enfermera que atendió a María Herminia. “Los del SEDES ni siquiera han fumigado la casa. Nosotros tuvimos que contratar el servicio externo”.

Anoche, el Ministerio Público ofreció ayuda con el trámite del certificado de defunción.