Opinión Bolivia

  • Diario Digital | martes, 22 de septiembre de 2020
  • Actualizado 23:49

Médicos temen posible “triple contaminación” por entierro de fallecidos de COVID- 19 en cementerios clandestinos

Profesionales de la salud se muestran preocupados ante la figura de que los cadáveres con COVID-19 puedan ser enterrados de forma clandestina. La doctora De Pardo manifiesta que la sociedad podría consumir verduras contaminadas. El investigador Luján asevera que, en caso de que ello se produzca, el riesgo dependería del tipo de suelo.
Recogen el cuerpo de un hombre en la vía pública.  Crédito- Dico Solís
Recogen el cuerpo de un hombre en la vía pública. Crédito- Dico Solís
Médicos temen posible “triple contaminación” por entierro de fallecidos de COVID- 19 en cementerios clandestinos

“Lo que nos preocupa es la disposición de los cadáveres, porque se va a contaminar el aire, subirá la carga viral y vamos a contaminar las tierras. Como están haciendo entierros clandestinos, el problema es que ello afecta la tierra, el agua y el aire”, alerta, con inquietud, la doctora Evelin de Pardo, quien además de ser pediatra dicta clases de parasitología en la universidad y es especialista en Salud Pública.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y diversos estudios a nivel mundial actualizan el espectro con relación a las posibilidades de contagio del nuevo coronavirus. Incluso, en el mundo de la medicina, los profesionales se actualizan constantemente con relación el comportamiento y los canales de transmisión del patógeno. Según este organismo, el virus puede sobrevivir hasta 72 horas fuera de un cuerpo vivo. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), por su parte, informó que el riesgo de que la COVID-19 esté presente en pozos o aguas no tratadas es superior al de las piscinas y mares, donde el cloro y la salinidad, de forma respectiva, pueden aminorar la carga viral.

De ahí la preocupación tanto de De Pardo como de la doctora Corina Balderrama, quienes advierten sobre el peligro de contaminación “triple” ante el colapso sanitario en el departamento. En los últimos dos meses, a consecuencia de la crisis, se supo de casos en los que los cuerpos de víctimas por COVID-19 han permanecido durante días en sus hogares. De acuerdo con la denuncia del Gobierno, más precisamente, del Viceministerio de Seguridad Ciudadana, en el Trópico “han enterrado a infectados sin cumplir los protocolos implementados”.

“Todas las personas expuestas al cadáver corren riesgo de contaminarse, por un lado. Por el otro, hay que aislar ese cuerpo con un material especial para que no se contaminen ni la tierra ni el agua. No se están cumpliendo esos requisitos. Se los están enterrando en cajones”, adelanta De Pardo, ante la información que maneja de que se estén produciendo presuntos entierros clandestinos.

Teme, en este sentido, que pueda generarse una triple contaminación (aire, tierra y agua) y que, además, a futuro la sociedad consuma verduras contaminadas. “Las vamos a comer nosotros, porque nos abastecemos de esas zonas”. En este sentido, abre la posibilidad de que reaparezcan enfermedades “colaterales” como la fiebre tifoidea y la salmonelosis.

La médica Balderrama, por su lado, puntualiza que, aunque es verdad que se desconoce si mediante estos canales podría darse una transmisibilidad viral efectiva, también es cierto que habrá consecuencias producto de una “contaminación cruzada”, por lo que correspondería que los organismos departamentales lleven adelante estudios que certifiquen la calidad del agua luego de esta crisis. “De que va a haber consecuencias, va a haber. El tema es irlas estudiando. Deberían verificar la calidad del agua y del suelo después de todo este proceso. Sería lo correcto, antes de volver a permitir un cultivo en nuevos ciclos”.

Coincide con su colega en cuanto a las enfermedades emergentes como causa del desastre actual. “Si a esto agregas heces, es mucho. La contaminación es terrible. Tenemos una población que no alcanza a tener ni siquiera alcantarillado”, cierra la médica, quien reclama que “las autoridades miran desde el balcón”.

FILTRACIÓN DEL SUELO AYUDA El docente investigador de la Universidad Católica Boliviana Marco Luján, experto en calidad de aguas e impulsor de investigaciones referentes a los acuíferos del Distrito 9, explica que, si en efecto la figura de entierros clandestinos fuera un fenómeno preocupante, la contaminación y propagación de patógenos varios dependerían del tipo de los suelos. Y aunque considera que el riesgo ambiental siempre es latente, también concluye que debería acontecer algo “extraordinario” para que esto sea crítico.

Según el experto, el efecto filtrante que ejercen los suelos es un elemento a favor. El investigador considera que en el suelo natural, las chances de contaminación son mínimas. “Si tenemos un suelo natural, la posibilidad de que lleguemos a una contaminación efectiva, para mí es baja. Tendría que haber una situación particular. Tal vez, podría darse que tengamos un entierro en la zona húmeda del acuífero, es decir: el muerto debería estar en contacto. Y eso puede suceder. Depende del comportamiento acuífero”, sintetiza.

También contempla la alternativa de que el virus permanezca y sea arrastrado en el agua de lluvia que infiltra, “aunque, generalmente, la distancia que recorre este tipo de microorganismos, ya sean virus o bacterias, depende enormemente del tipo de suelo en el que esté”. Sostiene esta idea sin olvidar recalcar que el patógeno “tiene un cierto tiempo de vida fuera del organismo” y luego de desactiva.

Así, Luján plantea que el peor de los escenarios podría darse en las estructuras de suelo que son cársticas. Es decir, aquellas que son rocosas. Y tanto en el valle central como en el valle alto predominan los suelos con alto contenido arcilloso, según el especialista.

EL RIESGO ES “LIMITADO” El investigador Paul D’Abzac, especialista en contaminantes en el agua y afiliado al Museo de Historia Natural Alcides D'Orbigny, concluye que el riesgo existe, pero que no es “relevante”, puesto que existe una serie de factores, como la radiación solar y la altura, que eliminan los microorganismos de las aguas. Describe: “Hay algunos suelos que son más impermeables que otros e impedirán que el cuerpo pueda afectar aguas subterráneas. Pero también un suelo más arenoso va a tener una degradación de la materia orgánica más lenta. Hay muchos parámetros que pueden entrar en juego”.

D’Abzac contempla que la contaminación de las aguas subterráneas podría darse con una cantidad de materia orgánica descompuesta en grandes escalas. “En el campo, las áreas son tan grandes que dudo que haya un efecto mayor. En zonas urbanas, tal vez haya un riesgo más grande. Si no hay una buena impermeabilidad, puede haber un efecto.

Por su parte, la doctora De Pardo lamenta que no se esté concretando un registro formal que permita saber si ya hay personas con dolencias emergentes. “No tienes idea de cuánta gente esté comenzando con problemas colaterales como hepatitis o fiebre tifoidea, enfermedades que son infectocontagiosas. No se lleva un registro y si se lo está haciendo, te puedo apostar que (las autoridades) lo están ocultando”.